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El orgullo del ciclista

La experiencia de andar en bicicleta en la ciudad de México es una forma de vivir de la cual el ciclista hace alarde con cierto orgullo (probablemente desmedido) a partir de lo que considera sus medallas: el casco, el candado o cadena, y la bicicleta misma.

El ciclista urbano llega en bicicleta a una fiesta, a una reunión, a su trabajo, al cine, a una manifestación, a la escuela. Busca dónde amarrar su bicicleta, en un lugar donde no estorbe demasiado a los peatones, donde haya suficiente tumulto como para que no se la roben, donde un automóvil no pueda darle un rozón fatal. El ciclista entra, saluda, y alguien con una vaga sonrisa incrédula pregunta: ¿viniste hasta acá en bici? El ciclista responde haciendo patente aquel orgullo desmedido: sí.

El ciclista empieza a elaborar respuestas unas milésimas de segundos antes de las preguntas –que suelen ser siempre las mismas—surjan. Sus respuestas ostensiblemente minimizan los retos de andar en bicicleta en la ciudad de México, y exaltan los beneficios. El ciclista sabe que cuando contesta no sólo satisface la curiosidad del interlocutor, sino que está ante una oportunidad más de promover un programa que quiere ver realizado: que hayan más ciclistas urbanos. Entre más veces le preguntan, mas avanza su programa, entre va a más lugares en bicicleta, más veces le preguntan. Andar en bicicleta en esta ciudad es ser un militante de la causa.

La diversidad de medios de transporte confirma aquella hipótesis que establece que si la verdad existe, lo hace de manera fragmentada. Al moverse en coche se ve una ciudad de México, se ve la ciudad que recibe las quejas de editorialistas, políticos, periodistas y ruidosos, La ciudad fea, la gris cemento que se cae a pedazos. La de las ventanas sucias con cortinas abandonadas. La de los anuncios espectaculares y columnas de humo café que salen de microbuses enloquecidos. La del tráfico, la de los policías mordelones, la de los baches y las inundaciones debajo de los puentes. La ciudad de los peatones irresponsables que no se suben a los puentes peatonales, y de los perros atropellados. La ciudad del reporte de tráfico, y la del economista aficionado que trata de hacer inferencias macroeconómicas a partir de la cantidad de coches último modelo que ve en horas pico. La ciudad de los demasiados topes y los demasiados pocos estacionamientos. La ciudad de los franeleros amenazantes y valet parkings abusivos. Esa ciudad construida y adaptada alrededor de las vías rápidas de la ciudad.

Al moverse en bici se ve otra ciudad de México, se la ciudad que parecen haber olvidado los que hacen más ruido. La que tiene edificios antiguos venidos a menos aunque bonitos. La que se ve y siente continúa entre los segmentos que rodean nuestras casas y trabajos. La de colores, la que todavía tiene mosaicos y nichos cerca de las ventanas. La que tiene parques habitados por indigente y parques que efervescen con niños al atardecer. La de las tienditas que han sobrevivido la presión de los supermercados de bodegón. La ciudad que tiene jardineras y árboles. La ciudad en donde el pan, los botellones de agua, los tacos, los pollos y los cuchillos se reparten en bicicleta. La ciudad en la que nunca tienen que discutir a gritos quién tiene más derechos sobre la privatización de las calles, el automovilista o el franelero. Esta ciudad que también está llena de quejosos pero que se quejan de la construcción de vías rápidas que obliga a los peatones a recorrer tres veces la distancia del cruce de una calle para atravesar por un puente peatonal. La ciudad que no tiene cebras pintadas en todos los cruces, la que ha desaparecido las banquetas, la de los límites de velocidad casi inexistentes y la de automovilistas que buscan el tiempo perdido entre tope y tope.

Buena parte de Dr. Vértiz es una avenida con camellón, donde hay enormes palmeras que injustamente han hecho famosa y dan nombre a una avenida menor. Morena y Diagonal San Antonio gozan del mismo privilegio, y los que vivieron antes de los años ochenta dicen que muchos de los ahora infames Ejes viales tenían camellones con palmeras similares.

Av. Reforma es uno de los mejores botones de muestra para el programa que secretamente avanzan los ciclistas urbanos. Hace tan sólo unos años andar en bici en nuestra ciudad era considerado una locura. Reforma ha cambiado todo. Esa corta e inconexa ciclovía ha demostrado que la decisión que toman las personas de cambiar su forma de transportarse no es un asunto “cultura” ni de clima, es un asunto de infraestructura. ¿Quién hubiera imaginado que hoy en Reforma hay tráfico de bicicletas en hora pico?

En Revolución y Patriotismo el ancho de las avenidas permite ir con calma, entre semáforo y semáforo nunca hay demasiados coches y siempre hay más bicis de las imaginadas. Con una lentitud firme se hacen visibles los ciclistas que nunca dejaron de serlo: los que viven de pedalear. Traen batas de polleros, canastas de tacos, cajas de plástico anaranjadas, afiladores.
En bicicleta la ciudad no es tan grande como parece, al aire libre se hace chica. Las distancias se vuelven cortas. Las avenidas, semáforos, túneles y puentes que fragmentan la ciudad en espacios de congestionamiento para el automovilista, para el ciclista casi no existen . El Centro Histórico está a unos minutos de la colonia Juárez, la Juárez a no más de 15 minutos de la colonia Granada, y a cinco de la Condesa. La Condesa a 10 minutos de la Del Valle y a seis más de la Narvarte. De ahí, si se quiere, puede moverse hacia la Buenos Aires, la Doctores, y de ahí otra vez al Centro o se desvía unos 20 minutos hasta Coyoacán.

El ciclista compara, y piensa cuánto le hubiera tomado el mismo trayecto en coche. Rebasa autos y ve la desesperación de los conductores que están obligados a subutilizar la potencia de sus motores. Encuentra un perverso placer al verlos padecer su decisión de ir en auto. Piensa en que los automovilistas desesperados lo verán pasar con calma, disfrutando del viento, del sol, del chispeo, de la vista de la ciudad. El orgullo del ciclista se convierte en arrogancia, está seguro que quien lo ve pasar lo querrá imitar, y cree que su programa avanza mientras él lo hace.
Cree que habrá más ciclistas.

Por Andrés Lajous

Fuente: Revista Nexos.

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Sí, pero falta infraestructura

Es cierto lo que dice Mariana. A pesar de que existía una red de ciclopistas en la UNAM, el préstamo gratuito de bicicletas promovió su uso.

El problema que veo en la ciudad es que las vías para ciclistas están mal trazadas.
En reforma tomaron un pedazo de los automóviles, y está interrumpido en cada calle que atraviesa. Debería pasar por el camellón, como en otras partes del mundo. El de Reforma es muy amplio y con muchos árboles.

Otro problema es que por decreto se quiere que todo mundo deje el automóvil por decreto, cuando la oferta de transporte público sigue siendo insuficiente.
Además, a diferencia de otras ciudades del mundo, no es posible subir la bicicleta al transporte público. Como para ir de la casa al metro en bici y del metro a la oficina/escuela etc.

Hay calles muy transitadas, en las que se ha asignado un carril a las bicicletas, eso es peligroso para las bicicletas y una agresión a los automovilistas, que se quiera o no existen y no van a desaparecer por decreto, al menos no dentro de un marco democrático.
Por lo ilógico, eso no ha funcionado. Y esas ciclopistas han desaparecido, pero no lo señalan bien y algunos ciclistas despistados van muy orgullosos por un carril peligroso. Mucho cuidado con eso.

Por último yo no recomendaría entrar a la Buenos Aires, por algo tiene mala fama, seguro les van a ofrece el faro, la calavera, la salpicadera o les darán baje a su bici. Eviten esa zona.

Ciclista ocasional, solamente

Ciclista ocasional, solamente una precisión
Yo no conozco una ciudad en el mundo en que en días laborables permita el acceso de bicicletas en el transporte público, en cambio lo que si hay es lugar donde estacionarlas con todo seguridad en las diversas estaciones del transporte público. En la ciudad de México, los domingos es posible viajar en el metro con todo y bicicleta.

Andar en bici en esta ciudad

Andar en bici en esta ciudad es un todo un cambio de perspectiva. De pronto cosas que uno nunca noto se vuelven obvias: los baches son cráteres peligrosos, el mercado no esta tan lejos, los arboles son mas altos, el sentido de la calle si importa y el como cargar el pan sin que se aplaste es un problema serio.

Creo que hay que agradecer a los que han hecho posible este cambio. A la UNAM, que ha puesto caminos exclusivos para bicicletas y renta bicicletas en las principales facultades. A la delegación Coyoacan que ha puesto ciclovias y estacionamientos en el centro. A los peatones que nos toleran y a los coches que no nos aplastan. Pero sobretodo a los otros ciclistas, que ayudan a generar una cultura de la bicicleta.

Reanudando el gusto por la bicicleta.

Soy un cuarentón que recientemente ha reanudado el andar en bicicleta como medio de transporte.
En la época de los ochenta me iba a la preparatoria diario en bicicleta, recorría entre 10 a 12 km diarios para llegar a mi escuela. Como dice el escritor, me sentía con cierto orgullo ya que era el único que acudía a éste medio para arribar a la escuela. Además, en algunos momentos llegué a la casa de mi novia también a visitarla dejando la pena a un lado.
Hoy en día, cuando me lo permite el clima, me voy al trabajo en ella. Reinicié porque la barriga me impedía abotonar y cerrar bien mis pantalones, cosa que llegó a fastidiarme y era necesario poner un alto.
Ciertamente la bicicleta además de vehículo es una buena excusa para hacer ejercicio. El ejercicio a su vez lleva a sentirte mejor en el estado de ánimo. El dejar de utilizar auto conlleva a no contaminar el aire y a disminuir el tráfico. Por donde le busquemos, son mucho mas los beneficios que los contras.
Quizá poniendo demasiada ambición a un sueño, podríamos llegar a estar como los chinos en esta Ciudad en que los ciclistas fuéramos mayoría en vez de los automóviles. Realmente ya somos tantos que debieran de darse facilidades para la adquisición de bicicletas como medio de transporte.
En fin, felicidades por todos aquellos que se suman a las filas de ciclistas en esta Ciudad.

Carlos Duarte, estoy

Carlos Duarte, estoy totalmente de acuerdo contigo, excepto en lo de China, esa imagen que conservamos la inmensa mayoría en bicicleta por falta de automotores, creo que se quedó atrás, como lo muestra esta imagen:
http://blogs.lainformacion.com/top-motor/files/2011/04/Modern_Beijing_Tr...
Pero les comparto una imagen usual en Amsterdam
http://www.viajejet.com/wp-content/viajes/bicicletas-amsterdam-400x300.jpg

Como disfrutante de la

Como disfrutante de la bicicleta, les puedo decir que es una maravilla tal como lo describe el artículista, ahora con la iniciativa de las EcoBicis, puede uno acercarse al centro en transporte público y de ahi usando ese servicio, a muchas partes del centro ampliado de la ciudad de México, distancias que efectivamente se recorren en una fracción de tiempo que un automovilista o aún de un metrobús, sin tener que subirse a las banquetas, ni pasarse los altos, como lo hacen, ellos sí, muchos motociclistas repartidores de pizza y otras mercancías. Solamente falta que amplíen este servicio de EcoBicis y sería bueno que cerca de la salida de cada estación del metro y el metrobús existiera una estación.
Cada vez son más los edficios que a la entrada ponen esos tubos en forma de U invertida para que lleguen las personas en bici y ahi la aseguren.

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