20 millones sin política metropolitana

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20 millones sin política metropolitana

El Hoy No Circula generalizado significa un fracaso de la clase política y de las instituciones para resolver los problemas concretos, cotidianos, de la ciudadanía.

La imagen la podemos registrar en cualquier lado: colas de centenares de personas esperando abordar un pesero, microbuses o camiones formados en doble, triple fila, en donde deciden hacer base, en torno a ellos, miles de carros en calles congestionadas, donde apenas se puede circular. Durante el día marchas y bloqueos, algunos masivos, otros, ridículamente pequeños, que se dan el lujo de cerrar la circulación de vías primarias, en ocasiones por horas. La lista es interminable. ¿Tiene sentido aplicar una medida como el Hoy No Circula generalizado que, durante tres meses, estará en vigor desde este martes, pero en sólo una parte del Área Metropolitana de la Ciudad de México? Como medida de emergencia, aunque sea impopular, es una salida, pero a todos les queda claro que no es una solución.

Pero esta salida a medias, fácil, también exhibe a muchos de los que deberían participar en la solución, comenzando por la Comisión Metropolitana, que no ha servido siquiera para coordinar a todos los involucrados en el problema. Con el tema le ha llovido a Miguel Ángel Mancera, pero en realidad ni es el principal responsable y estamos hablando de una realidad y de una toma de decisiones que lo trasciende.

Lo decíamos cuando se decretó la contingencia en marzo, y ello se ha magnificado ahora. El Hoy No Circula generalizado significa un fracaso de la clase política y de las instituciones para resolver los problemas concretos, cotidianos, de la ciudadanía. Los ejecutivos locales (CDMX, Edomex, Hidalgo, Morelos) no asumen, en la mayoría de los casos, sus responsabilidades. La Semarnat pareciera que no quiere involucrarse en el tema, simplemente le rehúye. El Congreso federal siente que el problema no es suyo y no legisla. Los congresos locales, como la ALDF, tampoco. Y la Suprema Corte tomó decisiones equivocadas que agudizan, detonan la crisis, como respuesta a los más de dos mil amparos presentados en 2014 por el PAN capitalino en contra del Hoy No Circula.

Nuestras instituciones, más allá de lo que se diga, no saben, no quieren, no están dispuestas a trabajar juntas cuando deben encarar problemas cotidianos de la sociedad, llámese contingencia ambiental, contaminación o seguridad. Todos tienen una parte de la responsabilidad, pero ninguno la asume.

No tenemos una política metropolitana sobre el tema ambiental. Se dirá que existe una comisión que involucra a todas las entidades involucradas y que existen algunas normas comunes. Pero no han logrado siquiera que el Hoy No Circula involucre a todos los estados que son parte del Área Metropolitana. En la Ciudad de México no se invirtió en transporte público en los 12 años de las administraciones de López Obrador y de Marcelo Ebrard: éste sólo construyó la Línea 12 y sabemos cómo terminó esa historia. La mafia de los microbuses, que se extiende por varios estados, no sólo en el DF, controla más de 60% del transporte en la Megalópolis y nadie la toca ni con el pétalo de una rosa: son demasiado poderosos o generan demasiado dinero. Ninguna gran ciudad del mundo se basa en peseros y microbuses para movilizarse, es ridículo. Pero con ellos no se pueden ordenar ni las rutas. Es verdad, como se ha dicho, que sólo tres de cada diez habitantes de la ciudad tienen carro, pero esos otros siete tienen un pésimo transporte público, mismo que, quien puede, lo evita.

Cuando se aplicó el primer Hoy No Circula durante el gobierno de Manuel Camacho, el resultado, entre otras cosas, fue la chatarrización y nada permite indicar que ahora será diferente. Hay recorte presupuestal y se cancelan líneas del Metro. No sé si se necesitan cinco mil millones de pesos, como dijo Mancera, para mejorar el transporte público en la ciudad. Pero estarían bien invertidos si se presenta un verdadero proyecto para cambiar radicalmente el transporte de toda el Área Metropolitana. Pero, con o sin esos recursos, ¿quién asume la responsabilidad de romper con esos cotos de poder hasta ahora intocables?

La contaminación industrial tampoco es menor. Hace ya más de dos décadas se tuvo que recurrir al cierre de la refinería de Azcapotzalco para disminuir la contaminación en la ciudad y, supuestamente, se equipararon las normas industriales, pero lo cierto es que las industrias de la Ciudad de México suelen ser más estrictas que las de los estados circunvecinos.

No hay, porque no existe voluntad política, un trabajo coordinado y ejecutado por todos los involucrados para homogeneizar y sacar adelante un marco legal adecuado, que impida la crisis que estamos viviendo en términos ambientales en la principal ciudad del país. Hay que volver a preguntarse: ¿por qué la prescindencia de tantos actores, incluyendo la Semarnat?, ¿por qué no reconocer que las situaciones extremas requieren adoptar medidas extremas?, ¿por qué no forzar desde el poder a todos los principales actores a asumir su responsabilidad y actuar en conjunto?

Por Jorge Fernández Menéndez | Excélsior


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