El origen probable de la ‘mordida’

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TRAS DE MIS GAFAS

Por Héctor E. Ortega Castillo

Suele achacarse la corrupción en México a ciertos partidos políticos, ciertos personajes y hasta ciertos periodos históricos en realidad poco se sabe acerca del origen de tan deleznable práctica que asola a toda la nación y nos coloca en una muy deplorable imagen ante la comunidad internacional. Algunos historiadores la hacen remontar a tiempos independentistas; otros, hasta el México Prehispánico. Según otros, el origen de la corrupción se establece en la época virreinal o, como se le llama habitualmente, durante la Colonia.
En específico, la forma más popular de corrupción estriba en la clásica y popular “mordida”; término que alude a una exigencia monetaria de parte de alguna autoridad (en cualquier nivel, e incluso, se ha transferido a toda institución pública o privada, no necesariamente tiene que ser gubernamental) a algún cliente o usuario, con la finalidad de que dicho estipendio acelere un trámite determinado. Lamentable costumbre que suele hacerse con la finalidad de ver finalizado un engorroso, pero necesario proceso burocrático.

Dícese, por tanto, que el origen de éste término de “mordida” se debe a una especie de primitivos buzos a los que en los siglos XVII y XVIII llamaban “esponjeros”, quienes, al hundirse una nave en aguas de mediana profundidad, recuperaban el oro y la plata que dicho barco traía consigo en sus bodegas. De acuerdo al autor Pedro Ledesma, estos “esponjeros” guardábanse en la boca parte de lo recuperado, naciendo de allí este popular, aunque lastimoso término que debe de erradicarse de nuestro país.

Sin embargo, existe otra versión que remonta el origen de la “mordida” a los años 1640-1642, cuando a la sazón gobernaba la Nueva España su 17? Virrey, Don Diego López de Pacheco Cabrera y Bobadilla, Duque de Escalona y Marqués de Villena.

Si bien es cierto que otros virreyes anteriores y otros postreros a este, solían servirse del erario colonial con una enorme escudilla, fue el Duque de Escalona uno de los más visibles en enriquecerse a costa de los novohispanos. Para empezar, gustaba de malgastar en suntuosas recepciones a su persona y a su corte, y en saraos, jolgorios y festejos; además, el virrey López Pacheco tenía gustos licenciosos y andaba de “picos pardos” como se decía entonces a la costumbre de visitar casas de mala nota. A esto súmesele que llegó a colocar 37,000 ducados en una especie de pagarés virreinales llamados “juros”, que no tenían mayor apoyo financiero que la palabra empeñada por el Marqués de Villena, que juraba pagar a sus prestamistas, que a veces quedábanse esperando su paga.

El escándalo de los fraudes y corruptelas del Señor Virrey fue de tal magnitud que el mismísimo Obispo de Puebla, Dn. Juan de Palafox y Mendoza, escribió una tras otra, cartas a Su Majestad Felipe IV informándole de los abusos que se cometían en el interior del reino.

Cabe mencionar que no todo fue desastroso. El virrey gozaba de amplísima popularidad y durante su gestión, se hizo el intento (en 1641) de colonizar las Californias con misioneros jesuitas. No obstante, su papel indecoroso llevó a que el 9 de junio de 1642, el mismísimo Obispo Palafox, con la venia del Rey y el apoyo de las autoridades, hizo arrestar al virrey Diego López de Pacheco Cabrera y Bobadilla, encerrándolo en el Convento de Churubusco. Claro está que Don Juan de Palafox quedóse unos meses en calidad de virrey, pero esa ya es otra historia.

Pero en fin, volviendo al punto, cuéntase que el Señor Virrey tenía una muy mala higiene bucal (como muchos en aquella época) y perdió su elegante dentadura de a poco, algo que lo hacía sufrir, pues perdía garbo y distinción frente a las doncellas que solía requebrar (pese a estar casado). Miembros de su corte, que gustaban de lambisconear al Marqués de Villena, urdieron el plan de mandar a hacer una dentadura postiza de plata a Europa, ya que en la Nueva

España no existía un barbero (quienes entonces hacían el oficio de dentistas) digno de tan distinguido Señor. Ocurrióseles, pues, solicitar aportaciones económicas voluntarias a los amigos y validos del Virrey y si esto no bastare, pues la dentadura postiza era gravosa, pronto comenzó el gobierno virreinal a solicitar donativos a los habitantes novohispanos “para acelerar sus trámites”, o bien, encontrándoles que habían violado alguna ley o norma y para hacerse “de la vista gorda” en dicha transgresión, un pequeño óbolo discrecional “para la mordida del virrey” les era solicitado. Por supuesto que una vez que se reunió el suficiente dinero para la dentadura del virrey la cosa no paró allí, convirtiéndose en una verdadera minita de oro en ducados, escudos y maravedís para la corte virreinal. Algo que fue heredado al México Independiente, quedándose la costumbre de solicitar “la mordida”, aunque ya no hubiera virrey con gingivitis.

Esto se cuenta como probable origen de la “mordida”.
Aprovecho para desearle un fin de ciclo venturoso, una vida dichosa, una salud envidiable, una alegría desbordante y una prosperidad intachable. Sea Vd., amable lector, dichoso hasta la saciedad y haga todo lo posible por seguir siéndolo.

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Fuente: elmundodeorizaba.com


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