Diseño bioclimático, alternativa en ahorro de energía

Publicado el 17 abril, 2012

La medida más popular para minimizar los impactos al ambiente ocasionados por el consumo irracional de energía en nuestros hogares y oficinas, es la adopción de prácticas de consumo más armoniosas con el ambiente, como el cambio de focos convencionales por ahorradores.

Menos conocido es el “diseño bioclimático” de las viviendas; sin embargo, es una estrategia que cada vez cobra mayor impulso en la investigación científica, los programas gubernamentales y en los marcos jurídicos.

En este último rubro, a mediados del año pasado se aprobó la “Norma Oficial Mexicana NOM-020-ENER-2011, Eficiencia energética en edificaciones. Envolvente de edificios para uso habitacional”, un instrumento legal basado en los principios del diseño bioclimático.

David Morillón Gálvez, investigador del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y asesor en la elaboración de dicho instrumento jurídico, explicó que éste constituye “el medio para lograr edificios confortables que sean sistemas termodinámicos eficientes; ello implica que la comodidad de sus ocupantes se logre con el mínimo consumo de energía eléctrica”, afirmó.

¿A qué problema responde la creación de dicha norma? Al deficiente diseño térmico de los edificios habitacionales tradicionales. Se ha visto que la mayoría de las viviendas tradicionales carecen de un diseño y de materiales de construcción adecuados al tipo de clima del lugar donde se ubican y, por lo tanto, se requieren equipos eléctricos que calienten o enfríen los interiores para hacerlos más agradables.

El especialista consideró que el principal problema a resolver en las viviendas tradicionales es el excesivo calor; la vivienda es caliente, primero, por el clima y, segundo, por sus materiales, pues no necesariamente son adecuados para cada región climática.

Ajustar las condiciones ambientales de las viviendas mediante aparatos eléctricos, para que satisfagan las preferencias sus habitantes, tiene un precio que va más allá del monetario. El alto costo es ambiental: la emisión de bióxido de carbono, un gas de efecto invernadero implicado en el cambio climático global, aseveró Morillón Gálvez.

Controlar la temperatura con armonía

Cualquier edificio se calienta o enfría por el calor que se transmite desde el exterior hacia el interior, y viceversa, a través de sus muros, techos y pisos. La temperatura de la vivienda también cambia debido al aire que entra y sale por sus ventanas, y por la luz que incide sobre cualquier superficie de la construcción expuesta al ambiente.

De acuerdo con los principios del diseño bioclimático, la nueva norma busca controlar las vías de flujo de calor de las viviendas valiéndose de su “envolvente” o cubierta, para racionalizar el excesivo consumo energético debido a los sistemas eléctricos de climatización.

El documento contempla la colocación estratégica de ciertos componentes de la vivienda (como los aleros y parasoles) y el tipo de los materiales de construcción. De esta manera, se establece un método para calcular la cantidad de calor que ganaría una vivienda que esté por construirse o ampliarse, en determinado sitio, a través de sus muros, techos, pisos, puertas y ventanas.

La norma también dictamina que se debe calcular la ganancia de calor del “edificio de referencia”, el cual no es más que la misma vivienda, esto es, la construcción bajo estudio con la misma forma y tamaño, pero incluyendo las características que debería tener el envolvente de la vivienda estipuladas en la norma, conforme a la zona donde se planeé construir.

Por ejemplo, la norma establece cierto porcentaje de ventanas respecto a la superficie total de muros, así como el tipo de material de éstos, dependiendo de la ciudad del país. El documento proporciona datos para cien ciudades diferentes, incluyendo las más grandes de cada estado.

Si la ganancia de calor de la vivienda proyectada es menor o igual a la de referencia, se tratará una vivienda que, además de cumplir con la norma, será confortable, disminuirá la necesidad del aire acondicionado o la calefacción, y por lo tanto, ahorrará energía, entre un 30% y un 40%, de acuerdo con el investigador de la UNAM.

En el arranque

Morillón Gálvez reconoció que aunque la norma es de alcance federal, aún falta que se cumplan varios factores para que se aplique en todo momento: es necesario incluirla en los reglamentos locales de construcción, fomentar la capacitación sobre cómo aplicarla, y contar con los mecanismos y organismos de vigilancia suficientes para asegurar su cumplimiento.

“Afortunadamente, es una norma que fue consensada con los empresarios, con las academias y con el gobierno, todos interesados en que se cumpla. Entonces, cualquier programa, llámese Infonavit (Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda) o Conavi (Comisión Nacional de Vivienda) que no cumpla con esta norma, no construye viviendas ahorradoras”, concluyó el doctor Morillón.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM.

El Universal

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