El paraíso de los pederastas: de Maciel a nuestros días

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En marzo de 2015 el Papa Francisco dijo en entrevista con Valentina Alazraki, corresponsal de Televisa en el Vaticano, que el fundador de la Legión de Cristo, Marcial Maciel, era un “gran enfermo” y que “sería raro” que no tuviera  un “padrinito”, por ahí, que encubrió las acusaciones en su contra por casos de abuso sexual cometidos contra de cientos de niños.

“Uno puede presumir que sí (hubo encubrimiento), aunque siempre en justicia hay que presumir la inocencia, pero sería raro que no tuviera algún padrinito por ahí, medio engañado, medio que, que sospechaba y no supiera”, le dijo.

Marcial Maciel Degollado fue un “depredador sexual”, aseguran sus víctimas. En noviembre de 1997 ocho ex Legionarios de Cristo publicaron una carta dirigida al entonces Papa Juan Pablo II, luego de que ese mismo años hicieron público a través del diario Hartford Courant de Connecticut, Estados Unidos, el abuso sexual que sufrieron.

Motivados porque era muy cercano a Juan Pablo ll, quien el 5 de diciembre de 1994 le envió una carta de felicitación, publicada en los diarios más importantes de la Ciudad de México, en donde lo reconoció como “guía eficaz de la juventud” y como quien “ha querido poner a Cristo […] como criterio, centro y modelo de toda su vida y labor sacerdotal…”, las víctimas del Presbítero decidieron hablar.

“Quienes ahora Os escribimos somos varios hombres cristianos, doblemente víctimas en dos claras épocas de nuestra vida: primero durante nuestra adolescencia y juventud y, luego, en nuestra madurez, por parte de un sacerdote y religioso muy allegado a Vos, que repetidamente abusó, antaño, sexualmente y de otras maneras de nosotros, indefensos, lejos de nuestros padres o tutores, en países diversos y lejanos del nuestro […] Somos un pequeño grupo de ex miembros de la Legión de Cristo los que, con pleno derecho, y ahora aún más en legítima defensa, nos decidimos a declarar la terrible y dolorosa verdad del oscuro mal oculto, casi desde la fundación de su institución, durante más de cuatro décadas”, dice la misiva.

Hoy, a unos días de que llegue a México el Papa Francisco, el ex Legionario de Cristo y víctima de abuso sexual de Marcial Maciel, José Barba Martín, sigue esperando justicia.

En 2002, recuerda en entrevista con SinEmbargo, no había ni siquiera un acuse de recibo de los 212 documentos entregados a la Santa Sede por las víctimas.

“EL FENÓMENO MACIEL”

José Antonio Pérez Olvera y José Barba, ex legionaros de Cristo en México y el chileno Juan Carlos Cruz, victima de pederastia, persentaron en 2015 las cartas abiertas de víctimas de abusos sexuales de sacerdotes en Latinoamérica que le enviaron al Papa Francisco. Foto: Cuartoscuro

José Antonio Pérez Olvera y José Barba, ex legionaros de Cristo en México y el chileno Juan Carlos Cruz, victima de pederastia, persentaron en 2015 las cartas abiertas de víctimas de abusos sexuales de sacerdotes en Latinoamérica que le enviaron al Papa Francisco. Foto: Cuartoscuro

Dos décadas después de la denuncia, con Marcial Maciel ya muerto, surgen más acusaciones en contra de sacerdotes católicos en México por abusos sexuales en contra de niños, ante la resistencia de la Iglesia a entregar a la justicia civil a los presuntos responsables.

“Yo le diría al Papa: usted habla de un hombre enfermo, que tenía un ‘padrinito’, pero ¿por qué Marcial Maciel durante 70 años, pudo estar dirigiendo una congregación, siendo un hombre enfermo, teniendo ustedes por los menos esos 212 documentos que hemos publicado?, ¿por qué teniendo esa información y quejas permitieron que ese hombre, que usted llama enfermo, estuviera al frente de la nave llamada Legión de Cristo”, cuestiona.

Barba Martín sigue: “¿Por qué si tenía un padrinito, usted no ha investigado al padrinito, nos dice quién fue y qué justicia se está haciendo con respecto a ese gravísimo encubridor?”.

El ex Legionario de Cristo asegura que distintas instancias del Vaticano cubrieron a Maciel Degollado.

“El fenómeno Marcial Maciel se convierte en una horrenda anécdota dentro de un contexto llamado Legión de Cristo. Tuvo sus cómplices, sus encubridores”, dice.

El Vaticano simplemente ha tratado a la pederastia como un pecado y no como un delito. El pecado, explica, se queda al interior de la religión tras el arrepentimiento y el perdón.

“El pecado, no solamente es pecado, sino que es delito y existen las leyes. El sacerdote pederasta va, se confiesa y se puede ir. Pero la parte del delito, es decir, ve y cumple con la Ley, declara que has faltado, eso no lo van hacer, en el momento que lo hagan, pierden supremacía”, dice.

Marcial Maciel murió en 2008, es decir 11 años después de que las enviaran cartas a cada uno de los obispos mexicanos que tenían una responsabilidad, incluyendo a Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, pero el Papa no fue informado hasta la publicación de las cartas en medios de comunicación.

“En 2002 yo mismo llevé una carta al Vaticano traducida en Polaco que fue entregada al secretario del Papa, pero nunca llegó a sus manos”, expone.

Barba afirma que Marcial Maciel violó niños desde los años 40 y luego de que la  denuncia se hiciera pública, la Santa Sede no cesó el ministerio del sacerdote, ni limitaron sus actividades “sistemáticamente” dice el documento “Pederastia Clerical en México y en Otros Países” elaborado por más de 50 organizaciones civiles para el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Para 1976, señaló, se hablaba de unos 20 niños que fueron abusados por Maciel y que se convirtieron en violadores con los años.

Sin embargo, el Papa Juan Pablo II promovió el fundador de los Legionarios de Cristo. El documento de las organizaciones civiles indica que: “Permitió que continuara cometiendo delitos impunemente en contra de niños durante muchos años. Nunca fue denunciado ante las autoridades competentes ni, mucho menos, llevaron a cabo alguna iniciativa para acercarse siquiera a la víctimas o para reparar algún daño hacia ellas, a su integridad física y moral”.

EL MODUS OPERANDI

 

Testimonios señalan que Marcial Maciel abusaba de los niños que llegaron a Los Legionarios de Cristo, separados de sus familias y llevados a otros países. Los pequeños fueron obligados a guardar silencio a través del voto de caridad.

Para las víctimas la denuncia trajo consigo el desprecio, protección y encubrimiento a Marcial Maciel por parte de la congregación y del mismo Norberto Rivera de la Arquidiócesis de México.

Rivera acusó a las víctimas de pagarle al periodista Salvador Guerrero Ciprés, del periódico La Jornada, para inventar la historia y desprestigiar a Marcial Maciel.

En 2010 la Santa Sede reconoció públicamente, que Maciel había sido “un auténtico delincuente y que había cometido delitos graves”.

Raúl Olmos revela en su libro El Impero Financiero de los Legionarios de Cristo; una mafia empresarial, disfrazada de congregación, que Marcial Maciel heredó a la Iglesia Católica varios curas pederastas.

El Vaticano tuvo que reconocer a 35 sacerdotes de la Legión de Cristo como violadores de niños. Seis de ellos superiores de la congregación.

“En una carta dirigida a finales de 2013 entre la comunidad legionaria, el entonces pro-director general Sylvester Heereman reconoció con crudeza que el equivalente al 3 por ciento de los sacerdotes de la congregación habían sido acusados de estar implicados en prácticas sexuales con menores de edad”, cita Olmos.

El porcentaje, agrega, es similar al de Estados Unidos que reconoce que 4 por ciento de los sacerdotes llegaron a estar vinculados con pederastia.

A pesar de las denuncias y la evidencia, Los Legionarios de Cristo no han visto mermada su fortuna. Al contrario son multimillonarios. Dinero que le sirvió a Marcial Maciel para sobornar a “altos dignatarios del Vaticano”.

Olmos indica que Maciel Degollado manejó un fondo discrecional de 20 mil dólares mensuales, además de falsificar firmas para desfalcar cuentas bancarias de la Legión.

Los Legionarios de Cristo tienen empresas fantasmas y Maciel “recurrió a paraísos fiscales para evadir impuestos y lavar dinero”.

En cuanto a las víctimas, sólo a siete de ellas se les pagó entre 11 mil y 28 mil dólares por reparación del daño y al resto, les ofreció “ayuda espiritual”, dice el autor.

EL PAPEL DE NORBERTO RIVERA

Foto: Cuartoscuro

Distintas víctimas aseguran haber acudido al Cardenal Norberto Rivera. Foto: Cuartoscuro

José Barba asegura que Norberto Rivera no sólo fue un encubridor de Marcial Maciel, sino que también “ha sido injusto con nosotras las víctimas”.

El ex Legionario indica que desde que se dieron a conocer los testimonios, Rivera Carrera los ha perseguido.

“Ha actuado con mala fe. En el caso mío no me merece respeto. Respeto la investidura del Arzobispado, pero no lo respeto a él, porque por sus actos lo conocemos”, dice.

En 1997 cuando salió a la luz el caso, la iglesia persiguió a varios medios de comunicación  como La Jornada y Canal 40. Las presiones fueron de todo tipo, incluso comerciales.

“Hicieron lo indecible para que no saliera en el Canal 40. Sospecho que Norberto Rivera estuvo [involucrado] porque Norberto fue nombrado a través de una recomendación de Marcial Maciel cuando él [Rivera] era Obispo en Tehuacán [Puebla]”, indica.

Ciro Gómez Leyva narró el 1 de julio de 2010 en la revista Nexos el boicot y las presiones de las que fue víctima el equipo de Canal 40 que transmitió en 1997 los abusos de Marcial Maciel.

Luego de contar con cuatro ex Legionarios de Cristo víctimas de los abusos sexuales del Presbítero, buscaron la otra versión por rigor periodístico.

“No tardaron en visitarnos. Nunca quisieron dialogar. Iban a someternos. Prepotentes, groseros, jamás les escuché una palabra de duda o misericordia. Venían a conquistarnos, aplastarnos si no les quedaba más; legionarios al fin. Aseguraban que se trataba de una conspiración en contra del Vaticano y que esas cuatro voces habían sido corrompidas para dañar al padre Maciel. A los chantajes y advertencias siguieron las amenazas espirituales, comerciales y físicas: el programa no debería salir al aire. Amenazas del padre Gregorio, rector de la Universidad Anáhuac: ayuno, rústico, incapaz de superar el lugar común de los 20 siglos de ataques contra la Santa Iglesia. De Luis Garza Medina, alto jerarca de la Legión; de ex legionarios, amigos del Regnum Christi [movimiento católico que busca la instauración del Reino de Cristo en el mundo] familiares, anunciantes, funcionarios del Gobierno federal”, relata.

Gómez Leyva lanzó varios nombres: Roberto Servitje, de Bimbo; Alfonso Romo, duelo de Seguros América y Carlos Slim. Del gobierno federal Liébano Sáenz, Secretario particular del ex Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, también presionó.

“El programa de 48 minutos se transmitió a contracorriente del enfoque de negocio. En un testimonial de una dureza y emotividad creo que nunca vistos antes en nuestra televisión, Barba describió paso por paso el abuso de Maciel. Alejandro Espinosa detalló la forma en que mon père seleccionaba a sus predilectos. Saúl Barrales explicó la cultura del engaño. Por temor, quitamos los testimonios sobre la drogadicción de Maciel. Algunos anunciantes tardaron en perdonar la transgresión, otros no la olvidaron. Siempre pensé que estaban en su derecho. Era su dinero y era su inversión. Y era, en aquel 1997, la televisión que no querían ver”, escribió Gómez Leyva.

Carmen Aristegui y Javier Solórzano entrevistaron a la víctimas de Marcial Maciel en el programa Círculo Rojo, de Canal 2 de Televisa en 2002.

Miguel Ángel Granados Chapa escribió en el prólogo de “Marcial Maciel, historia de un criminal”, de Aristegui, que cuando se acabó el programa Círculo Rojo: “flotó en el aire la impresión de que su abordamiento del caso Maciel había contado entre los factores que determinaron su supresión”.

José Barba explica que durante la visita a México del Papa Francisco se espera un acercamiento con los pobres, con los indígenas, pero no se reunirá con los familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa para no causar conflicto con las autoridades civiles.

Tampoco con las víctimas de pederastia en el país.

“No va a tocar temas que hagan olas y que hagan quedar mal, ni al gobierno de México ni a la jerarquía católica en la Ciudad de México. Tiene un Arzobispo que con respecto al problema de la pederastia ha sido un fracaso, ha sido un fracaso”, dice.

OTROS CASOS EN MÉXICO

Marcial Maciel Degollado fue sólo el inicio del escándalo de pederastia que sacudió a la Inglesia Católica en México.

En la historia hay un, ahora ex sacerdote, acusado de violar a más de 200 niños. Se llama Nicolás Aguilar y cuando era cura, según testimonios, obligó a Sergio Sánchez Merino cuando tenía 12 años a realizarse sexo oral argumentando que si no lo hacía, él o su mamá podrían morir.

Primero, de acuerdo con el testimonio, se acercó al niño y le pidió que lo tocara porque tenía un tumor en el estómago, luego se desabrochó el pantalón y le obligó a tocarle las partes nobles. Después abusó de él.

Sergio denunció el hecho con el cardenal Norberto Rivera Carrera en 1997, pero en lugar de entregarlo ante las autoridades, Rivera sumó el caso del menor abusado a otros casos.

De acuerdo con el informe realizado por organizaciones civiles y activistas mexicanos, para el Comité de la ONU, Sergio denunció a su abusador y también a Norberto Rivera por encubrimiento de abuso sexual, pero la demanda fue desechada por falta de jurisdicción competente.

Lo mismo le sucedió a Joaquín Aguilar Méndez, quien tenía 13 años cuando el párroco de San Antonio de las Huestas, Estado de México, quien acusó a Nicolás Aguilar de violarlo en la rectoría donde dormía, aledaña a la iglesia, mientras se oficiaba una misa.

Era acólito y entre los aromas del incienso, el cura acusado de pederastia en Estados Unidos y recién egresado de una Clínica del Apostolado Católica donde combatía su homosexualidad, pederastia y alcoholismo,  lo olfateó y después de cuatro años de conocerlo, lo violó y acusó al sacristán del delito.

“Él mismo fue quien le dijo a mis padres que me habían violado, pero les dijo que fue el sacristán, entonces yo hablé y dije la verdad. Desde ese momento fui víctima del Ministerio Público y de la gente de la comunidad, que me despreciaba por haber denunciado a Nicolás”, dice Joaquín.

Joaquín es ahora un hombre de 35 años y está al cargo de la oficina de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes (SNAP) y asegura que el cura que abusó sexualmente de él, lo hizo también con unos 200 niños más.

El análisis de las organizaciones mexicanas para el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de la Nacionales Unidas (ONU) detalla que Nicolás Aguilar violó a niños en Los Ángeles California, Estados Unidos, en Puebla y en el  Estado de México sistemáticamente a los largo de sus 30 años como sacerdote y fue encubierto por la Iglesia Católica.

En 1997, de acuerdo con el informe firmado por varios organismos de la sociedad civil mexicana, salieron a la luz pública las denuncias de 60 niños abusados de Sierra Negra, extremadamente pobres.

Efrén Alva Cortez, Felipe Vadallares Rivera y decenas más fueron abusados por Nicolás Aguilar, de acuerdo con el documento. Aunque se denunció, finalmente no se ejerció ninguna acción penal en su contra.

“El proceso de los Niños de Sierra duró un total de cuatro años y reposa en archivos bajo el número 6/1998. El párroco fue sentenciado a un año de prisión por ‘ataques al pudor’. Sin embargo el cura nunca fue encarcelado, ya que mantuvo su libertad bajo fianza. En el año 2001 la justicia le concedió un amparo para dejar sin efecto dicha condena”, dice el documento.

El informe sigue: “Estas denuncias infructuosas muestran claramente la predisposición de las autoridades mexicanas y del Poder Judicial, de proteger a los curas pederastas en lugar de a las víctimas”.

Nicolás Aguilar pudo burlar a las justicia porque en México lo encubrió en ese entonces el obispo de Tehuacán, Norberto  Rivera Carrera y en Estados Unidos, el Cardenal Roger Mahony.

“En tan sólo nueve meses abusó de 26 niños. De regreso a México, el padre Nicolás abusó sexualmente de 60 niños más, residentes de distintas comunidades de Puebla”, dice el informe.

En contra de Norberto Rivera existen denuncias por encubrimiento, como la de Valentina Mendoza, madre de tres hijos abusados sexualmente por Aguilar en Los Ángeles, California.

En Estados Unidos el 18 de junio de 2009 Joaquín González Rodríguez, de 32 años interpuso una demanda en contra de Nicolás Aguilar por abuso sexual en 1987.

La justicia estadounidense le permitió utilizar el seudónimo de John Doe “quien aún se encuentra sufriendo de gran dolor mental y físico, shock, desasosiego emocional, manifestaciones físicas de desasosiego, vergüenza, pérdida de autoestima, deshonra, humillación e incapacidad para disfrutar de la vida; se ha visto impedido de realizar con plenitud sus actividades diarias y ha incurrido y seguirá incurriendo en gastos para tratamiento médico, psicológico, terapias y asesoría”, dice el informe.

John declaró que cuando fue abusado, conocía al sacerdote desde hacía seis meses y que iba a la iglesia para estudiar el catecismo. En su demanda la víctima acusa al cardenal Roger Mahony, arzobispo de Los Ángeles, California de complicidad.

Una corte federal de Los Ángeles cerró el caso en 2012 y el abogado de John pidió al juez responsable aplazar el caso hasta 2013, pero la solicitud fue rechazada.

Los crímenes del sacerdote hasta el día de hoy están impunes y de acuerdo con Joaquín Aguilar, víctima de Nicolás en México, cada día hay más denuncias en contra de curas que ofician misas y después violan niños.

“El problema que existe en México es que muchos no se animan a denunciar y cuando lo hacen, después de años, ya no se puede hacer nada. Otro problema grave es que para que los violadores puedan salir libres la justicia se les reclasifica el delito de violación a estupro, donde se alega que el niño consintió la violación. En todo el país un abusador sale libre por este delito”, dijo.

El caso de Joaquín no es el único, en el informe que se presentó en el del “Foro Internacional: el significado del informe del Comité de los Derechos del Niño a la Santa Sede y las implicaciones para México” que se realizó la semana pasada en la Cámara de Diputados aparecen cientos de niños violados por distintos sacerdotes, todos impunes.

El PADRE CARLOS LÓPEZ

Cuando Jesús Romero Colín tenía 11 años y era acólito de la iglesia San Agustín de las Cueva en la delegación Tlalpan del Distrito Federal, el cura Carlos López Valdéz, abusó de él sistemáticamente.

El sacerdote lo tocaba y le tomaba fotos para “hacer un álbum de cómo iba creciendo”.

A los 15 años Jesús encontró sus fotos y correspondencia postal que el cura Carlos López mantenía con otras personas, donde él era el protagonista.

“La Congregación para la Doctrina de la Fe, ubicada en el Estado Vaticano, órgano de la iglesia católica encargado de juzgar delitos más graves, entre ellos los abusos sexuales cometidos por clérigos contra menores, considera que las pruebas presentadas por el Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de México son contundentes. Entre ellas se presentó como prueba un CD con pornografía infantil que incluye imágenes de la víctima tomadas por el propio agresor”, dice el informe.

Sin embargo, a pesar de las pruebas en contra del sacerdote, el Vaticano aún no ha resuelto sobre el caso y López Valdéz sigue oficiando misas.

Jesús Romero asegura en entrevista que el sacerdote, a quien le fue retirado su ministerio, violó a otros niños.

Vivía en una casa muy grande, con otros jovencitos de quienes también abusaba, indica.

OTROS CASOS

Eduardo Córdova está entre los más buscados de la Procuraduría del Estado. Foto: Procuraduría de San Luis Potosí.

Eduardo Córdova está entre los más buscados de la Procuraduría del Estado. Foto: Procuraduría de Justicia San Luis Potosí

El ex sacerdote Alberto Athié Gallo denunció el caso el padre Eduardo Córdova Bautista de San Luis Potosí, implicado en al menos 100 casos de abuso sexual en esa entidad en 2014.

“Tiene 30 años con estas actividades, hay muchos papás y mamás, muy dolidos y molestos y no han visto que se haga justicia para sus hijos. Este caso se sabía en la Arquidiócesis desde hace mucho tiempo y nunca hicieron nada para entregarlo a las autoridades civiles a pesar de que hay denuncias penales detenidas en los ministerios públicos”, dijo.

El sacerdote fue removido de sus cargos por órdenes de la Santa Sede que lo investigó y determinó su culpabilidad, sin embargo siguió oficiando misas en un asilo de ancianos en total libertad, burlando a la justicia mexicana, indicó.

Después, ese año se convirtió en un prófugo de la justicia, luego de que los padres de un adolescente, acompañados por Luis Nava Calvillo, decidieron en 2014 llevar la denuncia no ante la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJEM), cuyo titular era entonces Miguel Ángel García Covarrubias, sino ante la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra) dependiente de la Procuraduría General de la República (PGR).

En los hechos tampoco ha habido mucha diferencia, no se tiene noticia de que la averiguación previa haya sido consignada ante un juez, además la integración del expediente se ha visto afectada en su avance por cambios de funcionarios en la PGR.

La Iglesia Católica dice no saber el paradero de Eduardo Córdova, mientras que las víctimas creen que el pederasta fue encubierto por las autoridades religiosas.

 

Por Shaila Rosagel para Sin Embargo


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