El corrupto no nace, se hace; erradicar impunidad es el gran desafío, señalan

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Si ser corrupto fuera una condición asociada a la nacionalidad entonces México estaría condenado a que los cinco bebés que nacen cada minuto, sólo por ser mexicanos, se unirían a la corrupción en alguna etapa de su vida.

Para empezar, la idea de que la corrupción tiene algo que ver con los genes da lugar a una posición derrotista: si fuera cierta, no habría absolutamente nada que hacer. Estaríamos condenados a ésta. Nadie nace corrupto: aprende a serlo”, concluyó Alejandro Tomasini Bassols, del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, en su ensayo Reflexiones sobre la corrupción en México.

El miércoles pasado, en un foro en contra de la corrupción en Guadalajara, organizado por el Colegio de Contadores, lo que más esperanzó a Luivan Portilla, director general de Ethics Global, para continuar su lucha contra este mal fue cuando todos los participantes del panel coincidieron que la corrupción ni es parte del ADN de los mexicanos ni es cultural.

Portilla creó Ethics Global hace 12 años. Esta firma se volvió pionera de México y de América Latina para combatir la corrupción desde las empresas, a través de denuncias anónimas. Durante este tiempo el director general ha podido comprobar que la falta de normas, de controles de seguridad y de castigos son los factores que más han permitido a los empleados cometer actos ilícitos en sus sitios de trabajo.

Muchas veces creemos que así es la naturaleza de los mexicanos y que vamos a continuar por ese camino. Es necesario entender que la corrupción es algo del sistema, y ahora cómo está diseñado en México, está hecho para violarlo. La única manera de combatirla es con normas y con procedimientos adecuados”, afirmó Portilla, en entrevista con Excélsior.

Uno de los coordinadores del Índice Global de Impunidad 2017, Gerardo Rodríguez Sánchez Lara, luego de analizar los orígenes de la corrupción, está convencido de que en México se han elevado tanto sus niveles por la impunidad.

Lo que hemos visto en los últimos años es que hay una gran impunidad política. Si hubiera un Estado de derecho que castigara la corrupción de alto impacto, eso inhibiría a que actores más pequeños la cometieran. En los países que se castiga fuertemente la corrupción se inhiben esas actividades día a día.

En sólo un año México cayó 28 posiciones en el Índice de Percepción de la Corrupción en el sector público, elaborado por Transparencia Internacional. Mientras en 2015 ocupaba el lugar 95, en 2016 pasó al sitio 123, entre 176 países analizados.

El país obtuvo una puntuación de 30 en una escala que va de 0 a 100, donde 0 es el país peor evaluado en corrupción y 100 el mejor”, indicó Transparencia Mexicana en un comunicado.

Los altos niveles de corrupción no sólo llevaron a que México reprobara en esta materia, sino que fue la nación peor calificada entre las 35 economías que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Es decir, México fue más corrupto que Chile, Turquía y Grecia.

Lo que hemos visto en México es que permanentemente existen obstáculos para crear instituciones que combatan de manera real la corrupción. Tenemos una Función Pública que para nada sirve, un Sistema Nacional Anticorrupción que careció de recursos económicos para su formación, todavía continuamos sin un fiscal anticorrupción, y hasta apenas a la Auditoría Superior de la Federación se le están proporcionando dientes para poder actuar”, explicó Gerardo Rodríguez, también coordinador académico del Centro de Estudios Sobre Impunidad y Justicia de la Universidad de las Américas de Puebla.

Pero no sólo la falta de normas, de controles de seguridad y de impunidad son los responsables de la corrupción, los expertos también lo atribuyeron a la desigualdad.

Se generan grandes incentivos para caer en la corrupción cuando tienes a funcionarios públicos tan mal pagados y que están a cargo de la provisión de servicios o bienes públicos, como los policías o los burócratas en las oficinas de trámites”, aseguró Rodríguez.

Organizaciones internacionales han mostrado que la policía mexicana está entre las peor pagadas de la región y tienen salarios por debajo de países como Panamá, Belice, Costa Rica y Argentina.

Todavía hay 2 mil 139 policías mexicanos que arriesgan su vida por un salario diario de 55 pesos, según un reporte de la Secretaría de Gobernación. Lo anterior significa que estos funcionarios públicos ganan 30 pesos diarios menos que lo estipulado en la ley del salario mínimo (80.4 pesos).

El ciudadano mexicano es corrupto porque su sociedad (sus instituciones, sus hombres públicos, su organización política y social, su vida cultural y académica, etc.) está corrompida y porque, salvo en casos excepcionales, él sencillamente no puede escapar de su medio ambiente”, reflexionó Tomasini en su ensayo sobre la corrupción.

De toda América Latina, México también fue el país en el que sus ciudadanos tuvieron que dar más sobornos para acceder a servicios públicos básicos.

El 51% de los mexicanos encuestados por el Barómetro Global de la Corrupción en México contestaron que pagaron un soborno para tener alguna prestación en escuelas y hospitales públicos o para obtener documentación personal.

Esta situación se agrava y puede llevar a los ciudadanos a caer en la trampa de la corrupción, como afirmaba Tomasini, cuando las oportunidades para tener acceso a servicios básicos son tan escasas.

Por ejemplo, la universidad pública, como la UNAM, sólo puede dar lugar a uno de cada 10 estudiantes que solicitan su ingreso.

De acuerdo con el Banco de México, el Banco Mundial y la revista especializada Forbes, la corrupción en el país representa cerca del 9% del Producto Interno Bruto (PIB).

Se debe realizar un gran esfuerzo para dejarle claro a los mexicanos que si, por las razones que sean, no se logra erradicar la corrupción de nuestras vidas, tanto pública como privadas, ella se irá constituyendo en una de las más efectivas causas del debilitamiento del país”, concluyó Tomasini.

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Por Claudia Solera | Excélsior


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