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Energías renovables: El arma secreta de México contra el petróleo

Eso abre una oportunidad para el país

marzo 10, 2017

Donald Trump no cree en el cambio climático y apunta a darle un segundo aire a las grandes petroleras; sin embargo, eso abre una oportunidad para México, que ha avanzado en el uso de energías renovables.

Francisco Torres

El gobierno de Donald Trump en Estados Unidos no marcará una nueva era en el sector energético; más bien, regresará a modelos de producción de hidrocarburos y otras fuentes no renovables, las cuales poco a poco habían perdido terreno, frente al desarrollo de fuentes renovables, a las que Barack Obama dio tanto impulso.

Será, de nueva cuenta, la era de las grandes compañías petroleras y la segunda etapa del boom de los recursos no convencionales, conocidos así porque requieren una tecnología diferente para ser extraídos, aunque técnicamente se llaman gas y petróleo de esquisto (shale en inglés), y los cuales requieren perforaciones horizontales, mediante las cuales se inyectan líquidos que fracturan las rocas, que están permeadas de hidrocarburos. A este proceso se le conoce mundialmente como fracking.

En este sentido, el gobierno de Trump es claro, pues de acuerdo con el Plan de Energía de su afamada plataforma de America First, Estados Unidos conseguiría su autonomía petrolera mediante el impulso del fracking, a pesar de la polémica medioambiental generada en torno a dicha técnica.

Los detractores de la explotación de gas y petróleo shale le atribuyen, además de un uso intensivo de agua (pues esta se inyecta al subsuelo) y la posible contaminación de mantos acuíferos (que a menudo se sitúan por encima de los yacimientos de esquisto, la provocación de sismos (como sucedió en Gran Bretaña) y hundimientos de la tierra.

“Una política de energía sana comienza con el reconocimiento de que tenemos enormes reservas de energía doméstica sin explotar aquí en EU. La Administración Trump adoptará la revolución de petróleo y gas de esquisto para traer empleos y prosperidad a millones de estadounidenses”, reveló el plan de Trump desde su primer día de gobierno.

Continuó de la siguiente forma: “Debemos aprovechar los 50,000 millones de dólares (mdd) en reservas de esquisto, petróleo y gas natural sin explotar, especialmente en las tierras federales que el pueblo estadounidense posee”, precisa la Casa Blanca.

Dicho bosquejo del plan energético de EU, al menos para los siguientes cuatro años, causó furor en economías regionales como las de Texas, Lousiana y Dakota, que vieron en el discurso de Trump la salida de una situación económica preocupante, pues durante la última mitad del gobierno de Obama se contuvo el fracking por el tema medioambiental y la baja en los precios energéticos. Ahora, un nuevo impulso al gas y petróleo de esquisto se ve en camino.

México camina en sentido contrario

El sector energético de EU va contra las manecillas del reloj mundial, que se encamina hacia la sustentabilidad y las fuentes de energías renovables. El Plan de Trump es impulsar las petroleras de su país, vivir una vez más la fiebre del oro negro, mientras que México está caminando en el sentido inverso.

El mercado eléctrico mayorista es el principal cambio que existió en materia eléctrica, como consecuencia de la reforma energética de 2013. En este espacio virtual de compraventa de electricidad convergen ya generadores y comercializadores, que avanzan lentamente para romper el monopolio natural de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

El mercado se divide en tres partes: corto, mediano y largo plazo. En este último es donde se han dado los principales avances. De hecho, las dos primeras subastas de largo plazo que se celebraron resultaron sorpresivamente exitosas para los generadores de fuentes renovables de electricidad, las llamadas energías verdes, quienes ofrecieron precios altamente competitivos por debajo de tecnologías predominantes, como el gas natural. Así, para los próximos años, en México detonarán las fuentes renovables como una proporción importante de la matriz energética del país. Especialmente en lo que se refiere a energía solar fotovoltaica y a energía eólica que, junto con las hidroeléctricas del país, generan ya poco más del 20% del total de la electricidad que se distribuye.

En contraste, la política del gobierno de Trump no estará orientada en ese sentido; por el contrario, buscará, además de privilegiar la extracción de hidrocarburos, fomentar la generación de electricidad a través de carboeléctricas, que son altamente contaminantes, pues Trump no cree en el cambio climático.

En nuestro país, durante la última década e incluso un poco más atrás, la CFE ha emprendido una cruzada por reconvertir plantas de combustóleo a gas natural que, si bien sigue siendo un hidrocarburo, tiene un nivel menos contaminante.

Como muestra, en marzo de 2015, la CFE anunció que reduciría hasta un 90% su consumo de combustóleo, que es uno de los primeros refinados del petróleo, para lo cual dejaría de consumir un promedio de 174,510 barriles de dicha sustancia para este 2017. Dicho volumen es casi la totalidad de lo que produce Pemex de ese mismo refinado.

Sin mencionar que es uno de los combustibles más caros, pues tiene un costo de generación estimado de 2,000 pesos por Megawatt hora, mientras que con gas natural no rebasa los 1,000 pesos. El combustóleo, la CFE lo utiliza principalmente en las termoeléctricas.

Así, el impulso a las energías fósiles (llamadas así porque provienen del petróleo) que dará Estados Unidos, al menos en el gobierno de Trump, afectará la inercia de crecimiento de las fuentes renovables que ya había contagiado a nuestro país.

Una muestra es que, para las siguientes subastas eléctricas que se llevarán a cabo este año, la Secretaría de Energía ya contempla una estructura que permita que otras fuentes, como gas natural y termoeléctricas, puedan participar para ganar algún contrato de largo plazo en dichos concursos que organiza el Centro Nacional de Control de Energía.

El potencial mexicano

El potencial de México en recursos de esquisto no ha sido un secreto; sin embargo, en el tamaño es en donde ha habido debates. De acuerdo con la base de datos de la Agencia de Información Energética de EU, nuestro país tiene recursos de esquisto recuperables por alrededor de 545 trillones de pies cúbicos de gas natural, así como de 13,000 millones de barriles de petróleo y condensados. Con esto, estima la dependencia, “son potencialmente más grandes que las reservas probadas de todo el país”, y que ascienden a más o menos esa cantidad.

El yacimiento más rico –que tiene la mayor parte de los recursos, de acuerdo con el gobierno de Estados Unidos– es la cuenca de Burgos, que geológicamente pertenece al Eagle Ford (el mayor productor de shale en el país vecino).

Sin embargo, reconoce que hacia el sur de México, a pesar de que se cuenta con una cantidad interesante de recursos, la complejidad geológica representará un importante reto para sacarlos.

Una realidad es que el gobierno mexicano poco ha hecho por extraer esta riqueza, pues luego del primer boom del esquisto, que vino hace cinco años a nivel mundial, México decidió ponerse la pilas y, a través de Pemex, ejecutó varias perforaciones.

Sin embargo, con la caída en los precios del petróleo y la deteriorada situación financiera de la petrolera, no se pudieron concretar los programas establecidos, y entonces el esquisto pasó a ocupar un lugar no determinado dentro de la lista de prioridades –más bien pendientes– de la petrolera nacional.

Con la implementación de la reforma energética y el surgimiento de las primeras rondas licitatorias, organizadas por la Comisión Nacional de Hidrocarburos, por un momento las miradas del gobierno volvieron a centrarse en el esquisto e incluso se anunció que la Ronda 1.5 estaría destinada para este fin.

No duró mucho el gusto: en mayo de 2016, y ante la falta de regulación y la caída en los precios del petróleo, esta ronda se postergó indefinidamente.

“Aquí entran muchas más instituciones, no solamente la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y de Protección al Medio Ambiente del Sector Hidrocarburos (ASEA) y la Comisión Nacional de Hidrocarburos, sino que también entra Conagua e incluye un esfuerzo por sensibilizar a la gente (detalle que no necesariamente tomamos en cuenta)”, reconoció la entonces subsecretaria de Hidrocarburos de la Sener, Lourdes Melgar, al dar el anuncio ante inversionistas en un congreso organizado en Texas.

Posteriormente, y hacia fines del año pasado, la Sener dejó entrever que, para este 2017, retomaría el proyecto en una de las tres rondas que tiene pensado lanzar, aunque reconoció que para lograrlo se debería terminar a toda prisa la legislación necesaria, principalmente en materia de agua y uso de suelo.

Sin embargo, los expertos estiman que el impulso que dará el gobierno de Trump al esquisto en Estados Unidos permeará muy pronto a la política energética mexicana, misma que deberá prepararse para competir contra condiciones más atractivas para los inversionistas internacionales en el vecino país.

Este es un extracto del texto que el autor escribió para Alto Nivel y que podrás consultar completo en la edición impresa de marzo de 2017. Busca tu revista en los principales puntos de venta, suscríbete en línea o descarga la revista digital.

Alto Nivel

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