
La leña ardía sobre rústicos braceros de madera y barro. Las ollas con tamales pulacles y guisados despedían el olor a comida y detrás, en una carpa, las “Mujeres de Humo” daban forma a la masa para preparar los molotes y las empanadas de hongo de chaca.
Era domingo, “Domingo de Antojos”, en uno de los extremos del Campo Marte donde comidas tradicionales y artesanías de 24 estados de la república fueron exhibidas y puestas a la venta en la tercera edición de este festival, organizado por los Amigos del Museo de Arte Popular (MAP) y que fue visitado por la primera dama, Margarita Zavala.
Ahí estaba Martha Soledad Gómez con siete personas más, todos maestros de la gastronomía típica de Papantla, Veracruz, y que trabajan en un modelo pedagógico de rescate de la cocina tradicional totonaca.
Con sus naguas hasta el piso y su delantal sobre sus amplias caderas, Martha tomaba puños de masa para convertirlos en tortillas para envolver la carne molida que llevan los molotes.
Como coordinadora de este grupo y de “Con las manos y el alma”, formado por 106 mujeres dedicadas a la preparación de banquetes con comida típica de Veracruz, Martha comenzó a trabajar en un recetario y un calendario gastronómico.
Junto a ella Josefina Hernández, Isabel y Adela Cimbrón, María y Eloy Núñez, Marisa Delgado y José Francisco Espinosa, forman el grupo de maestros de “Mujeres de humo”, con el cual llevan a distintos puntos los guisados del monte y del campo de Totonacapan y participan en el Centro de las Artes Indígenas y en el Parque Temático Takni Sukut.
Honran a los elementos
Este domingo comenzaron muy temprano, cuando el frío se sentía más al descubierto en el área verde del Campo Marte, entre una carpa blanca, donde el calor de las brazas no llegaba y la preparación de los antojitos era lo único que mantenía el cuerpo sin entumir.
Primero pidieron permiso a la madre tierra para tomar de sus productos y comenzar la preparación de los antojitos y después honraron al fuego, al aire y al agua porque la comida tradicional “es muy espiritual y tenemos que respetar de dónde vienen los alimentos”.
De un lado se hacían las empanadas y del otro los molotes. Afuera se cocían los tamales de frijol con calabaza, chayote, cilantro, pollo, tomate, chilchote, chiltepil, pipián y ajonjolí, para integrar la degustación de los platillos.
Marisa Delgado hizo empanadas de pollo delante de la carpa, donde el humo de la leña se esparcía, detrás de la mesa de degustación en la que Eloy y José Francisco atendían las demandas de la gente, que quería probar los tamales y el café de maíz.
Otras carpas blancas albergaban artesanos de Michoacán; otomíes de Hidalgo, que exhibían sus prendas bordadas; pobladores de Oaxaca con vistosas prendas negras y grandes flores de colores, restaurantes con una muestra de su sazón y hasta un apache de la tribu kickapoo de Coahuila.
Con su penacho largo y su traje color camello, un hombre mayor de piel quemada por el sol permanecía sentado a la orilla de la mesa, fumando y depositando sus cenizas sobre las hojas de dos tamales que ya se había comido. A un costado dos mujeres vendían collares y zapatos de piel de venado.
En el extremo de la exhibición, sentado detrás de una mesa, Víctor Hernández Leyva esperaba clientes.
Él es, desde hace muchos años, un experto en el manejo y grabado de la hojalata. Con ella forma lámparas, alhajeros, ángeles y muchas figuras que llevan un calado especial, hecho con cincel.
En sus manos lleva la muestra de lo difícil que resulta trabajar con este material, aunque la práctica le ha dado una habilidad especial en su trabajo que le ha permitido mantener a su familia en todos estos años.
Claudia Martínez y Ricardo Hernández han hecho del reciclado un arte.
Con botes de aluminio, cajas, latas de atún, paquetes de chicles, chocolates, colillas de cigarro, lápices, plumas y espejos elaboran nichos con escenas religiosas y tradicionales y hasta cámaras fotográficas de juguete.
Dedicar los últimos 10 años a esta práctica los ha llevado a vender sus productos en museos de Chicago, Santa Fe, Washington y en el propio Museo de Arte Popular de México.
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