Emilio Pradilla Cobos *
Un artefacto costoso y problemático
Cuando circulan, sabemos que no hay ni habrá (aunque se gaste todo el presupuesto disponible en ello) suficientes vías para que puedan circular todos esos automóviles a velocidades adecuadas para transportar a sus dueños - en un tiempo promedio aceptable – a sus lugares de destino. Cuando no circulan, el problema de los automóviles es donde estacionarlos.
En la metrópoli, estamos gastando millones de metros cuadrados del escaso terreno urbanizable, en acumular los automóviles cuando no prestan ningún servicio, mientras destruimos las reservas naturales periféricas o las áreas verdes interiores para ampliar la mancha urbana a un alto costo ambiental
Con el incremento de los centros comerciales, los edificios corporativos o institucionales y las unidades habitacionales cerradas, la metrópoli tiende hoy a adquirir la apariencia de un desierto de concreto, metal y vidrio, poblado solo por artefactos mecánicos, los automóviles, en movimiento o alineados –más o menos– en extensas superficies asfaltadas, en medio de las cuales se ubican pequeñas construcciones útiles.
En nuestras viviendas y en las empresas e instituciones donde laboramos, se gastan miles de millones de pesos en construir lugares abiertos, cubiertos o subterráneos, para albergar estos artefactos estorbosos, símbolos de la sociedad contemporánea.
La privatización de las calles por los particulares
Con la excepción de algunas arterias primarias muy vigiladas, en casi todas las vialidades se ocupa uno o dos de sus carriles para estacionar automóviles, bien o mal; el resultado es que reducimos el ancho de la vialidad disponible para circular. Los residentes, aunque tengan cajones de estacionamiento en sus casas, separan parte de la calle para estacionarse sin gastar el tiempo en abrir las puertas de sus garajes; igual lo hacen los negocios u oficinas para sus directivos, empleados o clientes. Se ha montado toda una profesión que ayuda a absorber parte del gigantesco desempleo existente en la metrópoli: la de los franeleros y/o viene viene, para estacionar y “cuidar” los autos en las calles. Además, muchos negocios, sobre todo los restaurantes y centros de diversión, hacen muy buen negocio pues cobran tarifas fijas por el servicio de valet parking, aunque los lugares que usan para estacionarlos estén en la calle pública.
Los particulares están privatizando las calles mediante estas prácticas, a las que los gobiernos de la metrópoli no atienden con la misma fuerza, rigidez y celo que a las realizadas por los ambulantes, desalojados y realojados a voluntad, que privatizan la otra parte de la calle: las banquetas, camellones y plazas públicas.
Privatizar la calle, con estacionamientos subterráneos.
Sabemos de sobra que los 1,544 estacionamientos formales, con 85.392 cajones que hay en el Distrito Federal, son insuficientes. Para “resolver” el déficit, que se calcula en 200 mil lugares, el Gobierno del DF está programando privatizar el subsuelo de varias calles públicas, mediante la construcción de estacionamientos subterráneos concesionados por los sistemas de Pago por Servicio (concesión que otorga el GDF a un particular para explotar un bien público mediante un pago), o un Permiso Administrativo Temporal Revocable (asociación público-privada para realizar una obra pública, mediante un pago). En este marco, se programa la construcción de estacionamientos subterráneos en calles de las colonias Condesa y Polanco, en Paseo de la Reforma y en el Centro Histórico. Mientras tanto, la Asamblea Legislativa del DF piensa en aceptar los cambios de usos del suelo para instalar estacionamientos, como forma de incentivar su construcción.
Igualmente, se estima que se seguirán ocupando, como hasta ahora, partes de las calles para el estacionamiento de más de 111 mil automotores.
Políticas contradictorias, en un círculo vicioso.
Lo que llama la atención es que nuestros gobernantes no piensan en que la real solución está en quitarle los incentivos a la compra y uso de automóviles privados y destinar una mucho mayor parte del presupuesto público al mejoramiento, ampliación y modernización de los sistemas de transporte público ambientalmente sustentables. En cambio, lo que están haciendo es construir costosísimas y monumentales supervías, aéreas o subterráneas, para “facilitar” el tránsito vehicular, y costosos estacionamientos hundidos (100 millones de pesos por cada 500 cajones) para guardarlos cuando están inmóviles, con lo cual se promueve la compra de autos al “resolver” –en el imaginario colectivo, al menos–, los problemas de saturación vehicular.
Así, se invierten los recursos en obras que promueven el uso del coche particular, aumenta el número de coches en circulación que siguen saturando las calles, luego se hace inútil la inversión por la saturación de la obra y así se justifica otra nueva inversión; los automóviles estacionados siguen reduciendo el ancho de las vialidades existentes y se saturan éstas, por lo que hay que construir nuevas vías y nuevos estacionamientos y seguimos dando vueltas al pavoroso círculo vicioso que las autoridades no quieren ver.
Los ciudadanos somos también responsables
Los ciudadanos no somos ajenos a este desastre urbano: no caminamos; cada vez compramos coches o camionetas más grandes y estorbosas; usamos el automóvil hasta para ir a la panadería de la esquina, “porque el tránsito de la calle es peligroso”; no usamos el transporte público porque es malo e inseguro –lo cual es cierto–, pero pedimos a gritos más autovías en lugar de mejores transportes públicos. Estacionamos los automóviles en doble fila, porque no hay lugares en los establecimientos a donde vamos, o reservamos nuestro pedacito de calle frente a la casa o el negocio, con lo que bloqueamos la circulación en las vías existentes. Ahora, para agravar la lógica de lo absurdo, los gobiernos que elegimos dedicarán otra parte más del presupuesto público a promover o construir, solos o en asociación con empresas privadas, estacionamientos para meter los coches que no caben en ninguna parte.
Parece que estamos inmersos en un gigantesco círculo de locura colectiva, del que nuestros gobiernos no parecen estar decididos a sacarnos; más bien pretenden meternos más en él con paliativos pragmáticos y de corto plazo que no miran la complejidad de los procesos sociales y urbanos sino sus apariencias más visibles y políticamente rentables. ¿Quién y cuándo se tomará conciencia de esta situación?
Notas
* Profesor-investigador, Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco. Investigador Nacional SNI-SEP. Miembro fundador, Centro de Estudios para la Zona Metropolitana A.C. Metrópoli 2025.
Texto publicado en Boletín Semanal, Año 2, núm. 33, Mayo 26, 2008, México, DF.
Más contaminaión y más vehículos
En Manhattan, Nueva York, hay edificios enormes que no cuentan con enormes áreas de estacionamientos.
Eso se debe a que allí si que hay un transporte público eficiente, que a nadie avergüenza usar, ni se tienen complejos mexinacos de la necesidad de poseer un automóvil.
Ni modo así somos los Mexinacos
COMENTARIO
PUES SI ESTARÍA BIEN QUE LOS MEXICANOS USÁRAMOS ESTE SERVICIO, SOLO LE DOY UN EJEMPLO, PARA LLEGAR DEL EJE 5 ARRIBA EN DONDE ESTÁ ALTA TENSIÓN SE DEBE TOMAR 2 CAMIONES, UNO QUE TARDA MUCHO EN LLEGAR Y EL OTRO ES DE UN SERVICIO PÉSIMO, ENTONCES COMO VAMOS A CREAR UNA CULTURA DE NO USAR AUTO CUANDO PARA DESPLAZARSE NECESITAN MUCHO TIEMPO Y ES COMPLICADO.
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