Ésta es la llamada de un secuestrador

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La llamada de un secuestrador

En su último reporte sobre el secuestro en México, la organización México Unido Contra la Delincuencia reveló que en este país solo han sido denunciados 13,709 secuestros en un lapso de 16 años. En ese tiempo, aproximadamente el 98.8% de las víctimas decidió callar. Para tener una idea aproximada de la cifra negra del secuestro en México, conviene recordar la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción que el INEGI realizó en 2012. De acuerdo con ese conteo, en esos años ocurrieron 105,682 plagios en el país, pero sólo 1,317 fueron denunciados.

En estos días he tenido acceso a audios y transcripciones de llamadas telefónicas en que secuestradores negocian la libertad de sus víctimas. Aunque proceden de diversas regiones del país, todas las llamadas se parecen: dejan la impresión de que los secuestradores han afinado una técnica, siguen el mismo manual: amedrentar con lenguaje brutal, fingirse ofendidos por la cantidad que se les ofrece, cortar la comunicación luego de avisar que van a ejecutar a la víctima, volver a llamar para dar a los familiares de los secuestrados “la última oportunidad”.

Si como quiere el INEGI, México es el país de los cien mil plagios –y no de los 1,317 que pregonan las autoridades–, los secuestradores han tenido ocasión de perfeccionar métodos infalibles. Esta es la transcripción de unas llamadas ocurridas el año pasado. ¿Tiene caso publicarlas? Apuesto que sí. Mirar de cerca este infierno de horror, de impunidad, de desamparo, no puede sino despertar la indignación.

–¿Entonces qué pues?

–Como te decía, apóyame, ayúdame a confiar en ti…

–Eso sí, pero no puedo dar otro paso.

–¿Cómo me ayudas a confiar en ti?

–Escúchame muy bien, así me den las cinco o las seis de la tarde te voy a decir que no, ¿entendiste? Para que te evites volvérmelo a decir, para que me evites que te miente la madre, para que me evites que te diga que eres un pendejo. Me lo vuelves a preguntar y va a ser no.

–¿Pero por qué no me quieres pasar a mi hijo?

–Porque es una orden.

–¿Tú tienes a mi hijo?

–No te me equivoques…

–Pues es que me habla uno, me habla otro, ¿yo cómo sé?

–Escúchame. A tu hijo se le levantó un lado, pero se lo llevaron a otro. ¿Sí entendiste? Ese es el motivo. No puede haber enlaces. ¿Ya me entendiste? ¿Ya me entendiste?

–¿Quién tiene a mi hijo?

–Oh, qué puta madre.

–Es que yo cada vez estoy peor…

–¿Tú sabes que los de la policía, los avances tecnológicos aún no logran reunir cachitos de un humano cuando lo hacen pedazos? ¿Si sabes que la puta policía no sabe hacer eso, o a poco sabes que hay policías que cuando descuartizan a alguien lo pegan y revive?

–No.

–Ah, pues entonces tú decídelo. Porque yo al patrón le voy a rendir novedad. Qué le digo: sí o no. Te hablo, cabrón, porque no le voy a salir con una mamada, ¿eh? A mí nada más dime, sí o no. Yo no le voy a dar tus explicaciones ni a poner mi cara a lo pendejo.

–Pero no entiendo… ¿y la otra gente que me habla para pedir dinero?

–Oh, qué tu puta madre. Fíjate que el otro día estaba en el centro, ahí en el mercadito, y había un viejito tirado en el piso vendiendo nopales. ¿Te digo una cosa? Qué buena plática me aventé con el señor porque tenía mayor razonamiento que tú. Porque con una vez que le decía las cosas las entendía. Tons yo me doy cuenta, o estás bien pendejo o no interesa. Una de dos. A ver dime cuál es.

–Cómo crees que no me va a interesar, hombre.

–Por eso, dime cuál de las dos.

–No es que no me interese. Lo que pasa es que desde mi desconcierto…

–A mí eso no me importa. Me vale si estás contento, si estás triste, si estás llorando, si estás crudo. Yo creo que la vida no tiene precio, ¿no crees?

–Claro, no tiene precio.

–Entonces lo que usted está ofreciendo es poco. Agradezca que se le está tomando en cuenta. Porque si no, así de sencillo, chinga a su madre con todo y su dinero.

–Yo nomás quiero… Pásame a mi hijo nada más.

–Me vuelves a decir lo mismo y el teléfono que traigo en la mano va a salir volando a casa de su puta madre y jamás vas a volver a recibir una llamada. Lo que vas a recibir son unas putas cabezas de tu familia dentro de una hielera.

–No, hombre, por favor…

–Entonces, para evitar que pasen esas cosas… deja tus putas actitudes y entrega el dinero como te lo voy a decir. Te doy la garantía de que todo va a salir bien.

–¿Qué garantía? Hablar con él nada más.

–Que no.

–Me dejas la impresión de que ya le pasó algo a él.

–Que te quede bien clarito, no lo vas a escuchar hasta que entregues el dinero. Así te revuelques, así te vayas de rodillas a la Villa, así te vayas a bailar a Chalma. Si no me entregas ahorita, como yo te indique, esos cien mil pesos, no te voy a matar a uno nada más. Te voy a completar la docenita. Hasta de la abuelita te voy a dejar la cabeza ahí tirada. ¿Entendiste o no entendiste?

–Entiendo.

–Te lo voy a preguntar por última vez. Me vuelves a salir con una mamada y te voy a colgar la llamada y ya voy a hacer mi trabajo. ¿Escuchaste?

–Sí, te escuché.

–Vámonos a entregar el dinero.

–Pero me dices si tú tienes a mi hijo. Yo lo hago todo como tú lo digas, pero…

–Mira, te voy a decir una cosa. ¿De qué color quieres que sea la caja del muerto, de qué color quieres la flores para el velorio?

–Por favor…

–Por favor, tu puta madre. Cuelga la llamada.

–No, espérame.

–Cuídeseme mucho, amigo, cuídeseme mucho.

–Espérame.

–No, no, ya me trajiste como pendejo como una hora. (Clic)

–¿Por que colgaste?

–No, yo no cuelgo, no cuelgo para nada.

–O quieres hablar con alguna otra persona.

–Con quien tenga a mi hijo, eso es todo.

–Ya habíamos quedado en algo, ¿cambiaste de decisión?

–No.

–Entonces, tranquilízate. ¿Ya tienes el dinero?

–Ya.

–Entonces tranquilízate y vámonos para el banco…

–En lo que no estoy tranquilo es en lo de mi hijo.

–Date cuenta que esto es una organización. Que si yo traigo el control en la entidad es por algo. ¿Eso te dice algo?… Ahorita son cien mil pesos. ¿Tú piensas que eso vale la vida de una persona?

–No, no tiene valor.

–¿Te digo una cosa? Ya no me iba a comunicar contigo, ¿eh? Pero no sé por qué puta madre agarré mi teléfono y vi tu nombre y dije a ver voy a echar una llamadita a ver qué pedo con este güey. Pero ahora me dices que ya tienes el dinero, ya estás en otra situación.

–Sí. Yo no te pongo resistencia.

–¿Qué resistencia puedes poner? Esto es una organización… y yo te aseguro que mi gente hace mejor servicio que la policía. Que te quede muy clarito. Te podemos matar a todos adentro de tu propia casa y que crees… que la policía no va a meter ni las manos. ¿Sabes por qué? Porque de menos les vamos a pagar medio año de sueldo, para que no metan las manos por ti. ¿Te lo demuestro?… Bueno, pues aquí lo único que falta es que tú me digas: “Ok, ya llevo cien mil pesos para el banco”…

Fuente: Héctor de Mauleón | El Universal


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