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José Alfredo, el rey que enseñó a México a cantar de dolor

Sin conocimientos musicales y sin tocar algún instrumento, el autor de “Si nos dejan” es uno de los más ejecutados, incluso, para internautas es el mejor compositor mexicano de todos los tiempos

enero 22, 2016

Por Adriana Góchez*

Jose-Alfredo-Jimenez

El periodista mexicano Jaime Almeida decía que el 20 por ciento de las 208 canciones compuestas por José Alfredo Jiménez, tienen un “tufo alcohólico”. Surgieron del barrio, fiestas, cantinas y cabarés, donde siguen sonando porque el Hijo del Pueblo supo hacer de la soledad y el desamor una poesía popular, tal como lo reconocen Carlos Monsiváis y Fernando Savater.

“Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”, “me cansé de rogarle me cansé de decirle, que yo sin ella de pena muero” y “canto al pie de tu ventana pa’ que sepas que te quiero”, son algunos de los versos más escuchados en Plaza Garibaldi, donde desde millennials hasta personas mayores de 40 años cantan a todo pulmón con botella en mano.

“Todos nos piden canciones de José Alfredo Jiménez, a veces, los más jovencitos sin saber que él las compuso. Son cancionses que no pasan de moda, que no mueren y que están presentes en todas las clases sociales”, señala en entrevista con La Razón, David N., quien lleva 43 años cantando en Plaza Garibaldi, el lugar de juerga del compositor mexicano.

En innumerables ocasiones el originario de Dolores Hidalgo, Guanajuato, pasó sus noches cantando en El Tenampa, en Garibaldi, acompañado de su amiga Chavela Vargas. Hoy que se cumplen 90 años de su nacimiento, su música sigue tan vigente, que en una noche quienes asisten a esta emblemática plaza llegan a solicitar entre 20 y 30 de sus temas, de acuerdo con mariachis que dan vida a este sitio.

Para José Concepción Alvarado, quien ha tocado durante 45 años en Garibaldi, el Embajador de la música Ranchera se renueva al ser interpretado por otros cantantes como Alejandro Fernández. “En los 70 sus canciones eran muy solicitadas, ahora un poco menos, pero sigue estando presente”, refiere.

Sin conocimientos musicales y sin tocar algún instrumento, el autor de “Si nos dejan” es uno de los más ejecutados, incluso, para internautas es el mejor compositor mexicano de todos los tiempos, seguido de Juan Gabriel, Agustín Lara y Armando Manzanero, de acuerdo con una encuesta realizada por Consulta Mitofsky, en febrero de 2015.

El mismo Agustín Lara decía que con José Alfredo Jiménez “por fin alguien” le hacía sombra. El flaco de oro era consciente del talento de este músico que desde los 14 años empezó a componer canciones y que fue conocido a través de XEW-AM, emisora que lo llevó a la fama.

En 1950, con la grabación del tema “Yo”, alcanzó su primer éxito, luego vendrían otros logros con “Te solté la rienda”, “Camino de Guanajuato”, “El caballo blanco” y “Media vuelta”.

José Alfredo Jiménez es un enamorado sin remedio que también construyó un mito sobre él: sus recurrentes borracheras y las mujeres como inspiración. Junto con La Chamana llevaba serenatas a sus enamoradas.

Su primera musa fue su esposa, Paloma Galvéz, a quien le dedicó “Paloma Querida”; otras fueron Lucha Villa, a quien le compuso “Amanecí en tus brazos”, a Irma Dorantes, “Muy despacito” y Alicia Juárez, “Te solté la rienda”, por mencionar algunas.

También fue un creador de estrellas ya que sus canciones permitieron que artistas como Pedro Infante, Lola Beltrán, Miguel Aceves Mejía y Chavela Vargas, alcanzaron la fama por las dramáticas versiones que hicieron de sus temas.

Ahora, el llamado compositor de cantina, quien falleció el 23 de noviembre de 1973 a causa de una cirrosis hepática, sigue siendo “el alma de México, lo más profundo”. Los poemas de quien supo que “no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar” continúan en el imaginario de los mexicanos como lección o como tragedia.

Canciones a la luz de los cocuyos

Por Carlos Olivares Baró

La canción popular mexicana moderna descansa en cuatro soportes: Agustín Lara, Armando Manzanero, Juan Gabriel y José Alfredo Jiménez. Pero, de los cuatro, el guanajuatense ocupa un lugar primordial en el alma de los entregados a los efluvios del vino. La poesía es un enigma de enajenación: el compositor de “El Rey” supo conjugar imágenes de una gran belleza en que lo popular alcanza cima de valores universales. Juglar espontáneo: suerte de Garcilaso regalando cadencias de abrasadas pronunciaciones. “La media vuelta”, “Si nos dejan”, “Ella”, “Amanecí en tus brazos”, “De qué manera te olvido”, “Camino de Guanajuato”… Uno de los grandes momentos líricos de la canción hispana se encuentra en estos versos de “Las ciudades”: “Te quise amar / y tu amor no era fuego no era lumbre / […] / Las distancias apartan las ciudades / Las ciudades destruyen las costumbre / […] / Y sentí de tu amor / otra vez / La fuerza extraña”. Recordar las concurrencias del pasado oscuro de la amada con la urgencia del presente trazado en el desengaño del amante: “Y si quieren saber de tu pasado/ es preciso decir una mentira / di que vienes de allá de un mundo raro / que no sabes llorar / que no entiendes de amor / y que nunca has llorado”. Pocas veces se ha glosado la complicidad matrimonial con la franqueza con que lo hace José Alfredo en “Paloma querida”: “Por el día que llegaste a mi vida / Paloma querida, me puse a brindar; / y al sentirme un poquito tomado, / pensando en tus labios, me puse a cantar. // Me sentí superior a cualquiera / y un puño de estrellas te quise bajar / y al mirar que ninguna alcanzaba / me dio tanta rabia que quise llorar. // Yo no sé lo que valga mi vida / pero yo te la vengo a entregar / yo no sé si tu amor la reciba / pero yo te la vengo a dejar”. José Alfredo: coplero que nos marcó la espalda a la luz de los cocuyos.

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