A la baja, ingresos por concepto de grúas

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La recaudación por multas de tránsito, la corrupción y un patrón de movilidad urbana que privilegia los desplazamientos en auto particular para una minoría, son el caldo de cultivo de un problema de desorden vehicular en la ciudad de México, cuyas víctimas son los automovilistas mismos, pese a ser las cerezas del pastel en inversión de infraestructura para su “eficiente” desplazamiento por las vialidades del DF.

Los autos causan un serio conflicto a la circulación vehicular cuando están estacionados, por eso hay que retirarlos del espacio vial que ocupan; tal parece ser la consigna que diariamente ejecutan con diligencia los operadores de las grúas. Es así como en el DF se han realizado 2 millones 160 mil 664 arrastres, entre enero de 2001 y septiembre de 2007. El periodo escogido responde a la disponibilidad de estadísticas al respecto.

Conviene precisar algunos términos: El arrastre es el enganche de un vehículo con una grúa para ser trasladado a un depósito vehicular. Esto se genera cuando algún automovilista infringe algún o algunos de los artículos del Reglamento de Tránsito Metropolitano. No hay una sola causa para enganchar el vehículo y llevárselo al corralón. Lo que sí hay es una motivación general: mejorar el funcionamiento de las arterias viales del DF.

El mayor número de arrastres se efectuó en 2008 (479,853 o el 22%). A partir de 2005 el número de arrastres comenzó a crecer de manera importante; con respecto a 2004, el incremento de 2005 fue del 158%. Desde 2006 se realizan por lo menos cuatro veces más arrastres que en 2001. En 2008 incluso se realizaron 6 veces más arrastres que en 2001; 7 más que en 2002; y 9 más que en 2003.

En 2009 el número de arrastres con respecto al año anterior fue 23% menor. Entre enero y septiembre de 2010, el número de arrastres con respecto al mismo periodo del año previo, es 14% menor. Con respecto a 2008, entre enero y septiembre del año en curso, se han realizado 37% menos arrastres. Los pasados nueve meses son los peores en materia de arrastres, desde 2006.

No obstante, en términos financieros una disminución de los arrastres no es problema. Los ingresos “por los servicios de grúas y almacenaje de vehículos” (un derecho), y por “multas de tránsito” (un aprovechamiento), alcanzaron entre enero y junio de 2010, 209.2 millones de pesos (mdp). En 2009 significaron 274 mdp; en 2008, 375 mdp; en 2007, 323.4 mdp; en 2006, 219 mdp.

En seis meses el GDF ha logrado ingresar a sus arcas el 76% de los recursos generados en todo 2009. Con respecto a 2008 el recaudo del primer semestre de este año está en 44%. De continuar por esta senda, al finalizar el año el GDF fácilmente podrá superar su recaudación por ambas partidas con respecto a 2009 y estará muy próximo a su mejor año recaudatorio, registrado en 2008.

Entre 2001 y lo que va de 2010, se han recaudado 1,887 mdp por ambos conceptos. En promedio, 189 mdp por año. Entre 2007 y 2010 se ha recaudado el 63% de todos los ingresos del periodo. Nada mal para el actual gobierno del DF: Una bolsa de $1,181 mdp.

Con respecto a la meta financiera correspondiente a la ley de ingresos de los años 2001 a 2010, la eficiencia recaudatoria es variable; mientras que derechos “por los servicios de grúas y almacenaje de vehículos” alcanza un 25% mayor de lo previsto, por “multas de tránsito” se tienen 2% más de ingresos.

En términos globales, por ambos conceptos para el periodo en mención, el cumplimiento de la meta es positivo, del 12%. Pero hay dos datos negativos que llaman la atención, fundamentalmente lo que se dejó de percibir en materia de multas en 2009 y 2008 (289.3 mdp) con respecto a la meta programada (457.4 mdp).

No es poca cosa el descenso recaudatorio; en términos relativos es del 37%; en términos absolutos, de 168 mdp. Aunque existen más “controles” en cuanto a la operación de las grúas, las multas de tránsito adicionales a las de trasladar un vehículo al depósito siguen siendo posibles de evadir mediante la corrupción policiaca.

Una vez que se tiene enganchado un vehículo no hay manera de negociar que se baje el automotor: o pagas en el lugar o en la oficina de recaudación que para tal efecto funcione. En cualquiera de los dos casos se paga la multa objeto del enganche, el servicio de grúa y, si el propietario del automotor no paga al término de 24 horas, el día o días que permanezca almacenado en el depósito vehicular. Los controles funcionan.

Pero en otros casos, sobre todo aquellos no relacionados con la operación de las grúas, es prácticamente imposible tener este manejo “controlado” para cobrarle a quien no observó la normatividad respectiva. Y es ahí donde reside la explicación de la baja del recaudo por multas en ambos años. La corrupción funciona en ausencia de un efectivo sistema de control. Por medio de ésta práctica dejan de ingresar recursos, generados por un sinfín de causales de imposición de multas y que a la larga fortalezcan los ingresos locales del GDF.

La realidad es que el problema no sólo es recaudatorio. Se parte del hecho que no se alcanzaron las metas de recaudación dado que en otras situaciones de infracción a las reglas de tránsito donde no está de por medio una grúa, es posible arreglar el problema cometiendo un acto corrupto. Llama la atención porque, al explicar la superación de la meta recaudatoria de 2005, se dice que fue posible por la “Instrumentación de medidas de control y registro del pago de multas de tránsito”.

Si lo anterior es cierto, en 2008 y 2009 habría una maduración y un correcto funcionamiento de las medidas de control. Lo cual resulta dudoso. Ni siquiera la epidemia de influenza en 2009 es razón suficiente, porque en el año previo ya se registraba una baja eficiencia recaudatoria.

Pero los ingresos por multas de tránsito es posible y razonable que se vayan reduciendo conforme avanzan los años porque hay un mayor conocimiento de la ciudadanía de las reglas; y porque se va creando conciencia de respetar la ley.
Sin embargo, las multas de tránsito tendrían que educar mejor a la ciudadanía. El fin sería no romper el reglamento de tránsito. Actuar conforme a las reglas socialmente establecidas. Si la pena tiene algún sentido, formar ciudadanos tendría que ser el objetivo más importante. Por lo pronto, durante dos años consecutivos la multa de tránsito no ha funcionado para recaudar lo previsto en la ley de ingresos. Por ende ni para educar ciudadanos. ¿Cómo se explica el creciente número de arrastres?

Este año los ingresos por “Multas de tránsito” apenas alcanza la meta recaudatoria (1%). A ese paso, probablemente por tercer año consecutivo, los ingresos arrojen números rojos. Pero no porque en la ciudad ya exista una ciudadanía convencida de hacer valer el estado de derecho. Sino porque autoridades e infractores siguen relacionándose al amparo de una práctica que posterga la formación de ciudadanos más comprometidos con hacer del estado de derecho un ley, y no la excepción.

Fuente:
Ingresos Informes Trimestrales


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