
por: Miguel Peralta
miguelanjote@yahoo.com.mx
Las barrancas urbanas contienen enorme diversidad de especies vegetales y animales y son elemento trascendental del sistema hidrológico al captar agua pluvial para recargar los acuíferos. No obstante, las autoridades del Distrito Federal las tienen en absoluto descuido, aun cuando hay una Ley Ambiental del Distrito Federal que “obliga a las delegaciones a etiquetar un porcentaje de su presupuesto anual para garantizar el mantenimiento, la protección, la preservación, la vigilancia de las áreas verdes y barrancas
de su demarcación.”
Caso concreto es la ubicada en la cerrada de Tlalcoyunga, que empalma con Sierra Vertientes, a corta distancia de la glorieta de Las Bombas, en Paseo de Las Palmas. Sólo está fincada de un lado, con unidades unifamiliares; en el otro está la barranca de Tecamachalco, frontera de DF con Estado de México, donde corre una corriente ahora de aguas negras. Se suponía que era propiedad federal, hasta que un día le apareció dueño; la cercó con malla ciclónica, e inició trámites para conseguir permiso de construir enorme edificio, que al fin consiguió y pretende iniciar la obra.
Cuando Gabriela Cuevas era delegada en Miguel Hidalgo aseguró a un grupo de vecinos que no se autorizaría la construcción. Ahora la Delegación Miguel Hidalgo arguye que no están enterados y no le corresponde el asunto, porque los responsables de modificar el uso del suelo y conceder permisos de construcción son Comisión Nacional del Agua y Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del Distrito Federal.
Imaginen la ruptura del equilibrio ecológico de la zona que causaría
arrasar bosque para levantar enorme mole de concreto, las dificultades de tránsito que provocaría en angosta calle cerrada y la presión que recibiría la demanda de servicios urbanos.
¡Tanta ilusión que nos despertó la llegada de Demetrio Sodi a la Delegación… y miren! ¿Habrá alguien en la ciudad que pueda atender el problema?
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