El agonizante Metro de la Ciudad de México

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El Metro es uno de los grandes orgullos de la Ciudad de México. El Sistema surgió cuando los gobernantes de la capital recularon de la idea del regente Uruchurtu de ver a Los Angeles como el modelo de ciudad, en la que todos tendrían un auto y vivirían en los suburbios. Por suerte, parte de los esfuerzos desarrollistas se enfocaron en proporcionar a la gran urbe del país de un sistema de transporte que garantizara una movilidad razonable para millones de personas.

La expansión del Metro no duró mucho más que el famoso desarrollo estabilizador. Muy poco se construyó desde los años 90 y no fue hasta la construcción de la Línea 12 que se incrementó la oferta de manera significativa. Actualmente, la única expansión en curso es la de dos estaciones de la propia Línea 12 a Observatorio, proyecto completamente financiado por el gobierno federal y que lleva dos años de retraso.

En el intermedio surgieron otras alternativas interesantes y útiles, como el Metrobús o el Tren Suburbano, pero ninguna de las dos tiene el potencial de mejorar la movilidad de manera tan masiva como el Metro. Es verdad que el sistema representa una pesada carga financiera para el gobierno de la Ciudad. Eso se debe a que para su operación se requiere de un subsidio importante, ya que ni el Estado de México, ni el gobierno federal aportan recursos para la operación del sistema. Hace cuatro años, se incrementó en dos pesos la tarifa del Metro, con una larga lista de promesas con respecto a lo que se haría con el ingreso adicional, la mayoría incumplidas.

Actualmente, el Metro de la capital registra algún incidente importante al menos una vez al mes. El último culminó en una escena de terror por parte de usuarios que, presas del pánico, con el temor de morir intoxicados, decidieron bajar de un tren y caminar por las vías, en completa obscuridad y corriendo el riesgo de electrocutarse.

Existen dudas importantes con respecto a cómo se han gastado los recursos del incremento al Metro y en general de los recursos asignados al sistema. Primero, me parece que fue un error fideicomitir los ingresos adicionales, es mucho más fácil dar seguimiento a los ingresos regulares del gobierno y a su gasto. El año pasado se gastaron 8 mil 133 millones de pesos (mdp) del fideicomiso del incremento de los dos pesos. Esos recursos se destinaron a inversiones como el anticipo de trenes, renovación de estaciones y refacciones. Sin embargo, en algunos proyectos se presentan importantes subejercicios. Al mes de junio de 2017, el fideicomiso tenía un saldo de mil 785 mdp, que perfectamente se podría destinar a un programa de emergencia para la mejora del sistema este mismo año. De hecho, el fideicomiso ha retrasado el ejercicio de los recursos, ya que cada año quedan depositados entre dos mil 700 y mil 500 mdp para ser utilizados en los años subsecuentes.

El Metro también realiza inversiones con otras fuentes de recursos, como deuda de la ciudad y transferencias federales, como los fondos de capitalidad y metropolitano. En el uso de los mismos también se registran subejercicios. De hecho, la diferencia entre el gasto de inversión asignado al STC y el gastado, es de 612 mdp. Por ejemplo, en las obras para mejorar la estación de Pantitlán se gastaron 37 mil mdp menos de los programado, en el mantenimiento de trenes de la Línea A el subejercicio fue de 28 mdp, para mitigar los riesgos de inundación de esa misma línea se dejaron de gastar 24 mdp, mientras que en el proyecto de accesibilidad para personas con discapacidad el subejercicio fue de 28 mdp. También se recortaron 13 mdp para el proyecto para mejorar la calidad en la prestación de servicios a usuarios, nueve mdp en la adquisición de herramientas y siete mdp en refacciones. El patrón de gasto en el Metro no es muy diferente al del resto del Gobierno de la Ciudad de México, ya que no se gastaron durante 2016 alrededor de 17 mil 600 mdp, algo así como el 10% de los ingresos totales.

Es verdad que para que el STC funcione en óptimas condiciones es necesario que la Federación contribuya a su operación, ya que actualmente se otorga un subsidio necesario para millones de personas. También se requiere que el gobierno del Estado de México destine recursos a un sistema de transporte que utilizan más de dos millones y medio de mexiquenses todos los días. Sin embargo, también es cierto que la Ciudad de México ha tenido durante esta administración las condiciones para mejorar la calidad, la seguridad e incluso la cobertura del Metro capitalino. De haber tenido la voluntad, los proyectos y la pericia necesaria, el Metro no estaría en las condiciones actuales, donde las inundaciones, las fallas eléctricas y los retrasos son cosa de todos los días. La grave situación del Metro no se explica por falta de recursos, sino por la decisión expresa de la administración de Miguel Ángel Mancera de no resolver los problemas. Así de simple.

Vidal Llerenas
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Fuente: Forbes México

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