La otra cara del amor

Publicado el 1 junio, 2012


Luis M Cruz
Pentagrama | Eje Central

1. La otra cara del amor.

Tras el debate, ha sido cada vez más evidente que la campaña de Josefina Vázquez Mota ha ido perdiendo ímpetu y caído al tercer lugar en las preferencias. En ese sentido, más por la caída de Vázquez Mota que por el crecimiento de López Obrador, la campaña de las izquierdas se ubicó en el segundo lugar, si bien aún a una distancia considerable del puntero, Enrique Peña Nieto.

El cambio en la correlación de fuerzas desató una oleada de expectativas, sobre todo entre los jóvenes universitarios, pero también en otros segmentos, que han puesto en práctica los recursos usuales en las protestas de los movimientos urbano-populares que de tanto en tanto suelen asolar a la ciudad de México.  De esta forma hemos visto el surgimiento de un nuevo tipo de mítin electoral, el que se realiza “en contra” de uno de los candidatos, así como el acoso de inconformes en los recorridos y eventos del adversario político que antes sólo se veían en las actividades de presión directa de los grupos contestatarios.  Este tipo de acciones directas fue común verlos durante la toma de las calles de la ciudad de México en 2006, cuando diversos “piquetes” cercaban embajadas, edificios oficiales o cuestionaban a funcionarios gubernamentales; fue también la actitud porril utilizada contra el titular del Ejecutivo Federal cuanta vez tenía que ir al Congreso, al grado que en el último informe del presidente Fox no le fue posible ya ingresar a la sede de la Cámara de Diputados en San Lázaro.

Ahora, impelido por el lugar que ocupa en las encuestas, por la imaginación juvenil y el poder de las redes sociales, la protesta contestataria se ha utilizado eficazmente en contra del candidato puntero; inició en el encuentro con estudiantes en la Universidad Iberoamericana, en donde, espontáneamente o no, el cuestionamiento frontal desdibujó cualquier otra intención proselitista.  Cuidando que se percibiera como una expresión de la sociedad civil –así decían las convocatorias, en que se ha insistido mucho en sostener la autonomía y genuinidad de las expresiones de inconformidad–, se pasó muy pronto de la expresión de inconformidad por el sesgo informativo en las televisoras a abiertas marchas a favor de la campaña del señor López.  Así, como suele suceder en política, si las marchas parece que favorecen a López Obrador, es que están convocadas en ese sentido.  Es común ver en las movilizaciones una mezcla de estudiantes, pero también de activistas del SME, de las bases proAMLO de la UNAM y de la Universidad de la ciudad de México.

En el fondo, lo que las movilizaciones están mostrando es el verdadero rostro del amor propalado por Andrés Manuel López Obrador: un amor en el que el odio está a un solo paso, pues si no se comulga con él, se está contra él.  No es muy complicado ver en las referidas redes sociales la profusión de insultos y descalificaciones con que reaccionan los paquetes de “bots” apoyadores de las izquierdas.  Ahí no funciona aquella máxima de Voltaire, en el sentido de “no estar de acuerdo con lo que dices o piensas, pero defender hasta la muerte el derecho a expresarlo”.  De la consigna amorosa, lo que ha derivado es intolerancia y un ambiente hostil, enrarecido, de insultos y diatribas, un mal caldo de cultivo en donde cualquier cosa podría suceder.  La consecuencia es que, más que analizar y  contrastar ideas y propuestas de los candidatos que ayuden a los electores a normar su decisión en las urnas, los medios de comunicación registran los lances, las piruetas y los roces propios de una campaña de odio.

2. A dos manos.

En similar sentido de intolerancia y hostigamiento, la campaña azul prosigue la línea de una campaña negra, saludando y celebrando las expresiones anti Peña Nieto, al tiempo que golpeando la credibilidad y el sentido de un posible retorno del PRI al Gobierno de la República.

Coincide en ello con la acción de la justicia, que se ha cebado en las lacras de algunos ex servidores públicos que cometieron abusos en el ejercicio de sus cargos en los casos del ex tesorero del gobierno de Coahuila, Javier Villarreal, y el ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, que, requeridos por la justicia norteamericana en el contexto de la cooperación interinstitucional con la PGR para perseguir el lavado de dinero, dado que los recursos judiciales permiten sostener y generalizar las sospechas sobre una conducta que el PRI no avala en sus militantes, como lo ha dejado claro al exigir que todo trasgresor responda por sus hechos ante la ley.  En todo caso, las actuaciones judiciales permiten al discurso  del PAN nutrirse de evidencias para tundir y descalificar a dos manos al PRI, como si tales prácticas fueran sólo privativas de este instituto político.

Al respecto, el ex gobernador de Baja California, Narciso Agundez, del PRD, fue detenido en Nuevo León acusado de peculado por más de 50 millones de pesos derivado de la venta fraudulenta de terrenos gubernamentales, y en el terreno del PAN, los ex gobernadores de Morelos, Sergio Estrada Cajigal; de Querétaro, Francisco Garrido Patrón, y de Yucatán, Patricio Patrón Laviada,  tienen también cuentas pendientes con la justicia, por si ésta se decidiera algún día a actuar con imparcialidad.

Ciertamente, la campaña de Josefina Vázquez Mota, a treinta y cinco días de los comicios, está entrando en una fase de desesperación, buscando crearle negativos al teflón que rodea al candidato del PRI. Quizá ha encontrado la manera de erosionar el aura de invencibilidad de Enrique Peña Nieto, pero en todo caso, no le ha favorecido, llevando los puntos perdidos por ésta a la cuenta del adversario histórico de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador.

En todo caso, como bien dijera el presidente Felipe Calderón, a él la campaña le está saliendo barato, pues las críticas y el combate entre los partidos no se está dando para enjuiciar la labor de su gobierno, magro en resultados y envuelto en una incontenible espiral de muerte y violencia, sino para detener al PRI en lo que parece ser una marcha incontenible hacia Los Pinos.

3. ¿Alianza útil Perrepán?

Esta última posibilidad constituye la profecía autocumplida del resultado más probable en las elecciones del 1º de julio.  Que Enrique Peña Nieto gane por una holgada mayoría y que, además, el PRI-Verde también constituya una mayoría clara en el Congreso.

Para enfrentarla, la velocidad de los acontecimientos está configurando una alianza útil del PAN con el PRD.  Prácticamente desde el inicio de la campaña, la artillería de López Obrador se ha enfocado contra el ex gobernador del Estado de México, cesando en las imputaciones que tuviera durante todo el sexenio contra el “ilegítimo” titular del Ejecutivo Federal.  De hecho, al ser candidato de la coalición de izquierdas cesó de ser presidente legítimo.  Y, como por arte de magia, la Presidencia de la República dejó de antagonizar a López Obrador.

Paralelo a ello, es evidente el enfriamiento en la relación de la Presidencia con la candidata oficial, se percibe a un relajado presidente Calderón bromeando sobre lo insólito de una campaña que no ataca los resultados de un gobierno que ha dejado mucho que desear y que estaría de lujo para cualquier partido de oposición que exigiera una rendición de cuentas ante las urnas, y festinando que las marchas de las izquierdas se realicen contra “otros actores políticos” y no precisamente en contra de la derecha en el ejercicio del poder.

Todo ello nutre el rumor que corre en el PAN: la candidata Vázquez Mota se ha desfondado y, al no concretarse la posibilidad de sustitución de la candidatura, entonces estaría procediendo el llamado al voto útil.  Ya lo pidió directamente López Obrador, ha sido sugerido por Germán Martínez y, tras la fuga al PRI de buena parte del foxismo con Manuel Espino, los hechos están configurando a la única candidatura posible de beneficiarse con el voto útil en la lógica de detener al PRI, que es la de Andrés Manuel López Obrador.

Por increíble que parezca, la recta final apunta a ser un duelo entre oposiciones, anticipándose lo inevitable, que es la derrota del partido en el poder, pero con este último aún en condiciones de determinar quién será el vencedor.  Si se obstina en apoyar hasta el final a su candidata, al dividirse la elección en tercios el ganador sería indiscutiblemente el tercio mayor de Enrique Peña Nieto; si, por el contrario, entra en la lógica del voto útil, entonces el resultado no estaría tan a la vista y Andrés Manuel podría alcanzar y rebasar al puntero.  ¿Qué le convendría a Calderón y qué le convendría al PAN?  A Calderón podría interesarle una transición de gobierno que le permitiera aspirar a una ex presidencia tranquila, pero el PAN podría requerir contar con una posición fuerte en el Congreso.  De cómo se defina esta cuestión dependerá el comportamiento del llamado “sistema PAN” en la recta final de las campañas.

4. Dos escenarios.

El reporte de la encuestalia ratifica, en opinión de los propios encuestadores, lo que ha sido la tendencia después del primer debate: que el puntero indiscutible sigue siendo Enrique Peña Nieto; que Andrés Manuel y Josefina Vázquez Mota se disputan el segundo lugar, con preponderancia del primero sobre la segunda; que Gabriel Quadri creció y estaría asegurando la sobrevivencia del PANAL y, lo más relevante, que la distancia entre el primer y segundo lugar se ha ido cerrando.

El tamaño de la brecha entre el primero y segundo lugares es lo que puede alimentar la competitividad de la elección.  Según Demotecnia de María de las Heras y Rafael Giménez, del cuarto de guerra de Josefina Vázquez, la brecha se ha cerrado a un dígito; ocho puntos para la primera entre Peña Nieto y Andrés Manuel; y cuatro puntos (otra vez, como lo decía Mercaei) entre Peña Nieto y Josefina Vázquez.  Tan sólo el hecho de que ambas mediciones reportan datos distintos sobre el segundo lugar es prueba de su inverosimilitud, pues ahí sí el orden de los factores altera el resultado.

Ambos encuestadores apelan a la legitimidad originaria, pues Demotecnia en 2000 previó el triunfo de Fox, en tanto que Giménez  hizo lo propio con el cerrado triunfo de Calderón en 2006, datos que, por cierto, no son garantía de que ahora tengan la razón. Si estas mediciones fueran correctas, entonces el escenario del 1º de julio se estaría cerrando a tercios, apuntando a una situación postelectoral tan compleja como la vivida en 2006 que llevará inevitablemente a la feria de descalificaciones y a la decisión final del Tribunal  Electoral del Poder Judicial de la Federación.

En el segundo escenario, el grupo de encuestas más visibles, integrado por Consulta Mitofsky, Parametría, GEA/ISA, BCG-Excelsior y Buendía/Laredo-El Universal, consideran una ventaja del puntero, Enrique Peña, superior a 20 puntos sobre su más cercano competidor, que es irrecusablemente Andrés Manuel López Obrador.  Esta eventualidad es sin duda la que aliena a los detractores de Peña Nieto, sean jóvenes, del gobierno o de las candidaturas que ven lejanas las posibilidades de remontar.  En esta posibilidad, de lo que se trataría es de arruinar la profecía y, si para ello se requiriera el llamado al “voto útil” en una nueva santa alianza perrepán para detener al PRI, es lo que veremos en los próximos días como una profundización de la campaña negra y la movilización antiPeña que se ha estado cocinando.

5. Hacia el segundo debate.

El PRI no está inerme.  Tampoco cruzado de brazos. Pudo haber ido a una escalada y confrontar a los detractores, pero el partido ha aprendido bien de los años de oposición y del sinsabor de la agitada contienda de 2006: la división, la polarización y las diferencias irreconciliables dañan, en primera instancia, al país y  los ciudadanos. Para el PRI, la lección es clara: la gente está cansada de pleitos y confrontaciones estériles, lo que quiere son soluciones que le permitan vivir en paz y resolver sus problemas, aspirando a una mejor calidad de vida.

De ahí los reiterados llamados a la serenidad, a evitar la confrontación y eludir la ruptura del candidato Peña Nieto. En el mismo sentido se mueve la campaña al Congreso, impulsada por el senador Manlio Fabio Beltrones, poniendo por delante la necesidad de discutir una agenda para una nueva era en el desarrollo del país, con temas que abordan las llamadas “reformas estructurales” y otros más de interés nacional.  En ese sentido, avanzar en la reforma hacendaria integral, sin pensar necesariamente en el camino fácil y recurrente de elevar los impuestos; impulsar la profundización de la reforma energética, integrando a Pemex a una nueva era de competitividad y de relación con la inversión privada sin privatización ni cesión de soberanía en materia del petróleo; dar paso a la reforma social, a partir del fortalecimiento de la salud, la vivienda y la educación de los mexicanos; garantizar la seguridad pública con los instrumentos necesarios para dar resultados contra la delincuencia y la impunidad; y perfeccionar las instituciones democráticas, con una reforma electoral que aborde la vida de los partidos y la integración del Congreso, entre otras.

La campaña del PRI intentará transitar, como lo han planteado, con base en propuestas, buscando eludir el lodazal en que los adversarios han buscado convertir la elección presidencial, buscando tender puentes para “el día después” (cuando, dice Peña Nieto, partidos y candidatos debieran guardar las navajas y participar en la construcción de un nuevo gobierno).  Sobre estas bases, el candidato de la coalición Compromiso por México se encamina hacia el segundo debate que, con un nuevo formato, sin edecanes y con una conducción más apropiada políticamente hablando, se realizará el próximo 10 de junio en Guadalajara, Jal.  Es obvio que ni el camino ni el debate serán tersos, aún falta mucho lodo por recorrer.

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