
Pedro Lara y Malo
La semana pasada dejamos al Mike y al George agarrados de la greña, mientras ardía Troya; es decir, dejamos a mis amigos discutiendo sobre las bondades y defectos de la Magna Ciudad de los Palacios, construyendo con ello una polémica en torno a los parquímetros, mientras las expectativas para erradicar a los franeleros de la zona de Polanco iban viento en popa.
Sí, tengo que admitir que me convencieron los gregarios comportamientos de la mayoría de los conductores que, de acuerdo con el estudio-predicción, han comenzado a huir del cobro de los parquímetros, confirmando, además, dos cosas: o bien que las cucarachas son una especie bastante predecible, o bien que muchos de nosotros hemos aprendido a conducir como ellas en esta Ciudad. No lo sé.
Lo cierto es que, ahora, visto el éxito de la política de llevar a los conductores hacia otras zonas, El Mike no está nada contento, aunque asegura que el modelo funciona porque las unidades de la SSP que verifican el pago en cada aparato o, de lo contrario, colocan un inmovilizador al infractor, están haciendo su trabajo como Dios manda; cosa que, por ejemplo, los llamados gruyeros nunca han hecho, pues aún es posible ver automóviles estacionados en las banquetas u otros lugares prohibidos.
Hasta ahora, no he podido ver a mis amigos intercambiando sus opiniones nuevamente, y creo que ni falta hace; pero puedo decir que el indiscutible ganador de dicho pulso es, cómo no, El George.
Lo que me preocupa, en todo caso, es que la estrategia pueda ser usada para arrear vehículos-cucaracha a voluntad, convirtiendo a unas zonas en estacionamientos de otras.
Además, aquellos conductores que no tiene la opción de buscar otro lugar para estacionarse, fuera de la zona de parquímetros, enloquecen cada tres y salen como alma que lleva el Diablo, sin importar lo que estén haciendo en ese momento, para ir a depositar sus monedas, so pena de ser víctimas del ataque de la araña voladora.
Lo anterior, si lo comparamos con el funcionamiento de los parquímetros en otras zonas, resulta verdaderamente absurdo, pues pretender renovar a los autos estacionados cada tres horas, cuando un gran número de ellos deben permanecer estacionados por lo menos ocho, no se ajusta a las necesidades de los conductores, en especial a aquellos que trabajan en la zona.
Por supuesto, los primeros aparatos víctimas de vandalismo ya fueron reportados, pero, en general, la medida parece funcionar para quienes no tienen otra opción, o para quienes estacionarse en otro lado no resulta práctico, siempre que puedan pagar más de lo que le daban al viene-viene, cantidad que oscilaba entre 20 y los 30 pesos por todo el día, o bien se han visto en la necesidad de contratar el servicio de pensión en los estacionamientos ya existentes.
Eso sí, según El Mike, la medida perfila una nueva brecha entre quienes pueden pagar un extra aproximado de mil 300 pesos al mes por estacionarse cerca de su trabajo, pero sin que la alternativa de usar el transporte público sea siquiera contemplada, pues de por sí es insuficiente para cubrir la demanda que ya existía entre quienes no tienen o no usan su automóvil para ir a trabajar. En fin.
MORALEJA:
Nadie es perfecto; mucho menos mis amigos cuando debaten.
Reforma
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