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EL SEÑOR DEL VENENO

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julio 9, 2009
boletín finsemaneando

EL SEÑOR DEL VENENO*

Por Doña Constanza de Medina

Tradición de la calle de Porta Coeli, llamada después Calle de Capuchinas y conocida en la actualidad como Venustiano Carranza.

Muy madrugador era don Fermín Anduela: apenas amanecía salía a la calle envuelto en su negra capa y se dirigía a la Iglesia de Porta Coeli, donde, con gran devoción, escuchaba misa. Tanto al entrar como al salir del templo se detenía frente a un crucifijo de gran talla, cuya amarillenta blancura resaltaba entre los oros de un altar plateresco, lleno de humildad; le rezaba una plegaria, se alzaba e iba a besar los ensangrentados pies del Cristo y ponía unas monedas de oro en el plato petitorio. Invariablemente, día a día, hacia esto Don Fermín Andueza.

Rico era este señor; poseía heredades y buenas casas, pero eran más crecidas las riquezas que había en su alma. Usaba de piedad con el pobre y le daba la mano y le ofrecía sus servicios con toda voluntad.

Celos tenía a este señor el rico Don Ismael Treviño quien era de esos seres a quienes pesa el bien ajeno. En el corazón se le metió una polilla de envidia, que lo estaba carcomiendo a solas. Entonces la envidia se convirtió en odio y ese odio le dijo un día que lo matara.

Don Ismael empezó a meditar mucho cómo le quitaría la vida; si con un puñal, si con un garrotazo, si con veneno… Varios días lo estuvo siguiendo para encontrar la mejor forma de acabar con sus días.

Por fin, al ver la rutina que tenía don Fermín de besarle los pies todos los días al Cristo de Porta Coeli, se le ocurrió que si untaba los pies del Cristo con un poderoso veneno que había comprado a una vieja bruja, poco a poco don Fermín iría muriéndose. Esa misma tarde procedió a ejecutar su maligna idea.

Lleno de curiosidad, acudió muy temprano Don Ismael a la Iglesia de Porta Coeli para ver el efecto que el veneno produciría en don Fermín. Como todos los días, Don Fermín cumplió con su rutina; entró en la Iglesia, de donde salió a recibirlo un suave olor de flores, de cera y de incienso. Se acercó luego al Santo Cristo, dijo devotamente sus oraciones y fue a besar después, con gran reverencia, los pies ensan­grentados; pero apenas puso en ellos los labios, en el acto se obscurecieron y una ola negra empezó a subir rápida por todo el cuerpo de la imagen hasta quedar como si estuviera tallada en ébano.

Muchos devotos que rezaban ante el Cristo contemplaron el raro prodigio y empezaron a dar voces de asombro al mirarlo todo negro. Don Fermín quedó pasmado ¿Que tendría él que al solo contacto de sus labios el Cristo se puso negro?

De pronto, Don Ismael Treviño, en un gran impulso, fue a dar a los pies de Don Fermín y le confesó a gritos que lo había querido envenenar y que el Cristo, como una esponja generosa, absorbió el veneno librándolo de una muerte segura.

Después de ser perdonado por Don Fermín, Don Ismael salió lento, pálido, cabizbajo y arrepentido. Ese mismo día abandonó la ciudad y nadie volvió a saber nada de él…

 * Guía del DF-Manual del usuario-por Travesías

 

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