El pueblo mexicano se distingue por no respetar leyes, instituciones ni personas. El ciudadano medio tiende a hacer lo que le viene en gana: se estaciona donde está prohibido; busca cómo no pagar impuestos; ignora disposiciones gubernamentales; fuma en locales cerrados; se inserta en las colas; etcétera.
En consecuencia, no lleva a cabo trámites tan simples como pagar el predial a tiempo, renovar su credencial de elector u obtener la tarjeta de circulación “con chip.” El resultado está a la vista: