La mirada de un inglés

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Henry George Ward en México*

En 1825, Henry George Ward emprendió su segundo viaje a tierras americanas con el cargo de ministro plenipotenciario de la corona inglesa en México; era acompañado por James Morier, agente diplomático. Zarparon el18 de enero a bordo del buque Egeria de Su Majestad británica, comandado por el capitán Roberts.

Ward venía a México como enviado del rey de Gran Bretaña para dar a conocer un tratado de suma importancia para la nación mexicana, la que en su breve historia como nación independiente había considerado como una de sus prioridades recibir el reconocimiento de su independencia por parte de las naciones europeas, esfuerzo obstaculizado por la pertinaz negativa de la Corona española que no se resignaba a perder sus colonias americanas.

La travesía resultó tan larga que, apenas llegó a Veracruz el 11 de marzo, unos días después emprendió su traslado a la Ciudad de México. Gracias a la experiencia adquirida en su anterior viaje a territorio mexicano, en 1823, su equipaje estaba repartido en pequeños paquetes para facilitar el viaje en mula, y emprendió la marcha en una litera con el fin de preservar la salud de su esposa, embarazada de su primer hijo.

Ward y sus acompañantes hicieron varias escalas antes de arribar a la capital, como Jalapa, Puebla y Cholula; sobre cada lugar visitado, el viajero nos ofrece una bella y detallada descripción del paisaje, las costumbres, la población y la historia.

La firma del tratado comercial, con el que finalmente Gran Bretaña reconocería a México como nación independiente fue el centro de atención de Ward y su acompañante durante los primeros días de su estancia en la capital, hasta su firma el 6 de abril de 1825. Morier regresó a Gran Bretaña llevando consigo el tratado para ser ratificado por el parlamento inglés y Ward se quedó por dos años más en nuestro país como encargado de negocios.

Durante su estancia en México, Henry Ward realizó varios viajes, sobre todo por las zonas mineras del país, con la intención de recabar información útil para su gobierno; sin embargo, Ward se interesó por múltiples temas, como la economía, la geografía, la sociedad mexicana y la historia del recién independizado país.

A su regreso a Inglaterra, en 1828, Henry George Ward publicó en la ciudad de Londres su libro México in 1827, His Majesty´s charge d´ affaires in that country during the years 1825, 1826 and part of 1827, libro en dos tomos, impreso por Henry Coulburn, con ilustraciones realizadas por su esposa, quien lo acompañó durante sus viajes por el interior de México; el propio Ward alaba la labor de su esposa en el prefacio de su obra:

“Todos los dibujos fueron trazados en el mismo lugar, muchos de ellos en circunstancias que a la mayoría de las personas hubieran hecho desistir del intento”.

La obra de Ward tenía un objetivo principal: hacer un informe del estado de las minas y del potencial minero de nuestro país; para eso Ward viajó por los estados de Jalisco, Guanajuato, Zacatecas, Aguascalientes, Durango, San Luis Potosí, Estado de México, Puebla y Michoacán. No obstante, basta echar un vistazo al índice de su libro para verificar que los temas de su interés fueron mucho más variados.

Ward inició su obra con un estudio sobre la geografía, la geología y el clima del país, después se adentró en la composición étnica de la población, más tarde estudió parte del régimen colonial y la guerra de independencia, para terminar con el estado político de México en la época en que estuvo en su territorio. El tomo segundo está dividido en dos, la primera parte es el estudio de la minería y la segunda parte narra los viajes del propio Ward por el país.

Como gran observador de la realidad mexicana, cuando abandonó el país en 1827 llevaba consigo un sinnúmero de notas y reflexiones sobre la realidad de la joven nación y aunque su libro está plagado de juicios propios de la época, de la formación puritana, del origen e inclusive de los propósitos del autor, la obra de Ward nos brinda un excelente ejemplo de cómo era visto nuestro país y su historia por un viajero inglés que, más allá de sus intenciones, dedicó tres años de su vida a tratar de entenderlo.


* Revista Relatos e Historias de México, febrero 2011


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