Las reinas del narco

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Más allá de las teorías que presumen una revancha de Joaquín Guzmán, la detención de Clara Elena Laborín Archuleta, esposa de Héctor Beltrán Leyva y presunta jefa del cártel de los Beltrán Leyva, apunta a un hecho real: el empoderamiento de las mujeres dentro de la estructura de los cárteles de las drogas.

Y es que cada vez son más las mujeres que están tomando el control de la estructura criminal de los cárteles que operan en todo el país.

En la mayoría de los casos, obedece al parentesco o a la relación sentimental sostenida con los jefes criminales, pero también existen registros de algunas que han ascendido en la escala delincuencial por sus propios “méritos”

En las estructuras criminales las cosas están cambiando. Así como en el mundo las mujeres han conseguido más espacios, en los cárteles de las drogas también.

Así, las mujeres que antes solo tenían funciones administrativas como lavado de dinero o de informantes, ahora se han convertido en parte activa de la delincuencia organizada, situación que en la mayoría de los casos ha sido alcanzada luego que sus parientes o amantes jefes de cárteles fueron abatidos o detenidos.

El primer caso histórico de una mujer que asumió el control del grupo delictivo, en el que solo era colaboradora para convertirse en la jefa del crimen, se registró en Guerrero.

Entre 1988 y 1991, Martha Palacios Rodríguez, esposa del narcotraficante Oliverio Chávez Araujo, se hizo del control del trasiego de goma de opio, quedando bajo su mando el cártel fundado por su marido.

De acuerdo a fuentes de la Procuraduría General de la República (PGR), la presencia de las mujeres dentro de los cárteles de las drogas es cada vez mayor. De los 7 mil 066 detenidos y procesados por Delincuencia Organizada, entre enero del 2007 y abril del 2015, por lo menos el 22 por ciento fueron mujeres.

En el 2006, cuando se inició formalmente con la guerra contra el narcotráfico, tras definir la figura delictiva de Delincuencia Organizada y Fomento al Narcotráfico, la PGR procesó solamente a 28 mujeres por ese delito, frente a los mil 320 hombres acusados del mismo ilícito.

Hasta el último día de abril del año pasado, dijo una fuente de la PGR, el número de mujeres procesadas, a las que se les imputaron actos de colaboración para el Fomento al Narcotráfico y Delincuencia Organizada, fue de mil 554 personas, y al menos 780 se consideraron jefes de célula, jefes de plaza o llegaron a tener mandos decisivos dentro la estructura de algún cártel.

Sicarias efectivas

La inclusión de mujeres en las actividades criminales de los cárteles de las drogas no ha sido fortuita.

De acuerdo a la versión del testigo protegido conocido como “El Pitufo”, “es común el uso de mujeres como sicarias, porque son más efectivas y menos problemáticas que los hombres”.

Bajo ese principio, desde el 2010 el Cártel de los Zetas integró un grupo de sicarias, todas menores de edad, a las que se les llama “Las Cachorras”.

Tras cinco homicidios, cualquiera de “Las Cachorras” pasa a formar parte de “Las Panteras”, las que se consideran aptas para sumir el mando de las células locales, en los estados en donde mantiene presencia ese grupo delictivo.

El ejemplo de Los Zetas ha cundido en otras organizaciones criminales.

Dentro del Cártel del Golfo se ha integrado el grupo de mujeres asesinas que se denomina “Las Hienas”, en tanto que en el Cártel de Juárez se cuenta con el sector femenil de homicidios denominado “Las Aztecas”.

De acuerdo a la versión de la PGR, entre “Las Cachorras” ‘más sanguinarias se encuentra Ana Karen Cuevas Pérez, detenida el primero de mayo del 2012 en Hidalgo, y era pareja sentimental de Hernán Ramos, jefe de plaza de Los Zetas.

Ella tenía la función de secuestrar y asesinar, junto con Verónica Nájera, a todos los enemigos del cártel.

Se les sigue proceso por 18 homicidios.

Otra de las mujeres de guerra de Los Zetas es Mireya Moreno Carreón, apodada “La Flaca”.

Ella fue detenida y procesada por ser la jefa de plaza del municipio de San Nicolás de los Garza, Nuevo León. Actualmente está procesada por los delitos de tráfico de estupefacientes, homicidio calificado, portación de armas exclusivas de las fuerzas federales y Delincuencia Organizada.

Mujeres al mando

Clara Elena Laborín Archuleta no es la primera mujer a la que el Gobierno federal reconoce al mando de una organización criminal de la magnitud de un cártel.

Enedina Arellano Félix es reconocida por la PGR y la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) por ser la más importante mujer que controla un cártel de las drogas, el de los Hermanos Arellano Félix.

Antes que Enedina, fue Sandra Ávila Beltrán “La Reina del Pacífico”, la que encarnó el poder de las mujeres en el cártel de Sinaloa.

Aunque fue capturada el 28 de septiembre del 2007 y liberada el 7 de febrero del 2015.

Mantuvo el control de las rutas de las drogas entre Colombia y Estados Unidos.

A la lista se suma la “Güera Loca”, Yesenia Pacheco Ramírez, jefa de sicarios del Cártel del Golfo, capturada y decapitada en julio del 2014 por un comando de Los Zetas.

Controló por cinco años todos los secuestros y extorsiones ordenados desde la cúpula del Cártel del Golfo.

Otra mujer importante dentro de la estructura criminal fue Carolina Rueda Martínez, “La Pantera”, quien asumió el control de Los Zetas en Pachuca, Hidalgo, luego que su pareja sentimental, Héctor Hugo Espiricueta, “El Comandante Leo”, fuera detenido.

Fue apresada el 18 de abril del 2011 bajo la acusación ordenar la ejecución de 23 personas.
Elizabeth Garza es otra jefa importante del narco. A sus 61 años de edad, la DEA la ha ubicado entre las 15 criminales más buscadas del mundo.

Se le liga con el Cártel del Golfo, con operaciones que permiten el trasiego de cocaína de Tamaulipas a Texas, además de ser responsable de secuestros, extorsión y al menos 12 homicidios en Texas.

J. Jesús Lemus

Reporte Índigo


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