El convento de San Francisco

Publicado el 8 julio, 2010

Por Jorge Carlos Frías

Con la llegada de las ordenes religiosas a la Nueva España en 1524 comienza la historia de la arquitectura monástica y religiosa de la ciudad de México y de toda América, su misión; evangelizar, ensenar que solo existe un Dios Omnipotente “Creador y dador de vida” y para esta tarea los frailes, conjuntamente con las manos de los indígenas construyen verdaderas obras de arte, tanto en la arquitectura como en las artes aplicadas, utilizando materiales de cada una de las regiones en las que se establecieran.

Mientras los conquistadores se preocupaban en rediseñar la ciudad de México y fundar los nuevos asentamientos, las ordenes religiosas fueron llegando al “Nuevo Mundo”. En 1524 los Franciscanos, en 1526, los Dominicos, en 1533 los Agustinos, en 1574 los Jesuitas y en 1585 la última de las ordenes mendicantes; los Carmelitas. Muchas otras de menor importancia también vinieron y otras fueron creadas para tal empresa.

Por ahora nos ocuparemos de la Orden Franciscana, primer grupo organizado de misioneros, encabezado por Fray Martín de Valencia, que inicia en 1524 la gran empresa evangelizadora del Nuevo Mundo. Se construyo inmediatamente la custodia del Santo Evangelio, dependiente de la provincia española de Extremadura, y sus miembros se dividieron en grupos de cuatro frailes para fundar los conventos de: México, Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo, que correspondieron a los núcleos de población más numerosos de la zona recién conquistada.

En 1535, la custodia del Santo Evangelio de México se constituyó en provincia independiente de España y las custodias de todo el territorio quedaron bajo su jurisdicción.

En resumen, a finales del Siglo XVI, la orden Franciscana contaba con cinco provincias -las cuatro mencionadas y la de San Jorge en Nicaragua-, y cerca de doscientos conventos.

Los frailes Franciscanos, se sentían protagonistas de un plan divino, de evangelización; consideraban que el hecho de haber sido los primeros en pisar el Nuevo Mundo era un designio providencial.

Los Misioneros emprendieron una importante labor hospitalaria y educativa, enseñándole a los indígenas, gramática, música y toda clase de artes y oficios.

Para ello cada convento tenia su escuela. Una de las más importantes fue la que fundo en 1526 Fray Pedro de Gante, con el nombre de ” San José de los Naturales” en la ciudad de México.

En un principio se levantaron conventos sencillos, humildes, acordes a los votos de pobreza de la orden; sin embargo, en el auge de la actividad constructiva se llegaron a erigir edificios grandes y suntuosos. La explicación de esta importante transformación se encuentra en una de las primeras crónicas de Motolinia, que dice; “El culto rodeado de ornato, música y pompa es necesario para atraer a los indígenas a la nueva religión”, es decil; había que impresionarlos, y la imaginación se deja llevar a todos los rincones de sus edificaciones.

El convento de “San Francisco” en la Ciudad de México fue el más grande en toda la historia de la Nueva España. En el siglo XIX, la superficie del convento abarcaba 32 mil metros cuadrados.

Se asume que el Convento Gande de San Francisco no se empieza antes de 1525, año en que Motolinia fuera nombrado guardián del mismo. Según las crónicas, el templo era basílica con techumbre de madera, en esta iglesia se erigió la primera bóveda de la Nueva España, causando gran asombro entre los indígenas, quienes al quitar la cimbra de la construcción, no querían pasar por debajo de ella, temiendo que se les viniera encima.

Anexa al convento estaba la capilla y escuela de San José de los naturales, esta última consistía en una gran extensión cuadrangular con siete naves a base de columnas de madera, igual que el techo, que media 20 metros de alto fue reconstruida varias veces, hasta que en 1781 desapareció totalmente.

El primitivo convento tenia en el patio una cruz, que, se cuenta con asombro; “era mas alta que la torre mas alta de la ciudad”, teniendo su origen en un ciprés criado en el bosque de Chapultepec, según la crónica de Francisco Cervantes de Salazar.

Ahí se cree, se levantó el segundo templo, luego de que el primero se hundió por culpa del terreno acuoso y esta segunda construcción, también secunda a la primera. La que existe en la actualidad en Madero No.7 es la tercera, comenzada a construir el 4 de noviembre -día de San Carlos- de 1710, terminada seis años más tarde.

Anexa a la iglesia se construyo en 1766 la capilla de Balvanera, que es la fachada que podemos ver, ya que para ingresar a la iglesia de San Francisco hay que hacerlo através de la capilla de Balvanera, la fachada principal esta tapiada.

La capilla de Balvanera y su hermosa fachada le son atribuidas a Lorenzo Rodríguez, autor del sagrario metropolitano en el zócalo y de la iglesia de la Santísima Trinidad (esquina de las calles de Santísima y Zapata).

Es difícil hablar de un estilo arquitectónico en los conjuntos monásticos del Siglo XVI, ya que es una amalgama de elementos del repertorio europeo.

Lo que queda de esta magna obra se puede visitar en forma fragmentada. En Madero 7 se localizan la capilla de Balvanera y en su interior la iglesia de San Francisco; en Gante 5 el Claustro Grande del convento en la calle de 16 de Septiembre No 14, dentro de la pastelería Ideal se puede ver lo que resta de la sala de Profundis y en la esquina de Venustiano Carranza y Eje Central Lázaro Cárdenas las que fueran las capillas del Calvario y de San Antonio.

Admirar y recorrer estos espacios es trasportarse por la historia de la arquitectura religiosa de la ciudad de México.

*Revista Ritos y Retos del Centro Histórico-Nueva Época No. 6

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  1. Isabel Ramos

    En el año de 1949, por orden del Arzobispo Primado de México, don Luis María Martínez, la “Aristocrática Capilla” del antiguo monasterio de San Francisco, quedó bajo la tutela de la Orden de los Franciscanos, quienes continuaron la restauración y recuperación de sus ornamentos encargándole al Maestro Suárez Olvera la tarea de cubrir las paredes del templo. Cada tela mide 8 X 12 m, que suman 576 m2 y narran seis episodios de la vida del Santo de Asis: “La conversión de San Francisco” o “El Cristo de San Damián”, “Canto al Hermano Sol”, “Glorificación de San Francisco y las Tres Ordenes”, “Las Estigmas”, “El primer Nacimiento” y “San Francisco despojándose de sus vestiduras”.

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