
En la ciudad de México hay 45 Centros de Transferencia Modal (Cetram), espacios por donde se mueven 5 millones de ciudadanos diariamente. El gobierno del DF creó en diciembre pasado un organismo desconcentrado para manejarlos. Uno de los temas en los que se prestará atención es el de los baños.
En efecto, tantos ciudadanos moviéndose en dichos espacios, con diferentes necesidades, entre ellas las fisiológicas, podrían ser la fuente de un importante negocio que actualmente se caracteriza por el descuido, la suciedad y mal servicio.
En estos centros, mejor conocidos como paraderos, hay un total de 34 sanitarios colectivos operados por particulares; cada uno cuenta como mínimo con dos baños de mujeres y dos de hombres, y máximo cinco para cada género.
En paraderos como el de Indios Verdes hay hasta tres sanitarios colectivos; sin embargo, el pasajero, vendedor ambulante o chofer que lo utilice paga 3 pesos por un baño con puerta desvencijada, retretes sucios o con fugas de agua, lavamanos sin jabón, sin toallas de papel para manos y pisos lodosos o encharcados.
El usuario recibe un trozo de papel sanitario y en algunos de estos lugares el negocio se complementa con la venta de toallas sanitarias sueltas, antiácidos y antidiarreicos, cigarros sueltos.
Las autoridades estiman que cada sanitario colectivo genera ingresos diarios de entre 3 mil a 5 mil pesos, pero la mayor parte de los dueños no ha logrado demostrar con papeles cómo llegaron ahí.
Por eso, Jesús Lucatero, director general de los 45 Cetram que hay en el DF, declaró al diario Milenio: “No han acreditado la forma en que ingresaron, cómo se les permitió establecerse o construir estos baños dentro de los Cetram”.
No sólo no han precisado los operadores cómo llegaron, las irregularidades detectadas por la autoridad incluyen que “algunos presentaron documentos otorgados por personas no autorizadas, sin capacidad jurídica, como líderes y ex funcionarios delegacionales de los años 90”.
Durante 16 años y hasta marzo pasado, los paraderos estuvieron bajo la supervisión de la Secretaría de Transporte y Vialidad, que también entró a este negocio, ya que instaló diez sanitarios públicos en los paraderos de Chapultepec, Doctor Gálvez, Huipulco, Indios Verdes, Martín Carrera, Observatorio, San Lázaro, Tacuba, Taxqueña y Ciudad Universitaria. Recién abrió uno más en Xochimilco.
El actual código fiscal estipuló para este año, en el rubro de “sanitarios en mercados y otros espacios públicos”, un costo por servicio de 3.87 pesos más IVA, es decir, 4 pesos con 50 centavos. De ahí que deba entregarse a cada usuario un recibo foliado con logo del GDF, el RFC y sello correspondiente. Tan sólo del 1 al 28 de junio pasado los baños, propiedad de Cetram, generaron ingresos por más de medio millón de pesos.
Lucatero adelantó que la nueva dirección de Cetram tiene como objetivo realizar los procedimientos administrativos correspondientes para que opere la totalidad de los sanitarios, propios y particulares, con el fin de desaparecer muchas de las letrinas privadas y dignificar estos espacios para el viajero.
El funcionario detalló que en este momento no es posible transformarlos en baños ecológicos por razones económicas y no descartó la posibilidad de que la iniciativa privada pueda invertir en ellos.
Sanitarios concesionados
Los sanitarios públicos ubicados dentro del STC Metro están concesionados, pero no existen cifras de cuánto dinero aportan mensualmente a la administración. Se localizan en los transbordos de las estaciones Bellas Artes, Centro Médico y Deportivo 18 de Marzo, además de los recién abiertos en la estación Ciudad Universitaria, presentados como los primeros sanitarios “ecológicos”.
En la estación Deportivo 18 de Marzo están localizados afuera; en total son ocho baños que funcionan desde hace 20 años y por los cuales el propietario paga renta. Personal del STC los visita con frecuencia para revisar la papelería correspondiente. Están limpios, cuentan con luz artificial y diariamente consumen seis paquetes de papel higiénico.
En la estación Bellas Artes hay sanitarios con dos años de antigüedad. Se ubican por el letrero “Sani-Metro: buenos baños, buena familia”, y aunque se ostentan como ecológicos, no lo son.
Los doce baños que lo conforman —dos más para discapacitados— utilizan papel tradicional, la descarga de agua es normal, pueden o no tener jabón para las manos, los secadores automáticos no funcionan, hay dos fugas de agua debajo del lavamanos, y están iluminados por cuatro lámparas de neón; sin embargo, se encuentran limpios, tienen espacio para cambio de pañales, botiquín de emergencia, extinguidor y botón de pánico. El costo es de 4 pesos.
En la estación Centro Médico hay 16 baños normales que funcionan desde hace dos años, cuentan con espacio para cambio de pañales y lavabos, el techo es de marcolita ya maltratada, sólo tres de las cuatro lámparas del techo funcionan y los ventiladores de pared no sirven. Están limpios, la entrada cuesta 5 pesos y al lado se ubican tres grandes tinacos de agua.
Las entradas de los sanitarios de Ciudad Universitaria, Bellas Artes y Centro Médico tienen cámaras de video en sus entradas de acceso. No obstante, personal del Metro encargado de la videovigilancia en esas estaciones no los tiene bajo su cargo, es decir, no son monitoreadas por ellos.
Es de suponer que quien recibe los ingresos por este servicio destina al menos una parte de los ingresos a su mantenimiento. Es evidente que se trata de un buen negocio que lo seguirá siendo mientras brinde el servicio que merece el usuario que paga.
Fuente: Milenio
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