7 lecciones de un padre a su hija

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7 lecciones de un padre a su hija

Escrito por piggo

¿Cómo comenzar? Con una historia… No, esta vez no. Quizá porque hablaremos de algo que ya conocemos, pero que el paso del tiempo se ha cubierto de una fina capa de polvo.

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Esas distantes imágenes que de pronto vienen a nosotros para recordarnos aquellos momentos que han guiado nuestro camino para el bien.

Por eso, pensando en todos esos héroes -un poco anónimos-, nuestros padres, les dejamos estas lecciones que la mayoría de nosotros hemos tenido y probablemente hemos olvidado, porque de verdad vale la pena recordarlas

Lección 1: Los sacrificios valen la pena. Recuerdo a mi padre regresar todos los días del trabajo. Imaginaba que ganaba bien, pero nunca lo vi disfrutar de su dinero. Todo se iba a los gastos de la casa. Porque cuando te conviertes en padre, tu familia se vuelve lo más importante y gastar tiene que ser un acto de precisión. A la larga lo entiendes y te das cuenta de que tienes una casa en dónde vivir, un auto, vacaciones y, con el tiempo,un patrimonio.

Lección 2: El dinero se acaba. Como muchos niños, cuando tuve la edad suficiente empecé a recibir una mesada. Tener dinero te hace feliz y cuando lo tienes crees que puedes hacer lo que quieras, pero no hay nada más falso: el dinero se acaba más rápido de lo que tarda en regresar.

Lección 3: A veces es mejor disfrutar el mañana y no el presente. Nadie está exento de malas rachas y mi familia no fue la excepción. Mi padre ahorraba mucho y cuando llegaron esos momentos, sólo hubo que hacer algunos ajustes para pasarla menos mal. No tuvimos que vender ni la casa ni el auto ni nada ni mucho menos pedirle dinero al banco.

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Lección 4: Puedes hacer pequeños milagros: Saber administrar el dinero, le permite a los padres llevar a cabo pequeños actos que son casi un milagro, como que aparezcan de la nada tu primera computadora o la consola de videojuegos que todos tienen. A la larga cuando descubres lo que realmente valen la cosas o todo lo que tienes que trabajar para lograrlo, esos obsequios se vuelven en enseñanza inolvidables.

Lección 5: Nadie es perfecto: Algo que seguro va a suceder, es que nuestros padres dejarán de ser perfectos de la noche a la mañana para transformarse en personas de carne y hueso. Y ello implica que cometan errores. Es parte de ser humano, supongo. Esos fracasos, grandes o pequeños, son lecciones que heredamos sin darnos cuenta y que no tuvimos que vivir directamente para aprender. ¡No las eches en saco roto!

Lección 6: El bienestar se debe compartir: Cada Navidad, la cajuela del auto familiar se llenaba de decenas de productos: dulces, juguetes, comida, ropa (nueva o vieja no importaba) para ir sin falta a una casa hogar para niños. Sus miradas eran suficientes para que ese diminuto ataque de celos se borrara con una lágrima.

Lección 7: Preocuparse no sirve de nada: Mis padres compartían algo, nunca peleaban por dinero. Lo podían hacer por otras cosas, algunas de ellas muy tontas, pero no por dinero. La razón era que siempre ponían manos a la obra en lugar de lamentarse por la situación. En esa casa creo que nunca aplicó el “ya veremos”.

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