Casi en el paraiso

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No me voy a referir a la extraordinaria novela de Luis Spota sobre la sociedad mexicana de los años 40s, sino al proyecto de Constitución de la Ciudad de México. De hacerse realidad, solo la mitad de los derechos que se nos otorgan en dicho proyecto, los capitalinos estaríamos viviendo prácticamente en el paraíso.

Tendríamos derecho para exigirle al gobierno empleo, salario, vivienda, servicios públicos, transporte, seguridad, educación a todos los niveles, cultura, instalaciones deportivas, apoyos económicos a adultos mayores, madres solteras, niños, niñas y jóvenes, personas con discapacidad y una renta mínima garantizada para todo mundo y lo que se nos ocurra en el futuro. Todo de calidad equivalente a lo que ofrecen las mejores ciudades del primer mundo y a demandar al gobierno si este no nos lo proporciona.

Como un ejercicio teórico nadie puede oponerse a dar estos derechos a todos los ciudadanos pero garantizarlos es algo imposible actualmente y como van las cosas en un futuro lejano. Hacer leyes o constituciones es muy fácil pero estas no resuelven ningún problema si no se cuenta con los recursos para resolverlos.

Los capitalinos nos enfrentamos todos los días a la inseguridad y a una pésima policía y sistema de impartición de justicia, a un pésimo transporte público, un tráfico que nos ahoga cada día más, a un pavimento, sistema de agua y drenaje destrozado y en continuo deterioro, somos la ciudad de los baches, agua de mala calidad y con riesgo de agotarse en el futuro, pésimas instalaciones educativas, deportivas y del gobierno, áreas verdes y parques insuficientes y abandonados, solo hay que ver cómo esta la tercera sección de Chapultepec, a un ambulantaje que ahoga las banquetas, calles y plazas públicas y a una economía local que no crece y no ofrece empleos suficientes. Nos enfrentamos todos los días al desorden, al caos vial y a la corrupción de los servidores públicos.

La ciudad sigue siendo maravillosa pero la calidad de vida cae día a día conforme avanza el tiempo. Con la nueva constitución vamos a tener una ciudad de derechos excepto al derecho a tener una ciudad de calidad. Ninguno de estos problemas se va a solucionar solo con leyes o buenas intenciones, para resolverlos se requiere dinero para grandes inversiones en transporte público ( Metro), agua, drenaje, pavimento y mantenimiento en áreas verdes, parques e instalaciones y servicios del gobierno. De eso prácticamente no habla la nueva constitución y no dice cómo o con qué instrumentos se pueden conseguir esos recursos.

El problema del gobierno de la ciudad no es otorgar más derechos sino exigir obligaciones para financiar el desarrollo y las inversiones que se requieren. Otorgar más derechos solo va a hacer más hondo el hoyo financiero que enfrenta la ciudad.

Tenemos que dejar de ser solo la ciudad de los derechos y los subsidios para convertirnos también en la ciudad de las obligaciones. Aún cuando no nos guste se requiere reducir subsidios, focalizar los programas sociales a los que realmente lo necesitan, aumentar el impuesto predial, el agua y el Metro, poner impuesto especial a la circulación o a la tenencia y demostrarle al gobierno federal y al Congreso que la ciudad no recibe los recursos que le corresponden por los impuestos federales que se generan en ella.

Se requiere un estudio serio elaborado por expertos para negociar un nuevo pacto fiscal con la federación. La ciudad enfrenta muchos problemas pero estos tienen un factor común que es la falta de recursos para resolverlos. Darle la vuelta a este problema como se le da en el proyecto de constitución es cobarde y nos llevaría en el mediano plazo más a un infierno urbano que a un paraíso.

La constitución seguramente se va a aprobar, no creo que ningún Diputado constituyente vaya a tener el valor de cuestionar los innumerables derechos, pero ojalá también se incluyan las obligaciones de todos los capitalinos para financiar a la ciudad. De no ser así la nueva constitución no solo no servirá para nada sino será un nuevo bache para tener una mejor ciudad en el futuro.

Demetrio Sodi


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