Estudiantes del 68, científicos de hoy

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Arturo Barba


A Ciencia Cierta
Milenio Diario
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El movimiento estudiantil de 1968 fue un movimiento básicamente protagonizado por estudiantes universitarios, pero en el que también participaron muchos profesores e investigadores de las instituciones de educación superior.

En esa época, la comunidad científica era muy reducida y su impacto en las necesidades sociales y la economía del país era muy limitado, casi tanto como ahora, sin embargo, la violencia con la que respondió el gobierno mexicano a las demandas de libertad y democracia afectaron la vida académica y científica del país.

El trágico y criminal desenlace con la masacre de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco (que recordamos esta semana) tuvieron un alto costo en la pérdida de confianza y credibilidad en el gobierno y en sus instituciones.

Por ello, a pocos meses de asumir la presidencia en 1970, Luis Echeverría intentó congraciarse con cierta parte de la comunidad académica del país y creó lo que ahora conocemos como Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Aunque en la ley de creación se estableció como su obligación el orientar las políticas en materia de ciencia y tecnología, asesorar a la presidencia y fomentar la investigación, en realidad fungió como una entidad encargada de controlar y premiar a nuestras “mentes más brillantes”.

Muchas cosas han cambiado en la vida académica y estudiantil del México actual. Algunos de los estudiantes y jóvenes profesores del 68, hoy son científicos consolidados que integran el Sistema Nacional de Investigadores (el promedio de edad es de 57 años y la edad media entre los de máximo nivel es superior a los 63 años).

Algunos de los científicos de hoy, contentos con la inoperancia del sistema científico mexicano, eran aquellos que protestaban en las calles hace cuatro décadas. Varios han abandonado sus sueños de juventud de poner el conocimiento al servicio del pueblo.

El movimiento estudiantil del 68 impulsó la incipiente democracia mexicana y la creación de algunas de las instituciones encargadas de impulsar el desarrollo científico, pero a 40 años de distancia es evidente que ni el Conacyt ni parte de los científicos han respondido a los retos que el país enfrenta.

Sin lugar a dudas, para que la comunidad científica se oriente a las necesidades de la sociedad se requerirá nuevamente de la participación de sus jóvenes, como ocurrió en el 68, y quizá de algunos investigadores y profesores.



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