De costumbres y responsabilidades

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Ximena Suárez Corzo es directora general de Fideicomiso Fuerza México y hoy compartimos su columna publicada en El Heraldo.


Pocas veces el individuo se ve a sí mismo como un sujeto promotor de cambio; siempre es más fácil actuar como víctima.

Como sociedad, los mexicanos tenemos un enorme potencial de desarrollar un sentido de comunidad, hemos visto destellos de unidad y solidaridad en momentos de crisis. Los sismos de 2017 sacaron lo mejor de nosotros. Cientos, quizá miles de mexicanos se volcaron a las calles de ciudades, pueblos y comunidades de varios estados del país para ayudar. Algunos se convirtieron en paramédicos y otros en rescatistas, ayudantes de cocina o cargadores.

Las redes sociales sirvieron para organizar y movilizar, para alertar en dónde era necesario llevar agua y víveres o dónde ya no se requería; en corto para crear (por un efímero momento) una sociedad civil comprometida y organizada. Con la misma rapidez que esta movilización nació, se perdió.

Una vez pasada la etapa de la emergencia, los chats de ayuda empezaron a desaparecer, las farmacias se reabastecieron de gasas y tapabocas, y la ayuda dejó de llegar a las comunidades.

¿Por qué será que somos tan buenos para actuar en un primer momento y tan malos en continuar comprometidos con una causa? Hablando en términos generales, puedo decir que mi generación, las de mis padres y abuelos, no han sido generaciones con un sentido de comunidad. No crecí viendo como mis familiares donaban a una causa, se hacían tiempo para ir de voluntarios a un hospital, recoger basura o plantar árboles. A la fecha, la mayoría de mis amigos no son parte de una red que apoye a mujeres, niños en situación de pobreza o se dedique a mejorar la educación de nuestro país.

El dar más no existe en nuestro enfoque de responsabilidad; nuestra responsabilidad es muy limitada y no trasciende a un sentido de bienestar general o de comunidad a largo plazo. Se activa en momentos de crisis y se desvanece una vez que la misma no aparece en los medios.

Estamos acostumbrados a culpar, a señalar lo malo que pasa a nuestro alrededor, lo ineficiente que está siendo una persona y/o institución o lo limitante que es una situación.

Pocas veces el individuo se ve a sí mismo como un sujeto promotor de cambio; siempre es más fácil actuar como víctima y pensar que todo nos pasa, como si fuera parte de lo que el destino tenía planeado para nosotros.

Aunque pareciera que tenemos un panorama desolador, las nuevas generaciones llegan con una nueva visión: Lo veo cuando mi ahijado de 11 años nos ruega comprar todo lo que venden las artesanas chiapanecas, porque en nosotros está el ayudarlas; o cuando mi sobrina de 6 años me regaña por pedir un popote, porque dañan a las tortugas.

Las nuevas generaciones tienen esta conciencia de comunidad, de bienestar social y de responsabilidad. En nosotros está el promover y desarrollar esta nueva visión: su visión de un mundo mejor. Necesitamos tomar la responsabilidad que nos toca, comprometernos, preocuparnos, donar a las causas en las que creemos o dar nuestro tiempo, de manera desinteresada y ser un ejemplo para ellos, los que vienen, los que harán el cambio en este país.

@XIMESUAREZCORZO


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