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"Egmont": un espectáculo en el que la sencillez cobra visos de espectacularidad



Desde que el espectador ingresa a la sala recibe un impacto visual que comienza a atraparlo. El efecto no lo genera, como en muchos casos, una escenografía que raye en la parafernalia. Por el contrario, la puesta en escena de Egmont, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), se caracteriza por la sencillez; sin embargo, el manejo que hace de elementos simbólicos y de metáforas visuales, le confiere una espectacularidad poco común, sustentada en un engranaje preciso que combina diversos lenguajes.

El reestreno en el Teatro de las Artes de esta pieza con texto de Johann Wolfgang von Goethe y música de Ludwig van Betthoven,revela una elegía a la libertad y al derecho de los pueblos a la autodeterminación. Denota un depurado trabajo de equipo, en el que la dramaturgia, las direcciones escénica y musical, la escenografía, la iluminación, el vestuario y el trazo escénico, consiguen una sincronía que captura la atención del público.

Con el apoyo de Conaculta, a través del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), la CNT repone este montaje que se enmarca en las conmemoraciones por el Bicentenario de la Independencia, en una versión y traducción de Juan Villoro al texto de Goethe, la dirección escénica de Mauricio García Lozano y la música de Fernando Lozano, con la participación de la Orquesta Sinfónica de Jalapa.

El elenco, conformado por 21 actores en escena que forman parte del elenco estable de la CNT,está encabezado por Roberto Soto (Egmont), Julieta Egurrola (Margarita de Parma) y Luis Rábago (Duque de Alba), al que se agregan otros invitados y la participación de las sopranos Cynthia Sánchez y Liliana Aguilasocho.

Los diseños de escenografía e iluminación son de Jorge Ballina, con la colaboración de Jesús Hernández; el vestuario de Carlo Demichelis y Elena Gómez Toussaint; el trazo escénico y trabajo coreográfico de Marco Antonio Silva; la coordinación musical de Valeria Palomino, los arreglos de Rosino Serrano, la dirección coral de Alberto Rosas y la producción ejecutiva de Bertha J. Coutiño.

Goethe comenzó a escribir Egmont en 1774 y la concluyó 14 años después, durante su estancia en Italia, un año antes de la Revolución Francesa. La trama aborda una revuelta que no llega a ocurrir. Sin ser un insurgente declarado, Enrique de Egmont cuestiona a la Corona Española, al defender la autodeterminación de los Países Bajos y la libertad de culto en ese territorio.

El Conde de Egmont se anticipa al destino y defiende la voluntad popular, pero sus contemporáneos no se atreven a seguirlo. Se convierte en mártir y deja como legado, para los tiempos futuros, el espíritu de lucha por la soberanía y la libre coexistencia de creencias religiosas, lo que le convierte en un adelantado del ideario moderno.

Egmont se conecta con el Bicentenario en varios sentidos: Goethe la termina un año antes de la Revolución Francesa, gesta que inspiró los movimientos libertarios en América. En 1810, mientras México iniciaba su lucha por la Independencia, en Alemania Goethe y Beethoven conjugaban los significados de la libertad, para hacer de música y texto una unidad y, por supuesto, su temática, opuesta a la opresión y la tiranía.

El trabajo de Juan Villoro, consistió por un lado en la traducción del texto al español contemporáneo y por el otro, hacer una adaptación cercana al público, sin traicionar el espíritu original de la poética de Goethe. Asimismo, lo condensó y lo redujo de cinco a tres actos, sin que ello implicara la supresión de personajes o partes de la historia.

En lo musical, se buscó articular la adaptación de Villoro y la partitura de Beethoven, para crear un organismo conectado y hallar la pertinencia de la música. Para ello, se recortaron fragmentos y se buscaron motivos; en algunos, casos se cambió la instrumentación y se insertó la presencia coral, sin perder la oportunidad de que la obra se escuche como fue compuesta originalmente.

El resultado de esta ingeniería artística es un todo armónico, pleno de atmósferas visuales y elementos plásticos, donde aparecen ejércitos en conflicto; se crean espacios de intimidad, de opresión y amenaza, en un escenario presidido por una enorme bandera que lleva estampado un árbol, hacia el que sobrevendrá el drama enmarcado por navajas y guillotinas.

Si bien la trama de Egmont evoca el romanticismo de la época en que fue escrita, propone un encuentro y un diálogo con la estética contemporánea, a partir del diseño escenográfico de Jorge Ballina y del vestuario de Carlo Demichelis, quienes edifican un gran fresco soportado por ejes simbólicos claros y sencillos pero, a la vez, poderosos.

Egmont,
pieza que reúne el texto de Goethe y la música de Beethoven, en una versión de Juan Villoro, continuará su temporada en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes (Cenart-Conaculta), ubicado en Río Churubusco y calzada de Tlalpan, colonia Country Club, hasta el 1º. de agosto, con funciones los jueves y viernes a las 19:00 horas; sábado a las 18:00 y domingo a las 17:00. Para mayor información, consultar la página www.cenart.gob.mx.

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