Anaya, Meade y el combate a la corrupción

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Anaya, Meade y el combate a la corrupción


El lunes presenté los datos que comprueban que México es uno de los países más corruptos del mundo. No por nada, entonces, este tema será uno de los centrales en las próximas campañas rumbo a la elección del primero de julio. En este sentido, el martes, describí las propuestas para el combate a la corrupción de López Obrador. Hoy lo hago de los otros dos candidatos partidistas: Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

Lo primero que hay que decir es que, a diferencia de López Obrador, quien ya publicó un libro y un plan de gobierno sobre lo que piensa hacer si gana la Presidencia, no hay muchos detalles aterrizados en las propuestas de Anaya Meade. En ambos casos, no tienen ni libros publicados ni planes de gobiernos articulados. Sus propuestas, en el tema de combate de la corrupción, vienen de lo que han dicho en diversos eventos desde que comenzaron las precampañas el año pasado.

Comienzo con el candidato que, según el Modelo Poll of Poll de oraculus.mx, va en segundo lugar en este momento: Anaya. Como Andrés Manuel López Obrador, el candidato del PAN-PRD-MC ha dicho que el combate a la corrupción será una prioridad. ¿Cómo piensa hacerlo? En un rápido repaso en la prensa, esto ha prometido Anaya:

Eliminar el fuero.

Prohibir el uso de moneda en efectivo en transacciones gubernamentales. En su lugar, habrá transferencias bancarias que serán públicas.

Aprobar la reforma al artículo 102 de la Constitución para que los fiscales General de la República y Anticorrupción sean autónomos e independientes.

“Ni perdón ni olvido”. Perseguir judicialmente a los funcionarios presuntamente involucrados en actos de corrupción.

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Establecer la “muerte civil” de funcionarios y empresas. “Quien cometa un acto de corrupción en México nunca más en su vida pueda volver a trabajar en el gobierno y que la empresa que se involucran con el gobierno corrupto, nunca más pueda volver a vender un centavo al gobierno”.

Cambios legales y voluntad para acabar con la deshonestidad.

Al momento de escribir estas líneas, no hay mucho más que eso.

En cuanto a José Antonio Meade, el 24 de enero presentó una iniciativa de ley contra la corrupción que le entregó a los dirigentes del PRI-PVEM-NA para que éstos, a su vez, la procesaran en el Congreso. Durante un buen tiempo busqué dicha iniciativa en internet, pero no la encontré completa. Desconozco si existe o sólo fue un artilugio publicitario. Lo que sí hallé fue un resumen en el sitio oficial del candidato quien propone:

Confiscar el dinero, las propiedades y los bienes de los corruptos.

Utilizar los recursos que se quiten a funcionarios que no pudieron comprobar el origen de su patrimonio para becas y programas de prevención del delito.

Crear una herramienta “ágil” en la Fiscalía General para la extinción de dominio.

Incrementar penas máximas de cárcel, multas (“hasta tres veces el monto de lo que obtuvieron ilegalmente”) y suspensiones e inhabilitaciones de funcionarios corruptos.

Prohibir que los deshonestos participen en procesos de contratación.

Certificar el patrimonio de los funcionarios:

“Todos los legisladores y funcionarios que ocupen cargos de alto nivel deben acreditar cada año la evolución de su situación patrimonial. Que sus ingresos sean consistentes con su estilo de vida”.

Como con Anaya, al momento de escribir estas líneas, no hay mucho más que eso por parte de la campaña de Meade. En ambos casos me llama la atención la falta de carnita de cómo piensan resolver el tema de la corrupción.

A estas alturas de la competencia, Anaya ya debería tener un plan más sólido para sustentar su promesa de que él es el candidato del cambio responsable, sobre todo, en este asunto toral del combate a la corrupción. Lo de meter a la cárcel a los corruptos es un buen sound bite para la galería, pero no alcanza. Para tener credibilidad, el queretano debe presentar una serie de propuestas sólidas de cómo piensa resolver el problema.

Con respecto a Meade, pues estamos hablando del tema más incómodo para el candidato del partido gobernante. El PRI tiene escasa credibilidad de que pueda resolver la corrupción. Quizá, precisamente, por eso, Meade debería presentar un plan serio y macizo, el mejor de todos, en esta materia.

Si su fuerte es la técnica y la sustancia, pues que lance las propuestas más audaces y sólidas como una suerte de escudo frente a la incredulidad del electorado. El problema es que esto se interpretaría como una especie de rompimiento con el gobierno, algo que no quiere ni Meade ni Peña.

Por Leo Zuckermann

Fuente: Excélsior


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