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El Rosario: así se vive en un multifamiliar…

La historia del conjunto habitacional como tipología se remonta a los años treinta y, particularmente, después de la Segunda Guerra Mundial. En México el incremento demográfico iniciado en la década de los cuarenta planteó una importante demanda habitacional en las zonas urbanas, por lo que en 1947 se construye el primer gran conjunto: la “Unidad Habitacional Miguel Alemán”, Avenida Coyoacán y Félix Cuevas, cuyas viviendas eran ofrecidas en renta.

A principios de los años setenta, con la creación de fondos especiales de vivienda para los trabajadores (INFONAVIT, FOVISSSTE, FOVIMI), se inició un período de gran impulso a la construcción de conjuntos habitacionales, ofreciendo vivienda en propiedad.

A partir de los ochenta, los conjuntos habitacionales se transformaron como resultado de los cambios en la política habitacional oficial. Surgieron nuevos organismos públicos (FONHAPO, FIVIDESU) y los que se crearon como respuesta a la demanda de damnificados por los sismos de 1985 (Renovación Habitacional Popular y su continuidad, FICAPRO).

Una de las características de esta tipología habitacional es contar con espacio de uso privado o espacio doméstico, al mismo tiempo que espacios o áreas de uso colectivo. Desde el punto de vista legal, esto implica que los habitantes de los conjuntos reúnen la propiedad privada de la vivienda y la propiedad colectiva de las áreas de uso social. A esta forma de propiedad, se le denomina condominal.

Son variados los problemas en régimen condominal, pero en general la problemática particular de los conjuntos habitacionales se caracteriza por el deterioro evidente de las viviendas y de las áreas de uso social; el cambio en los usos de las áreas colectivas y progresiva apropiación de estas áreas para usos privados; inseguridad y delincuencia; conflictos entre vecinos; falta de participación y de preocupación de los ocupantes por el mantenimiento general.

Todos estos problemas de una u otra manera aparecen en los conjuntos habitacionales, independientemente de su tamaño. Sin embargo, con el paso de los años esta tipología habitacional va mostrando signos de agotamiento, como lo muestra una de las unidades habitacionales más grandes de que se tenga registro en el DF, la Unidad Habitacional El Rosario, construida hace casi cuarenta años.

La unidad El Rosario es una de las más grandes de América Latina; enfrenta un grave deterioro que ha llevado a que algunos de sus edificios tengan que ser desalojados. De acuerdo con el titular de la delegación Azcapotzalco, el edificio Efrén Hernández ya está muy dañado, y por lo tanto se reubicará a 25 familias que viven ahí para poder renivelar y recimentar la estructura. Los edificios Enrique González Martínez, León Felipe y Antonio Díaz Soto y Gama se encuentran en condiciones muy similares; la única diferencia es que estos inmuebles tienen más de 60 departamentos.

La primera fase de construcción de El Rosario inició en 1972. El INFONAVIT planeó la edificación de departamentos de interés social en un área entonces despoblada, en terrenos pertenecientes a la Hacienda de El Rosario. Desde el inicio se consideró hacerla autónoma en abasto, pago de servicios, educación y esparcimiento, y dotarla de avenidas internas que le dieran movilidad.

El modelo urbanístico de El Rosario se apega al ideal de Teodoro González de León y Pedro Ramírez Vázquez consistente en andadores, pasillos y departamentos unifamiliares para cuatro personas. Sin embargo, la idea que sonaba novedosa y hasta atractiva para alojar el crecimiento poblacional del DF, perdió la brújula de su expansión pues con el paso del tiempo fueron agregándose sin control más secciones con viviendas de distinto tamaño, precio y calidad de materiales.

El Rosario cuenta con alrededor de 350 edificios en la parte que se ubica en Tlalnepantla. La antigüedad de los edificios de El Rosario es superior a 35 años, sin que los condóminos les hayan dado el mantenimiento adecuado, por lo que presentan diversas deficiencias, algunas de ellas graves como inclinaciones, las cuales ponen en riesgo la integridad física de sus ocupantes. Para reforzar la totalidad de edificios se necesita la colaboración de los condóminos mediante la aportación de recursos económicos y mano de obra.

En El Rosario residen unas 20 mil personas en edificios de hasta cinco niveles. El deterioro de los edificios tiene que ver con el tiempo de la construcción y las modificaciones realizadas por sus propietarios. En algunas torres los habitantes han hecho construcciones anexas que provocan la inclinación del edificio. La participación de los vecinos en el mantenimiento de los edificios y promover la organización con los condóminos, haría posible elaborar un reglamento para la unidad que posibilite paliar el previsible deceso de toda la unidad.

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