Miguel A. Vite*
Cuando los funcionarios gubernamentales realizan sus proyectos de gobierno, y generan oposición social, utilizan la llamada negociación. Pero, en el contexto mexicano, la negociación tiene una significación particular: concesiones para los afectados, lo que permite acabar con el conflicto social creado por las acciones unilaterales de la misma autoridad. Dichas acciones siempre se justifican a través del llamado “interés general”, o en algunos casos, a nombre de los más pobres del país.
En la ciudad de México, la expansión de las obras del Metrobús, desde el punto de vista del desarrollo urbano, no terminará con la segregación del espacio urbano ni con las deficiencias que presenta el servicio público de transporte, administrado por la autoridad local o por los particulares. Simplemente porque está basado en la sobreexplotación de una infraestructura física que, por décadas ha creado las condiciones materiales de habitabilidad de las zonas residenciales de la clase media, mismas que han sufrido un deterioro paulatino por los cambios en el uso del suelo, permitidos por la autoridad. Esta permisividad se ha manifestado mediante la multiplicación de oficinas y centros comerciales que han aumentado el flujo vehicular y la necesidad, al mismo tiempo, de convertir las calles y avenidas en estacionamientos.
Ahora, el deterioro de las condiciones de habitabilidad vecinal no solamente es resultado de la expansión de los negocios privados; sino, de la transformación de calles y avenidas en vías “exclusivas” para un transporte masivo privado, que busca eliminar el esquema basado en microbuses. Este esquema introdujo vehículos de baja capacidad de transporte, que se multiplicaron a lo largo y ancho de la ciudad de México provocando congestionamientos - agravados también por el uso ampliado del auto particular. Esto representó un fracaso de las concesiones privadas de transporte público que no lograron prestar un servicio de calidad que obligara a los usuarios de los autos particulares a dejarlos.
La visión negativa de que los servicios públicos son caros y de baja calidad es resultado de su masificación, provocada por el poblamiento de la periferia que ha configurado la zona metropolitana de la ciudad de México.
Sin embargo, el uso de la infraestructura vial consolidada reproduce una ciudad que no permite la justicia espacial. Es decir, que el servicio público de transporte llegue hasta la periferia caracterizada por las deficiencias físicas de sus calles y avenidas.
En consecuencia, los entornos urbanos de calidad permiten la reproducción de un nivel de vida alto, favorable a los beneficios de los negocios particulares que facilitan también la gestión de las instituciones públicas.
La globalización de la ciudad de México -en las dos últimas administraciones del Partido de la Revolución Democrática (PRD)- ha significado la transformación de su infraestructura vial, lo que incluye el segundo piso, para establecer un nuevo modelo de transporte público confinado a un carril exclusivo y que cubre el requisito demandado por las organizaciones internacionales para combatir el llamado cambio climático, identificado con la contaminación ambiental. Esta acción le ha representado al jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, el reconocimiento internacional como el alcalde del año.
Pero en días pasados, ante la inconformidad de los vecinos de la colonia Narvarte por la construcción del paradero de la línea 3 del Metrobús, localizada en la calle Diagonal San Antonio, a unos metros de la estación del metro Etiopia/Plaza de la Transparencia, la administración de Marcelo Ebrard utilizó la fuerza policíaca y la concesión (llamada negociación) para destruir la oposición social. Mostró, a su vez, lo que he destacado: la transformación de la infraestructura vial de calidad para la realización del proyecto del Metrobús.
Los vecinos sin protecciones gubernamentales, que en México se hacen a través de vínculos de complicidad, no son tratados como ciudadanos sino como clientelas que deben de aceptar concesiones. Y si no las aceptan se recurre a la represión cuya finalidad es destruir los débiles lazos de solidaridad. Por tal motivo, en México la solidaridad es un bien escaso, y en cambio existe un individualismo egoísta que ha facilitado la imposición del punto de vista gubernamental.
La ciudad de México se “re-moldea” de acuerdo con los gustos de las constructoras y de la administración del PRD, encabezada por Marcelo Ebrard.
* Dr. en Sociología por la Universidad de Alicante, España
Fuente: lasillarota
INGENUO$
$ON CONCE$IONE$, QUIENE$ LA$ AUTORIZAN RECUERDEN EL DIEZMO,
Enviar un comentario nuevo