
La historia de obstáculos de Óscar comenzó horas antes de su boda. “Lo único que recuerdo es que volteé y vi el faro prendido de mi casa”, cuenta. Iba a entregar la motocicleta con la que trabajaba de mensajero. Dieciocho días después, despertó del coma en una cama de hospital y sin una pierna.
Desde el 11 de octubre de 2008, el día del accidente, ha tenido que adaptarse no sólo a sus nuevas condiciones de vida, sino a una ciudad que no está pensada para las personas con discapacidad.
En el DF existen 3 mil 584 autos que portan una matrícula vehicular y el emblema universal de “discapacitado”. Pero hay quienes, debido a los múltiples trámites obligatorios para tener esa placa, sólo portan una calcomanía en el parabrisas o el medallón que, la mayoría de las veces, no se respeta.
Como Óscar Escalera, muchas personas con discapacidad se mueven solas en sus autos adaptados por su propia inventiva. El suyo es un Cougar amarillo automático, con más de 15 años y que presume en calcomanías su gusto por los Rolling Stones y Los Beatles.
Obstáculos físicos y legales
“Ya me las arreglo para subirme y bajarme solo, eso es lo más fácil”, dice mientras echa el respaldo del asiento hasta atrás, se acuesta y con sus anchos brazos jala su silla de ruedas que viaja en el asiento trasero. La pone junto a la puerta, se agarra del asiento y en un breve impulso cae sentado en la silla móvil.
El espacio donde estaciona es la calle pues, aunque es el Centro de Servicios Administración de Cuautitlán Izcalli, no hay estacionamiento; mucho menos para las personas con discapacidad.
Va hacia la Procuraduría en Defensa del Trabajador, donde lleva una demanda contra la empresa que hasta ahora no lo ha indemnizado, pues alega que iba en estado de ebriedad cuando ocurrió el accidente. Antes de enfrentarse a los obstáculos legales, se dirige a una entrada de rampa empinada que sube él mismo con el impulso de sus manos, ante la mirada de los policías que no saben qué hacer.
Al llegar, nadie le pregunta en qué le puede ayudar. Su esposa, que apenas puede dar un paso por sus nueve meses de embarazo, debe bajar escaleras para ir a una oficina y preguntar si alguien puede ir a ver a Óscar, pues no hay elevadores ni rampas para bajar. Una empleada que finge tener mucho trabajo le dice que debe ir él en persona o un representante legal para hacer cualquier trámite. Luego se para a conversar con otras trabajadoras y dice: “Venga el lunes temprano porque el licenciado Porfi no está”.
Conciencia y trámites
Además de la discriminación en dependencias de gobierno, como Óscar, miles de personas con discapacidad deben librar obstáculos en sitios públicos, donde los espacios para ellos son ocupados por conductores cuyo único problema es encontrar un espacio libre.
Las trabas legales aparecen también como trámites que las personas con discapacidad deben enfrentar. El artículo 24 del Reglamento de Licencias y Control Vehicular en el Distrito Federal dice que se puede expedir una licencia de conducir tipo A a las personas que cuenten con una prótesis, que garantice la conducción segura del vehículo o cuando éste está previsto de mecanismos y medios auxiliares que le permitan conducir de manera segura.
Esa placa lleva el emblema universal de discapacidad, pero para obtenerla la persona con discapacidad o bien el dueño del auto en el que se transporta debe obtener en el DIF-DF una “constancia de discapacidad” emitida exclusivamente por centros de Salud del gobierno capitalino o de hospitales públicos”. La placa emitida por la Secretaría de Transportes y Vialidad (Setravi) no exenta a los autos del programa Hoy no Circula y su entrega puede tardar hasta 45 días.
Óscar usa su vehículo para transportarse a distintas oficinas gubernamentales para seguir con su demanda. En unos cuantos días también servirá para llevar a su esposa al hospital donde nacerá su hija. Mientras, seguirá librando los obstáculos de una ciudad y una sociedad que parece ignorar su existencia y la de miles de personas con discapacidad.
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