“Por un fallo de cálculos, arruiné mis finanzas y ahora me persigue un despacho”

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Esther tiene varios compromisos financieroslos cálculos le fallaron y dejó de pagar uno de ellos.

El problema no hubiera ido más allá de no haber sido por una tarjeta que se define como totalera, en la que todos los consumos del mes deben ser pagados puntualmente.

Primero vino la solicitud de pagar el atraso, y después la amenaza: de no cumplir se cancelaría el plástico. Esther hizo el pago, pero de cualquier forma le cancelaron la tarjeta y el emisor pasó su caso a un despacho de cobranza que ahora solicita el pago total en una sola exhibición.

Debido a sus otros compromisos, Esther no puede pagar el total de la deuda, que en realidad no es muy grande: hoy asciende a 8 mil pesos.

Sin embargo, el despacho se ha empeñado en obligarla a hacerlo, con los métodos que ya conocemos: entre tres o cuatro llamadas diarias, incluso en horarios al límite de lo permitido por la Condusef.

Hoy Esther no está en condiciones de pedir un nuevo crédito para pagar lo que le solicitan, sería como un suicidio. No se niega a pagar, pero no puede hacerlo en las condiciones en las que lo solicita el despacho, pero ellos continúan presionando.

Buscó ayuda con reparadoras de crédito, incluso con la Organización Nacional para la Defensa del Deudor, sin embargo, ninguna le puede ayudar porque el monto de su deuda es muy pequeño.

¡Qué paradójico resulta que por lo pequeño del monto de la deuda nadie pueda brindarle ayuda!, ¿no?

Prácticamente está atada de manos, porque el emisor no permite una negociación: un plan de pagos, una reestructuración, nada, la única solución para ellos es el pago total en una sola exhibición, además el asunto ahora ya es del despacho.

Hoy la única opción que tiene Esther es aguantar las constantes llamadas, que bien pueden convertirse en acoso, y continuar pagando el dinero que debe, hasta por fin liquidar la deuda, entonces podrá respirar.

Una de sus mayores preocupaciones es tener un historial de crédito sano, el cual en este momento ya tiene una mala calificación, pero ella espera sanearlo, porque a largo plazo tiene la meta de solicitar un crédito hipotecario.

Ella como muchos mexicanos, la mitad para ser exactos, no leyó el contrato con las cláusulas que hoy la llevaron a esta situación y que han manchado su historia de crédito.

Las malas historias financieras tienen dos partes, como en las parejas, cada quien debe hacer su 50%: los usuarios saber perfectamente qué producto financiero están contratando, para evitar sorpresas, por su parte, las instituciones financieras deberían asegurarse que el usuario sepa los pros y contras que tiene cada producto, con ello, sin duda se evitarían muchas historias financieras de terror.

Sonia Soto

Fuente: Dinero en Imagen

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