Mauricio de Maria y Campos*
El domingo casi toda la ciudad estaba pintada de verde esperanza. Sólo una minoría había conseguido la nueva camiseta negra “triunfadora”. Las encuestas mostraban que la mitad de la población esperaba que México ganara a Argentina. Cuando mi esposa me preguntó en la mañana del domingo qué esperaba yo del juego le respondí “3-1 Argentina. Me gustaría que fuera al revés, pero todas las señales las veo en la otra dirección”. Le atiné. Hoy ya no se ve el verde por las calles. La camiseta nacional seguramente se guardará para la próxima oportunidad.
No tengo bola de cristal pero estoy convencido de que mientras no nos pongamos las pilas como sociedad mexicana y empecemos a reconstruir con éxito el proyecto nacional -deportes y futbol incluidos- vamos a continuar aspirando a ser ganadores, pero quedándonos en el “ya merito”. Ello es frustrante y la enfermedad se está haciendo crónica, tras de 30 años sin crecimiento y desarrollo social, con un creciente rezago frente a otras sociedades que en los últimos años han sabido poner en marcha acuerdos nacionales con visión de largo plazo y han logrado mejoras sensibles para las grandes mayorías.
Los avances deportivos nacionales –ya sea en Olimpiadas, Copa Mundial de Futbol o Campeonato Mundial de Rugby han sido frecuentemente un reflejo de la consolidación de proyectos nacionales y de la voluntad expresa y organizada de una sociedad para convertirse en ganadora en muy diversos ámbitos.
China pudo realizar una magnifica olimpiada y elevar su puntuación notablemente en la competencia tras 30 años de crecimiento con visión de largo plazo. La URSS lo hizo en su momento y lo mantuvieron las repúblicas independientes. Hoy vemos en el futbol triunfador a una Alemania que continúa sabiendo lo que quiere como nación, a equipos de los EUA, de Japón y Corea del Sur- incluso de Australia y Nueva Zelanda-, que hace 20 años no tenían tradición futbolera y nadie hubiera esperado que se desempeñaran bien, pero que pertenecen a países ganadores, que hace un par de décadas se propusieron formar equipos de calidad y que, por voluntad y acciones expresas no por mera coincidencia hoy pueden tener orgullo de lo que han logrado.
Habrá que estar alertas al momento en que los chinos decidan incorporarse al futbol mundial. Ya en el caso del basketball tienen grandes jugadores y se sabe que han comprado un equipo profesional de los EUA.
En América del Sur ha habido tradición futbolera desde tiempo atrás- que llevó a un pequeño país, Uruguay a organizar y ganar la primera Copa. Pero sus éxitos no descansan meramente en su afición al deporte. Argentina siempre impulsó desde el estado el futbol, tanto de llaneros como de clubes, aunque los terratenientes anglófilos siguieran jugando polo y rugby. Aun en sus momentos más negros, durante la Guerra de las Malvinas, Videla impulsó y usó el futbol con fines políticos, ganando la Copa del Mundo.
¿Y qué decir de Brasil el gigante futbolístico? Desde que Brasil se propuso ser una gran nación incluyó en su estrategia el futbol como un eje fundamental. El dictador Getulio Vargas le dio un impulso decisivo que ha persistido bajo los gobiernos democráticos, como el de Lula, que siguen apoyando a jóvenes prometedores y al deporte como parte de la construcción de la grandeza nacional.
Hace 10 días tuve la oportunidad de participar en un excelente seminario organizado por la Universidad Iberoamericana: Futbol, Cultura y Sociedad; Sudáfrica 2010. Como lo señalaran expertos universitarios en el análisis del deporte, Candia y Frigolini, hay muchos ángulos desde los que puede examinarse el futbol- el político, el económico, el social y el cultural- para entender lo que constituye el deporte y su impacto en la sociedad.
El futbol es también y cada vez más un negocio, generador de empleos y con impactos económicos positivos sobre la industria, el comercio, otros servicios-la publicidad. Pero el estado tiene una responsabilidad que debe ejercer con la participación de toda la sociedad y que no puede dejar al libre mercado, ya que la experiencia muestra que de esa manera todos pierden-incluso el deporte mismo. Lamentablemente eso es lo que ha sucedido en México y los resultados son evidentes, no sólo en el terreno del juego, sino también en otros campos, como la educación, la cultura y el entretenimiento, hoy dominados por los medios de comunicación y sobre todo la televisión.
Yo tenía esperanzas que difundieran una visión objetiva e interesante de África y Sudáfrica en particular, que desconocemos y nos desconoce; que difundieran los bellos paisajes, su flora y su fauna, su riqueza cultural; los logros de los últimos 15 años, a pesar de su difícil y todavía muy reciente pasado. Esperaba que se dieran a conocer sus retos actuales y las nuevas formas de enfrentarlos. Lo que he visto es una competencia para el análisis chabacano; las entrevistas chuscas y a veces denigrantes; el “compayito”; la búsqueda de lo lastimoso - visitas a cinturones de pobreza, como si no los hubiera en México-; muestras de ignorancia y racismo.
Excepciones sí: Canal 22, Radio IMER y programas como Entre Tres, de J. Silva-Herzog Márquez, F. Reyes Heroles y C. Elizondo, al que fuimos invitados varios conocedores de Sudáfrica a examinar su pasado, presente y futuro y que a medianoche vieron algunos desvelados.
Construyamos México, mas allá de las iniciativas mediáticas que debieran incluir una para democratizarse y mejorarse.
*Ex embajador en Sudáfrica.
Fuente: El Financiero, 29-06-10.