Falta impulso para crecer

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 en Columnas invitadas, Finanzas

Enrique Quintana es economista egresado de la UNAM, se ha dedicado al periodismo y al análisis económico desde 1984. Hoy compartimos su columna publicada  en El Financiero.


En este espacio hemos reseñado con profusión los factores que frenan la economía y que han conducido a las revisiones a la baja en las expectativas de crecimiento del PIB.

Algunos piensan, sin embargo, que los datos recientes de la inversión y del empleo pueden ser indicios de que las cosas van a ir mejor.

Veamos.

El primer indicador es el singular comportamiento de la inversión en el mes de enero.

De acuerdo con cifras del INEGI, tras dos meses de caídas, en enero, el volumen de inversión creció en 1.1 por ciento en términos reales respecto al mismo mes del 2018 y en 8 por ciento respecto a la cifra de diciembre.

Es probable que una parte de este impulso se haya derivado del crecimiento de la inversión pública que, en enero, creció en 14.4 por ciento anual en términos reales.

Hay que recordar que la inversión pública representa aproximadamente el 14 por ciento de la inversión total, por lo que un crecimiento como el reseñado, representa alrededor de 2 puntos de la inversión total.

Es decir, para que el total sea un crecimiento anual de 1.1 por ciento de la inversión total, con una aportación de 2 puntos al crecimiento de la inversión pública, es probable que la inversión privada haya caído en 1 por ciento.

Para febrero, sin embargo, la cifra global de inversión seguramente va a regresar a números negativos tras la caída de 26 por ciento de la inversión pública en ese mes.

Ese puro efecto, implica un retroceso mayor al 2 por ciento en la inversión total.

Es decir, el buen resultado de la inversión al arrancar el año difícilmente permanecerá, por lo menos de acuerdo con las cifras de febrero que ya se conocen.

Ahora veamos el consumo.

Ayer, la ANTAD, la agrupación empresarial que representa al comercio moderno, informó de sus cifras a marzo.

En ellas se reporta un incremento de 0.6 por ciento nominal en las ventas a tiendas comparables. Si quitamos el efecto de la inflación, lo que tenemos es una caída real de 3.2 por ciento.

Los expertos señalan que una parte del retroceso deriva del hecho de que en este año la Semana Santa cayó en abril, mientras que el año pasado fue en marzo.

Pero, aun quitando ese factor estacional, es visible que hay una debilidad en las ventas minoristas.

Lo curioso es que ese desempeño no es consistente con el comportamiento de la masa salarial real del sector formal, que hasta el mes de febrero creció a una tasa de 6.9 por ciento en términos reales.

Este incremento deriva de un aumento de 3.1 por ciento en el empleo y de 2.9 por ciento en términos reales en el salario promedio con el que se cotiza al IMSS.

En el sector formal la gente tiene hoy un mayor ingreso real.

Sin embargo, no lo está destinando a consumir.

Hay un asunto de confianza. A pesar de contar con más recursos, muchas personas y familias están cuidando sus ingresos como si fuéramos a enfrentar una crisis en los próximos meses del año.

Si queremos que haya más consumo; que los comercios vendan más; que haya más pedidos para los fabricantes y luego más empleos que alienten de nuevo al consumo, es necesario que la gente tenga mayor disposición a consumir, con la certeza de que en el futuro tendrán un ingreso y un empleo.

Cuando hay duda respecto a ese futuro, es que la gente decide restringir su consumo, que es lo que hoy vemos en México.


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