Así mueven la “mota” en el Metro de la CDMX

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Mario tiene 19 años, es de Iztapalapa, apenas terminó la secundaria se metió a trabajar. Tiene dos hijos con una joven un año menor que él, dice que se la robó de su casa y que son muy felices. En entrevista exclusiva para Letra Roja asegura que trabaja todos los días moviendo “mota” en el Metro de la Ciudad de México.

Mario advierte desde el primer momento que no nos va a dejar tomar fotos, ni video, ni audio. Sólo irá explicando cómo se hace y está dispuesto a responder todas las preguntas que tengamos.

Le preguntamos de manera directa ¿por qué no dejas que tomemos una foto, aunque no salga tu cara? De inmediato voltea y con molestia responde ¿quieres que me maten? ¿quieres que te maten?

Es sábado en la mañana y nos citaron en el Centro de la Ciudad de México. Como el Zócalo está cerrado por un evento, nos tenemos que ver muy cerca de la Catedral.

Mario acude puntual a la cita y nos dice que lo vamos a acompañar por el producto. Entramos al Zócalo y caminamos entre calles unos 25 minutos hasta llegar a una vecindad muy cerca de Tepito. En la entrada de un edificio que se cae a pedazos y que los ambulantes usan como bodega, dos tipos le dicen una especie de clave, responde de inmediato y me dice que espere afuera.

Sale con una mochila y nos dice que son doce kilos (tres paquetes de cuatro), los vamos a entregar en la estación Pantitlán. Mario asegura que ha entregado en Tasqueña, Ecatepec, Ciudad Universitaria, Pantitlán, varias veces en Tepito y otras tantas en Lagunilla.

“Vamos a tomar un taxi y nos vamos a ir a la estación Morelos, de ahí a San Lázaro y hasta Pantitlán”  nos dice mientras se pone la mochila y se acomoda la playera.

Llegando al Metro se detiene y nos dice “de aquí ya no hay vuelta atrás, si alguien nos cacha, pues se van conmigo, no se pongan nerviosos, ustedes normal porque si volteas a todos lados se dan cuenta que andas nervioso”.

El transcurso en el Metro es completamente normal, un usuario más pero con una mochila llena de mariguana.

En San Lázaro entregamos un primer paquete. Todo fue muy rápido, un joven se acerca, lo saluda y le entrega una bolsa negra. La guarda en su mochila y se va. Esperamos el siguiente Metro.

En Pantitlán salimos del andén y caminamos a lo que llaman “un punto ciego”, según dicen ahí no hay cámaras y los policías no se paran porque ya saben que ahí se entrega el producto. Los elementos de seguridad reciben entre 2 mil y 4 mil pesos al mes. “Sólo es una motivación para que nos dejen trabajar”.

Mario se empieza a desesperar porque no llega su compañero. Empieza a mandar mensajes y nos dice que si en 5 minutos no llega nos vamos, entre otras cosas porque podría ser una trampa o porque no se coordinó bien la entrega.

Y así pasó, la persona nunca llegó por lo que va a regresar la “mariguana” a su origen. Mario nos dice que si la quieren van a tener que ir por ella, porque pagan por adelantado y lo hacen a través de cuentas Saldazos en OXXO para no dejar rastros, muy pocos (los conocidos) y casi nadie, paga en efectivo.

Un kilo de “mota” puede costar entre 300 y mil pesos dependiendo de la calidad. Mario gana mil 500 pesos por viaje, lo que significa 7 mil 500 pesos a la semana, ya que descansa sábado y domingo a menos que su jefe le pida que vaya.

En las entregas y la espera, apenas hicimos dos horas. Mario dice que no puede hacer más de una entrega porque se arriesga a que lo detecten con las cámaras del Metro, por eso siempre sube en diferente estación y sus destinos nunca son los mismos. Nunca repite ruta.

La ruta de la droga no sólo abarca las calles de la Ciudad de México, ahora, y desde hace años, está metida en el subterráneo, donde nadie puede identificarlos, donde sólo con suerte o con un pitazo los detienen y donde según cálculos de Mario, se mueven unos 120 kilos de mariguana al día, sólo de la gente con la que él trabaja.

Fuente: Letra Roja

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