
Clara Gaytán dependió hasta 2008 de la pipa que cada mes le costaba 900 pesos, pero dejó de lado ese gasto desde que el diseñador industrial Enrique Lomnitz le instaló en 2009 un colector pluvial.
Con el nuevo sistema, el suministro de agua para Clara y su familia dejó de ser un problema, por lo menos durante los seis meses de temporada de lluvias y durante un mes adicional de almacenamiento.
Sobre la azotea de una habitación en la casa del Ajusco Medio, a la altura de Six Flags, con una extensión de 10 por 7 metros, impermeabilizada y barrida a diario para reducir polvos, en donde escurre la lluvia, Lomnitz instaló dos tuberías de plástico PVC, una conectada a una cisterna y otra al drenaje, para derramar los excedentes.
Construir una cisterna tradicional subterránea habría costado 20 mil pesos, así que en forma semejante a una alberca infantil portátil, fue adquirido con 9 mil pesos un depósito de geomembrana, reforzado con una red metálica a modo de estructura circular, en donde la tormenta de una tarde guarda 8 mil litros de agua pluvial.
Antes de usarlo en la cocina, la regadera y la lavadora, el caudal de lluvia es ligeramente clorado y sometido a dos filtros convencionales, que costaron 6 mil pesos.
"También tengo mi toma a la red, me entregan un poquito por tandeo, una o dos veces por semana, pero es turbia y en cambio el agua de lluvia es limpia y me deja lavar la ropa blanca sin ningún problema.
"Estoy fascinada con este sistema de aprovechamiento de la lluvia, después de que toda mi vida sufrí la escasez del agua", contó doña Clara, a quien el diseñador industrial conoció de niño, cuando ella trabajaba en su casa.
Para preservar el mayor líquido posible, de la cisterna el agua de lluvia es bombeada hacia cuatro tinacos y seis tambos. El agua usada en la lavadora de ropa y la limpieza de trastes es conservada para los sanitarios. "Tirarla sería un crimen", apuntó doña Clara.
Egresado de la Escuela de Diseño de la Universidad de Rhode Island, en Estados Unidos, Enrique elaboró su tesis sobre colectores de lluvia en comunidades.
"Era una teoría hasta que Clara me permitió hacer mi primer sistema en su casa", contó Lomnitz, quien desde entonces ha instalado 40 captadores pluviales.
Después conoció a Jenniffer White y David Mark Vargas, quien realizó su maestría también en captación de lluvia y con ellos conduce ahora la empresa Solución Pluvial y la asociación civil Isla Urbana.
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