Los escombros del DF

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Los escombros del DF

Del asombro inicial, de no comprender lo que había sucedido, a la angustia de no saber si familiares y amigos estaban sepultados bajo los escombros. Los días 19 y 20 de septiembre de 1985, tras el terremoto y con sus subsecuentes réplicas, los defeños recorrían una ciudad en pánico: 30,000 viviendas destruidas, 68,000 más con daños estructurales, 400 edificios colapsados… 1.2 millones de vecinos 
—la mayoría, asentados en la delegación Cuauhtémoc— quedaron sin energía eléctrica durante varios días. El restablecimiento de la telefonía, la telegrafía y el correo postal, además de la señal de televisión, fue lento y oneroso.

En esas horas, entre los damnificados permeaba un profundo sentimiento de impotencia, de abandono, soledad. Al mismo tiempo, los encargados de las instituciones mostraron que no tenían arrestos suficientes para afrontar la tragedia: la militarización de las calles con el pretexto de evitar la rapiña, la complicidad de la prensa con las falsas verdades del gobierno federal…

Sin el gobierno, la solidaridad de la gente se transmitió por las ondas hertzianas. Reporteros que en aquella época hicieron crónicas de los hechos recuerdan a sus colegas fallecidos en Televicentro, Ernesto Villanueva y Félix Sordo. Y precisan que la narración de Jacobo Zabludovsky —quizá el único periodista que tenía automóvil con teléfono satelital— fue transmitida por la W.

Sin teléfonos ni telégrafos, la urgencia era la comunicación entre las familias y Radio Red, que contaba con la mayor infraestructura física y humana —tenía helicópteros y motocicletas—, rápidamente asumió ese rol y también se convirtió en el articulador de la recolección de víveres para los albergues, escuelas y hospitales que brindaban asistencia a damnificados, fue su verdadera aportación. Aunque no fue la única, casi todas las emisoras habladas se sumaron al servicio de enlace ciudadano.

La radio asumió el liderazgo informativo que mantiene, hasta ahora. José Gutiérrez Vivó se convirtió en el locutor más escuchado y también en la voz de los movimientos sociales. Los industriales de la radio descubrieron el liderazgo político que les daba asumir las demandas sociales y los programas de noticias se multiplicaron. Los empresarios recibieron grandes ganancias. El poder político les sirvió para chantajear al gobierno y obtener otros beneficios a cambio de la libertad de expresión.

Los sismos de 1985 significaron un momento bisagra en la historia de la ciudad de México, que recuperaría su “normalidad” mucho tiempo después. En el terreno político-electoral, nada volvería a ser como antes. Una generación de funcionarios priístas se colapsó, por su despotismo y su displicencia, pero sobre todo, por su incapacidad para atender a los damnificados.

Guillermo Carrillo Arena, cercano a Los Pinos, fue un efímero secretario de Desarrollo Urbano y Ecología. ¿Quién se acuerda de él o de Gabino Fraga Mouret o de Enrique Ortiz Flores más que por su indolencia e insensibilidad ante la tragedia?

El caos gubernamental desplazó a la vieja guardia que rodeaba a Miguel de la Madrid. El equipo que entró al relevo —que respondía a Carlos Salinas de Gortari— se complementó con algunos tecnócratas y políticos locales en ciernes, para encausar la reconstrucción. De esa generación surgieron los extintos Manuel Camacho Solís y Jesús Salazar Toledano, quienes junto con Manuel Aguilera tomaron las riendas de la ciudad. En segundo plano estuvieron Elba Esther Gordillo (había sido electa diputada federal en el distrito II, que cubría Tlatelolco y la Guerrero), Enrique Jackson (quien era delegado en la Cuauhtémoc), José Encarnación Alfaro, Roberto Campa Cifrián…

Esa clase política que falló en las tareas de rescate no es muy diferente al establishment que no ha podido encontrar una solución… ¡30 años después!. Allí están los campamentos de damnificados que aún subsisten en Lindavista o la colonia Roma Sur, o las construcciones que nunca pudieron derruirse por la resistencia de los inquilinos. La Unión de Vecinos Nueva Tenochtitlán y la Asamblea de Barrios encumbraron a René Bejarano, Dolores Padierna, Javier Hidalgo, Marcos Rascón y un cúmulo de dirigentes que después militarían en el PRD. A partir de 1988 —no obstante el “fraude patriótico” que evitó el arribo de Cuauhtémoc Cárdenas a Los Pinos— concentró un voto ant-PRI que consolidó un bastión electoral para la izquierda partidista; antes para el PRD y ahora para Morena. En la política surgieron movimientos sociales que inevitablemente terminaron vinculados a los partidos.

Hace 30 años, también ocurrió la reconstrucción de Televisa. El derrumbe de Televicentro cobró 77 vidas humanas; la gran mayoría, personal de las áreas de audio y video que trabajaban en la redacción, en el piso y en los archivos. También se perdió la impresionante colección de piezas prehispánicas que Emilio Azcárraga albergaba en una especie de museo privado, que abría sus puertas para invitados especiales.

Apenas dos unidades móviles habían quedado útiles en el estacionamiento del edificio de Avenida Chapultepec. Zabludovsky, en su Mercedes-Benz, encabezó la cobertura informativa, mientras que Ricardo Rocha peleaba con los empleados de seguridad, que le impedían remover los escombros para tratar de rescatar a sus compañeros. Al mediodía, El Tigre ya estaba al frente de la reconstrucción de su emporio.

A tres décadas de los sismos, la capital mexicana está en ruta de convertirse en una ciudad de adultos mayores, más que de jóvenes, con familias disfuncionales y matrimonios entre personas del mismo sexo. El DF, por decreto del jefe de Gobierno, logró revertir su despoblamiento y en los últimos tres lustros ha maximizado su condición de megalópolis compleja e injusta en su distribución de riqueza y trabajo.

Alberto Aguirre M.

El Economista

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