La Calzada de los Misterios

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Calzada de los Misterios Siglo XVII

En la antigüedad, la ciudad de Tenochtitlan estaba comunicada con tierra firme mediante tres calzadas, la de Tlacopan, la de Iztapalapa y la del Tepeyac.

La calzada del Tepeyac fue construida por los tlatelolcas antes de su dominación por los de Tenochtitlan; partía de la puerta norte del recinto sagrado Acatliyacapan, y llegaba hasta Tepeaquilla, centro ceremonial de la diosa Tonantzin, que en tiempos de la conquista fue el asiento de los reales de Gonzalo de Sandoval en el asedio a la ciudad, de donde partió posteriormente para Tochtepec.

Esta calzada fue el lugar de paso del indio Juan Diego cuando venía de Tulpetlac a escuchar la misa de los primeros evangelizadores en Tlatelolco.

Paralela a esta calzada corría la calzada de Piedra o camino de Guadalupe, y cuando en 1604 se inundó la ciudad de México, a decir de fray Agustín de Betancourt en su Teatro mexicano, el virrey Marqués de Montesclaros, valiéndose de fray Gerónimo de Zárate y de fray Juan de Torquemada, aderezó la albarrada que construyó don Luis de Velasco y mando construir dos calzadas, la de San Cristóbal Ecatepec, que encomendó a fray Gerónimo de Zarate y la de Guadalupe a fray Juan de Torquemada, quien ocupó dos mil peones, realizando la obra en cinco meses con dos varas de altura y diez de ancho. Construyó además dos puentes, el del Consulado y el del río Guadalupe.

Por el año de 1675 fue nuevamente reparada por el fiscal Francisco Marmolejo y el doctor Isidro Sariñana con una anchura de 16 varas y una longitud de 3,500 varas de la aduana del pulque en Peralvillo al Santuario de Guadalupe.

Esta calzada de Piedra o camino de Guadalupe en el año 1675 cambió su nombre por el de Calzada de los Misterios debido a la construcción de 15 humilladeros como les llamaba el P. Francisco de Florencia, y que en un principio se pensó fueran verdaderas capillas, pero reconsideró el asunto el arzobispo fray Payo Enríquez de Rivera ya que no era conveniente ejecutar capillas en la vía pública.


Calzada de los Misterios 1904

Fue a instancias de don Isidro Sariñana, canónigo de la Catedral y prefecto de la Congregación de Nuestra Señora de Guadalupe y de don Francisco Marmolejo, cuando se empezaron a construir 15 ermitas hermosamente realizadas.

Cada misterio se proyectó en la forma que están actualmente, dentro del orden barroco, divididos en tres cuerpos; el de abajo como base, el de en medio con el ofrecimiento en piedra blanca y santos de bulto en los nichos de los costados, tratándose de San Onofre y San Jerónimo; en el cuerpo de arriba invariablemente una Virgen de Guadalupe bellamente tallada. En los tableros de en medio y superior bajorrelieves en cantera de piedra chiluca, razón de su desgaste natural al igual que las trabes y cornisas. El cuerpo superior ofrece únicamente una columnilla a cada lado de la Virgen, ya que el cuerpo de en medio tiene dos a cada lado, siendo dóricas o salomónicas, para terminar el cuerpo superior con un pequeño frontón triangular para obligar al remate de los que habían sido hermosas esculturas del apóstol San Pedro o del arcángel San Miguel.

En los proyectos iniciales se había pensado en la realización de rejas de hierro con vidrieras finas y cristalinas, dotadas de candado, situación que no se llevó a efecto.

El primer torreón se construyó y costeó por el padre Juan de Zepeda y su madre doña Jerónima de Zepeda, iniciándose el 24 de diciembre de 1675, terminándose el 26 de mayo de 1676. La ejecución fue del arquitecto Cristóbal de Medina quien cobró $ 1,415.00 por el primer misterio de la Encarnación del Divino Verbo, que se dedicó el 24 de mayo del mismo año.

La mayoría de los misterios fueron costeados con donativos considerables como los de don Santiago Zurricarday, don Juan y doña Jerónima Zepeda y con las limosnas de los fieles, siendo concluidos en su totalidad el 14 de agosto de 1676; cinco eran Gloriosos, cinco Dolorosos y cinco Gozosos, de los que únicamente quedan ocho y con la necesidad de repararlos antes de que desaparezcan.


* La Villa de Guadalupe. Horacio Sentíes. Pórtico de la Ciudad, 1991.


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