Amenazas y extorsiones en el transporte público

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Amenazas y extorsiones en el transporte público

Las historias de amenazas y extorsiones en el trasporte público son parte de la vida cotidiana. Sin ser un delito tipificado, la intimidación a los usuarios es una práctica recurrente. Apela al terror psicológico y pone en evidencia el contexto de miedo e inseguridad en el que vivimos.

Cooperación voluntaria

Daniela estudia en la Ciudad de México, sale de su casa todas las mañanas a las 5:30 am para llegar a la primera clase en Ciudad Universitaria a las 8. Toma una combi y un camión que la llevan a la estación del metro Cuatro Caminos. Sabe que antes de abordar debe distribuir su dinero en distintas partes, lo hace en sus calcetines, pantalones y cartera. Diario gasta un estimado de 60 pesos sólo en transporte.

En la parte del recorrido acostumbrada, aborda la unidad un joven con sudadera, gorra y lentes oscuros. Bajo el brazo lleva una caja llena de dulces y chocolates. Recorre el camión desde los primeros asientos hasta la parte trasera repartiendo caramelos. Algunos pasajeros los reciben en la mano y a otros se los deposita en el regazo; pocos lo rechazan. Mientras tanto, con un tono de voz fuerte les comenta que acaba de salir del reclusorio y en esta ocasión “quiere irse por la derecha”, por lo tanto, pide el apoyo de los usuarios para que le compren su producto.

Más a fuerza que por gusto, los pasajeros le corresponden. Algunos se quedan con los dulces y otros se los devuelven junto con una moneda.

Ya ha amanecido y Daniela apenas llega al metro Cuatro Caminos. Un día más ha comenzado. Su rutina es tan exacta que sabe que después de la cooperación voluntaria puede dormir 25 minutos. Le conviene guardar unas monedas por si en el trayecto de regreso, en la noche, debe apoyar a otro joven que ha decidido “irse por la derecha”.

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El miedo tiene fundamento

Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública del Inegi, en 2017 se cometieron cerca de dos millones de robos de dinero y objetos en la calle y el transporte público. Esto representa un incremento de 2.4% en comparación con 2016. Este entorno de inseguridad permite el funcionamiento de las amenazas y extorsiones, puesto que de manera estricta no se pueden calificar como robo, ya que los recursos se aportan voluntariamente. Es el miedo el que hace funcionar la estrategia.

Con información de El Universal


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