El sistema de transporte de Londres atiende cerca de 30 millones de viajes; 11 millones se realizan en coche o en motocicleta. Implementar la estrategia y manejar servicios de transporte requirió la creación, en el año 2000, de un organismo llamado El transporte para Londres (Tfl), cuerpo integrado responsable del sistema de transporte de la capital, instancia coordinada por el alcalde.
Tfl ha puesto en práctica una serie de desincentivos para el uso del automóvil privado, como cobrar por estacionarse en la calle (mediante dos sistemas de parquímetros); tarifas de estacionamiento, y restricciones a la velocidad de los vehículos.
No obstante, una política pública innovadora para reducir el flujo vehicular en Londres, es el llamado precio por congestión, “congestion pricing”.
Según las autoridades londinenses, con la delimitación de una zona tarificada se esperaba una reducción de vehículos en circulación de entre 20-30%. No obstante, hacia el 2005 se había logrado una reducción del 40%.
El área tarificada, alrededor de 16km2, se fiscaliza mediante cientos de cámaras fijas y móviles que automáticamente detectan las placas de los vehículos que ingresan al área.
Computacionalmente, se compara con una base de datos de conductores que han pagado por adelantado, por lo que aquellos que ingresen a la zona y no hayan pagado a las 12 de la noche de ese día, son multados.
Para 2009 el número de viajes a la zona original de la tarificación había caído en 21%, y dejaron de ingresar alrededor de 70,000 autos; además, se obtuvo un ingreso neto de 219 millones de dólares, que se están destinando a mejorar el transporte en la ciudad.
En su momento, el alcalde Livingstone fijó como prioridad la solución de los problemas de circulación que Londres experimentaba, y aunque se trata de una medida antipopular, optó por introducir la tasa, porque el caos del tráfico estaba dañando de manera importante la economía y el medio ambiente de la ciudad.
La tasa por congestión ha demostrado su utilidad al reducir el parque automotor que circula por una determinada zona, bajar el nivel de contaminantes emitidos a la atmósfera debidos al consumo de combustible, convertirse en una fuente de financiamiento para mejorar la calidad del servicio de transporte público, y funcionar como una estrategia de justicia social para los que se transportan en medios colectivos.
Muchos pájaros de un tiro:
Con esta medida, Londres mató muchos pájaros de un tiro: bajó la congestión, bajó la contaminación, elevó seguramente la calidad del ambiente para el peatón, mejoró la economía de los comercios del centro, obtuvo ingresos para financiar el transporte público (que es democrático y eficiente) y sirve como ejemplo de políticas públicas exitosas a los países tanto desarrollados, como en vías de desarrollo. ¡Que envidia!
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