El Wall Street de la belleza

Publicado el 18 agosto, 2011

Por Regina Zamorano*

Es una calle pequeña pero famosa en el ámbito nacional. En el segundo tramo de Alhóndiga, tiendas y estéticas al aire libre le rinden culto a la belleza.

No hay hombres de traje con portafolios ni se venden acciones, lo que aquí causa furor son los tintes, las secadoras, las uñas de fantasía, las extensiones de cabello y de pestañas. Todo lo que prometa embellecer.

Los 23 negocios de esta calle dan sustento a más de 250 familias y son la punta de lanza en cuanto a las tendencias del arreglo personal.

Aquí se definen los precios y la posición en el mercado de marcas y productos, no sólo para la capital, sino para el país. Por eso, comerciantes y fabricantes la llaman “el Wall Street de la belleza”.

En Alhóndiga se está a las vivas. Algunos locales cambian el grueso de su mercancía cada tres o cuatro años, cuando se anticipa que un nuevo artículo viene con fuerza.

“Aunque estés vendiendo mucho un producto, debes ir pensando con qué lo vas a sustituir, qué viene en la moda, para que tu negocio siga existiendo”, explica Miguel Ángel del Águila, en su tienda Arco Iris, fundada en 1993.

Él distribuía uñas de acrílico y gel hace cuatro años, cuando eran lo in. Hoy las paredes están tapizadas de “cortinas” de pelo —artificial y natural—, como se le llama a las extensiones. “Por necesidad”, hace cuatro meses empezó a ofrecer también el servicio de salón. Así, las clientes salen de la tienda con la extensión colocada. Tres capas de pelo cuestan 650 pesos. Ese esquema ha sido adoptado por varios locales; ofrecen todo tipo de servicios para salir “echando tiros”.

“El callejón de los milagros”

En plena calle, equipos de cultores de belleza se disputan a las clientes, que han venido de compras y aprovechan para darse una manita de gato. Las especialidades: rizado y extensión de pestañas, planchado de cejas, colocación de extensiones de cabello, aplicación de uñas de fantasía, tintura de cabello o depilación.

Se puede llegar a las 10 de la mañana desarreglada y despeinada, y salir unas horas después con una arrebatadora cabellera más larga y abundante, pestañas kilométricas y manos decoradas.

Por eso “le dicen ‘el callejón de los milagros’, porque entran feas y salen guapas”, bromea Adriana Alvarado, quien coloca uñas en Alhóndiga desde hace un año.

Los tratamientos de belleza comenzaron a realizarse en la calle hace unos cuatro años, con el auge de las uñas de acrílico. El fenómeno se extendió en 2009, cuando la vía se volvió peatonal.

A lo largo de la calle hay unos 10 pequeños “salones”. La mayoría son extensiones de las tiendas, otros son independientes. Una sombrilla, bancos y sillas de plástico conforman estas estéticas al aire libre. Los precios, más bajos que en un salón de barrio, atraen a mujeres de todo tipo, desde niñas hasta abuelitas, de amas de casa a oficinistas.

También los hombres han sido “víctimas” de esta moda. Miguel Ángel del Águila calcula que representan alrededor de 30 por ciento de la clientela de la calle. Hay niños desde los 12 años, chavos y hasta señores que acuden a delinearse y plancharse las cejas. En una hora pico del sábado, el día más concurrido, hasta 100 personas pueden estar dándose una garra de tigre simultáneamente.

Marcela, de 23 años, es cliente regular de Adriana. Prefiere venir al Centro a ponerse uñas porque en Texcoco, donde vive, “están más caras y no me duran tanto”. En Kamila Nails —con Adriana—, una decoración sencilla, con color de base, cintillas (cintas muy finas adheridas) y logo (especie de estampita) cuesta 160 pesos y dura un mes.

Hay estilos para asombrar a cualquiera. Los “tips” o uñas pueden medir hasta 15cm y tener forma de espiral, pirámide o punta de lanza. Pueden llevar perforaciones de las que pende un dije o las llamadas “peceras”, acuarios milimétricos con agua, estrellas, brillos, arena o peces que se mueven. Adriana tarda hasta una hora en realizar uñas tan elaboradas como ésas y cuestan 150 pesos cada una. La mayoría de las clientes sólo las pide para un dedo.

Casi en la esquina con Corregidora, una cama de depilación y un parasol reciben a quienes desean que les depilen las pantorrillas o el bigote, ya que la compra del gel en frío Amura (70 pesos) incluye una demostración gratuita de sus bondades.

“Mi objetivo es ponerme las pestañas, independientemente de que sea en un salón o en un negocio al aire libre”, dice Yolis, con su bebé en brazos.

Las extensiones de pestañas duran mes y medio aproximadamente y cuestan 100 pesos. Se colocan una a una en un proceso que tarda de 15 a 20 minutos. No se deben mojar, por lo que se recomienda usar unos goggles para bañarse, explica Óscar Villalobos, especialista en estas lides. Él atiende entre 60 y 70 mujeres al día. Lo que más le piden es el planchado de ceja, que cuesta 25 pesos, se lleva media hora y dura mes y medio. El técnico en belleza, de pestañas rizadas, por cierto, tiene más de un año trabajando en la Alhóndiga.

Ombligo de la belleza

La historia de la calle se remonta a la Colonia. En 1573 se construyó el granero o alhóndiga, que sigue en pie y da nombre a la vía.

Adquirió su vocación de capital de la estética en 1983. Antes, allí se vendían chiles secos y semillas, pero con la salida de la Central de Abasto del Centro, en 1982, el segundo tramo de la calle quedó vacío. Entonces llegó La Belleza, la primera tienda. Poco a poco, al ver que era negocio, se fueron instalando competidores. En esos años, los productos de cuidado personal (brillantina, talco, crema y champúes de hierbas) se comerciaban a granel.

El negocio fue creciendo, algunos llegaban a vender hasta dos toneladas de crema humectante a la semana, detalla un comerciante de la zona. Miguel Ángel, de la tienda Arco Iris, explica que hasta la crisis económica de 1994 la calle se abocaba a la venta al mayoreo: “llenabas y vaciabas tu bodega en una semana”. Pero las dificultades financieras acabaron con ese esquema. Sin embargo, el renombre de la calle traspasó la frontera sur. “Hace unos ocho años llegaba su fama a Honduras, Nicaragua o Costa Rica. Se expandió mucho porque había productos hechos en el país que demandaban por allá”, afirma Miguel Ángel. Pero debido a la invasión de la mercancía china y a las crisis, “la industria mexicana está tronada”.

Actualmente, la mayoría de los artículos llega de Asia. La capital ya no es el principal proveedor de la República, sin embargo, la calle aún “es el ombligo de la belleza a nivel nacional”, señala el comerciante.

Los negocios se volcaron hacia el público en general y los estilistas. Una tienda bien surtida puede llegar a tener más de mil productos distintos en su inventario. Hay tijeras de 15 pesos o secadoras de pelo de 2,500. Algunos locales son ejemplo de orden y limpieza. Los barnices, perfectamente acomodados en sus estantes van del rojo encendido al azul eléctrico; pinzas y tijeras cuelgan en sus estuches, y las cortinas de pelo están dispuestas por tamaños y tonos, del azabache al rubio platinado. En otros negocios, cepillos redondos y cuadrados, rociadores multicolores, trenzas postizas y adornos para las uñas se apilan sin ton ni son. Y no faltan, afuera de varias tiendas, enormes tambos azules llenos de cremas y champúes que se despachan por kilo o litro.

Sus 18 años de experiencia en el negocio le han enseñado a Miguel Ángel, dice, el secreto de la belleza: “esto no es un asunto de cultura, la que tiene más, más bella se ve, no la que sabe más”.

Y así como los productos, la apariencia también es en esta calle un asunto de bonos a la alza y a la baja: “Mi clienta está muy preocupada por su aspecto y quiere cotizarse más en el mercado”, remata el comerciante con una sonrisa cómplice.

*Kilómetro Cero. Noticias del Centro Histórico de la Ciudad de México, mayo 2011, no. 34.


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  1. David Alberto

    Aqui está el mapa, yo también pienso ir, creo que lo recomendable es no llevar nada que llame mucho la atención y de ser posible ir acompañados

  2. josede jesus

    Si los Diputados y Senadores no lo pagan, poruq eobligarlo si te dan buen servicio y precio; los primeros nada de eso.

  3. Fernando Ramírez Toledo

    ¿Todo esta cantidad de gente y establecimientos pagan impuestos?
    Yo creo que no.

  4. Boris

    Hasta no ver no creer, nada mas digan la ubicación exacta y ahí estaré, normalmente ando de compras en la calle de Mazarik pero suena interesante esto.

  5. MARIA ISABEL HERNANDEZ BATRES

    POR FAVOR ME PUEDEN INDICAR EXACTAMENTE EN QUE CALLE SE ENCUENTRA ESTE TAN FAMOSO CALLEJON DE LOS MILAGROS

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