La matrícula, la cobertura, y el financiamiento de las instituciones de educación superior (IES) en México tienden a conformar un vasto universo de planteles y programas universitarios los cuales, sin embargo, no son suficientes para absorber a la creciente población joven mexicana en edad de cursar estudios universitarios. México ha logrado ampliar su cobertura de educación superior, pero tiene marcadas desigualdades entre sus entidades federativas, así como una urgente necesidad por supervisar la calidad de la educación; tiene, además, “rechazados”.
Educación superior: tendencias
Entre 1980 y 2008 el número de IES particulares que registra la SEP se multiplicó por 11, pasando de 146 a 1,677. Por su parte, el número de IES públicas se multiplicó por 5, pasando de 161 en 1980 a 862 en 2008. En 2010 la SEP registró 3,336 planteles de IES particulares frente a 2,791 de las IES públicas. Entre 1980 y 2008 el número de programas de licenciatura que ofrecen las IES públicas y particulares aumentó de 2,343 a 17,941 (8 veces).
Sin embargo, y en primer lugar, 47% de los programas educativos que se ofertan en el nivel superior carecen de acreditación que avale que los servicios que imparten son de calidad. En segundo término, en la asignación del presupuesto educativo es preeminente el financiamiento a los programas de educación básica.
Tercero, la asignación del presupuesto federal para educación superior, ciencia y tecnología registra una acentuada inestabilidad que limita la planeación con visión a mediano y largo plazo. Por último, en una década el gasto en educación superior registró un incremento de 40% en términos reales; sin embargo, en términos de gasto por alumno se registró un retroceso de -3.4%.
No es fácil empatar la demanda con la cobertura de educación superior en México. La baja cobertura mexicana (29%) ubica al país en franca desventaja en el contexto internacional: la proporción de América Latina es de 38% y la de la OCDE es de 66.2%.
Si el panorama global es de por sí como un balde de agua fría, por estados no se diga. Primero, México tiene marcadas desigualdades en la distribución de las capacidades de investigación científica y desarrollo tecnológico. Segundo, seis estados concentran el 49.5% de la matrícula que registran todas las IES públicas y privadas.
Tercero, diez entidades, en conjunto, apenas registran el 10% de la matrícula total de nivel superior. Cuarto, dieciocho entidades federativas registran tasas de cobertura por debajo de la media nacional. Quinto, cuatro estados tienen tasas de cobertura inferiores al 20%, equivalente a la que tienen países en las regiones más rezagadas del mundo.
Conviene apuntar que la cobertura ha ido aumentando; es decir, hubo años en que el país estaba peor. Entre 1990 y 2010, por ejemplo, la tasa de cobertura pasó de 14.5% a 29.9% en el nivel superior. El incremento de la cobertura se registró a partir de niveles muy reducidos: de sólo 10.5% en 1976, se pasó a 15.2% en 1988, a 21.5% en el año 2000 y a 29% en el 2010.
En el periodo 1990-2010 la matrícula de educación superior aumentó en 1.7 millones de alumnos, un crecimiento de 137.6%. En 1980 la matrícula en instituciones de educación superior (IES) particulares representaba 16% del total; actualmente representa casi una tercera parte.
La matrícula en IES por opciones educativas se distribuye así: 32.9% en IES particulares, 30.1% en universidades públicas estatales; 13.6% en IES federales; 12.4% en institutos tecnológicos; 3.2% en escuelas normales públicas; 2.7% en universidades tecnológicas; 1.3% en normales particulares y 1% en universidades politécnicas e interculturales.
El mayor crecimiento de la oferta educativa de nivel superior se observa en las IES particulares y en las modalidades de tipo tecnológico. Entre 1998 y 2008 se crearon nueve universidades interculturales, 31 universidades politécnicas, 31 universidades tecnológicas y 92 institutos tecnológicos.
En resumen, México ha logrado ampliar su cobertura de educación superior y hoy cuenta con más planteles, más IES y más programas universitarios, pero tiene marcadas desigualdades regionales a nivel internacional y entre sus entidades federativas, variaciones en el presupuesto, así como una urgente necesidad por supervisar la calidad de la educación universitaria que los jóvenes están recibiendo. Y también la educación superior en México tiene “rechazados”.
Otra vez rechazados
Se ha vuelto moneda corriente que año con año, en la Zona Metropolitana del Valle de México, miles de jóvenes tras realizar la prueba de admisión a una institución de educación superior, sean rechazados para cursar alguna licenciatura. La alta demanda de solicitudes de admisión que presentan el IPN, la UNAM y la UAM y la imposibilidad para proporcionar un espacio a todos los demandantes conduce a que cada año miles de jóvenes no tengan la oportunidad de acceder a la universidad.
Como varios concursantes no obtienen un lugar al momento de participar, al siguiente año en que vuelven a intentarlo, el volumen de demandantes se incrementa. El número de espacios disponibles en las universidades públicas, sin embargo, va rezagado. En consecuencia, miles de jóvenes con “deseos” de cursar la universidad, son rechazados.
Lógicamente, al no admitir de buenas a primeras que no obtuvieron un lugar en la universidad, los “excluidos” de la educación superior organizan protestas, marchas, plantones para presionar a las autoridades de educación pública del país para que éstas aumenten el presupuesto destinado a educación superior para que, en consecuencia, las universidades estén en posibilidades de ampliar los lugares disponibles.
No obstante, el razonamiento parece inverosímil, atendiendo los números: la UNAM sólo tenía lugares para un 10% de los 60 mil aspirantes; mientras que la UAM sólo aceptó a 3,800 estudiantes (5%) de los cerca de 76 mil que realizaron la prueba; el IPN rechazó a 66 mil aspirantes, pues para el ciclo escolar 2011-2012, 90 mil jóvenes presentaron la prueba, sin embargo, sólo fueron aceptados 24 mil.
Sin embargo la simple adición de los rechazados en cada casa de estudios no forzosamente devuelve el universo de jóvenes no admitidos en alguno de los programas de educación superior. En efecto, la cifra exacta de rechazados se desconoce en virtud que no se sabe cuántos alumnos hicieron solicitud para dos opciones y fueron rechazados, o bien cuántos participaron en el examen de admisión de las tres casas de estudio, sin pasarlo en una sola.
Una posible salida
Es preocupante que miles de jóvenes sean rechazados año con año por estas casas de estudio. Pero el conocimiento del rechazo puede proporcionar las pistas para atenderlo. Por ejemplo, es probable que miles de jóvenes sean rechazados porque concursan para ingresar a opciones ya saturadas.
En consecuencia, sería importante que se pudiera censar a los jóvenes no admitidos, para conocer posteriormente, los diversos casos de rechazo. En las escuelas de nivel medio superior, asimismo, los jóvenes deberían tener algún tipo taller donde puedan conocer la situación de la educación superior en México y las diferentes opciones de carrera universitaria que casi no interesan al grueso de los jóvenes, pero que el país necesita.
Por otra parte, en virtud de la presencia de desigualdades entre estados en términos de cobertura, los gobiernos locales juegan un rol fundamental en la retención de estudiantes en sus respectivos territorios, en virtud que también varios jóvenes del interior del país vienen al valle de México en la búsqueda de una opción de educación superior que en sus lugares de origen no encuentran. Deben elevar el presupuesto. Y que el presupuesto del gobierno federal aumente, pero que sea permanente de tal forma que permita articularlo a un plan de mediano y largo plazos.
Las protestas se vienen; se sabe que serán para exigir a las autoridades que de manera inmediata se apruebe presupuesto para la construcción de más universidades para que más jóvenes tengan la oportunidad de continuar con sus estudios. Varios jóvenes consideran que su inconformidad es con los exámenes de admisión a escuelas públicas, debido a que muchos aseguran que son un fraude. Algunos, consideran que las IES públicas privilegian a las clases superiores. También que los espacios están reservados al sexo masculino, y a los hijos de trabajadores de la UNAM, IPN y UAM.
“La Universidad es la cúspide del sistema de educación y del sistema de escuelas” (Cuauhtémoc Cárdenas). La educación es un factor decisivo de equidad social y de posibilidades de progreso. Quien asciende y trasciende los ciclos escolares encuentra más amplias y mejores oportunidades en la vida. La educación es un factor multiplicador de desarrollo social, cultural y económico. Por lo mismo, es menester tener cuántos más jóvenes se pueda en las aulas universitarias. El país comprometido en la cantidad, pero sobre todo en la calidad de la educación, será prospero en la medida en que eleve el nivel profesional de sus jóvenes.
Con datos de Enrique del Val, Secretario general, UNAM, en su artículo Educación superior, ciencia y tecnología en México. Tendencias, retos, prospectiva, Revista de la Universidad.
Comentario
Con todo respeto, es difícil hablar sin tener los datos duros, pero no es como lo comenta F. A., tengo un hijo egresado de la preparatoria dos de la UNAM, con un excelente promedio, cierto tuvo pase automático pero NO LE DIERON LA CARRERA QUE EL SOLICITO (medicina), no pudo cambiar, le dijeron que si quería intentar la carrera que pedía, debería terminar la que la UNAM le asigno (enfermería), termino con excelente promedio y pidió la opción de segunda carrera y con todo el camino recorrido, siendo un excelente estudiante, le negaron el ingreso a medicina, y hago inca pie hizo los suficientes méritos en la UNAM para obtener un lugar dentro de las facultades de medicina de la máxima casa de estudios. Creo que el problema es la sobrepoblación, y la falta de una política educativa enfocada al crecimento del país, lo que da como resultado universitarios titulados sin trabajo, he visitado zonas donde se requiere de médicos por ejemplo Tabasco, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Michoacán, se recorren muchos kilometros y no hay médicos, no tienen infraestructura; un familiar hizo su examen para residencia, logro su ingreso y pidio la sede de Chiapas, no pudo trabajar por falta de especialista e infraestructura en ese estado, renuncio e hizo de nueva cuenta su examen para la residencia al siguiente año, logro un lugar, por el excelente promedio y su brillante capacidad, pero pidio en un hospital de la Cd. de México, ahora esta terminando su especialidad, en cirugía oncológica, si hay muchos médicos, pero médicos generales, se requieren especialistas, y si no hay suficiente número de médicos, que empujen el crecimiento, siempre seremos dependientes de otros paises, muchos de nuestros politicas hablan, con el desconocimiento del tema, en el peor de los casos ¿qué puede pasar si tenemos muchos médicos? -- especializarlos, crear médicos que puedan salir del país, existen muchos estudiantes en la UNAM que vienen de otros paises, porque no brindarles el servicio; como hablar de que hay muchos médicos si tenemos necesidad en muchos lugares de nuestro México. Recuerdo que se necesitaban muchos maestros hace algunos años, y se preparaba a los estudiantes, luego se les mandaba al servicio social a los estados, y al terminar se les daba una matricula de maestro, título y una base para que trabajaran en donde se requería
sus servicios, debería el gobierno hacer lo mismo con todos los universitarios. Se requiere política de estado.
El graduado de institución
El graduado de institución pública es bastante peculiar: puede o no ser una lumbrera en su especialidad pero el andamiaje necesario para moverse en un corporativo, digase relaciones, usos y costumbres, protocolos no escritos,sino mas bien entendidos, le son son totalmente ajenos. Tan de peso es que bien lo puede catapultar a las esferas del 'vanity fair' o bien dejarlo en la medianía, si bien le va. Lo anterior bien puede provenir de la larga estancia en instituciones cooptadas por la burocracia de todos los niveles educativos o del ambiente familiar
Entonces ¿cuando un
Entonces ¿cuando un reclutador mira a un candidato está más atento en dicho andamiaje, que en la posible aportación que redituaría su contratación? Lo dudo. Bueno, pero, concediendo: es una lástima que sean tan poco importantes las habilidades, capacidades y aprendizajes que se incorporarían a una institución. Por último, dicho andamiaje está determinado, según lo comentas, por burocracia o ambiente familiar, pero, insisto ¿es más importante el andamiaje? Digo porque no llevas al ambiente familiar a la escuela. En todo caso ¿porqué sería más fuerte el ambiente familiar que el escolar, que la lectura de textos, que su discusión?
Creo que este articulo esta
Creo que este articulo esta escrito sin dar una informacion precisa de lo que acontece. Tengo entendido que el numero de espacios para estudiantes que realizan examen de admision a la UNAM es muy reducido, solo se aceptan a los mejores, al menos en los puntajes del examen de admision. Sin embargo existe el pase directo para estudiantes que estudiaron en preparatorias dependientes de la UNAM, dependiendo de la carrera con un promedio minimo. Sin embargo no son medidos con el mismo criterio que los que realizan examen de admision. Seria mas equitativo que el examen de admision fuera en forma general a todos los estudiantes y asi se obtendrian egresados de mejor nivel. Adicionalmente habria que incrementar la oferta de lugares en planteles alternativos, tratando que se proporcione la calidad similar al campus matriz. Permitir opciones alternas de estudio en campus diferentes, ya que hay estudiantes que solicitan estar en la UNAM y se pierde la oportunidad de que pasen a alguna Escuela de Estudios Superiores alterna, perdiendo en ese examen de admison la oportunidad de ingreso. Y como otro articulo sugiere promover otro tipo de nuevas licenciaturas en diversas instituciones a nivel Superior. Adicional a lo anterior, lo mas importante ampliar la capacidad de atencion de nuevos estudiantes. Dejen de politizar el estudio y ofrezcan mas oportunidades.
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