
“Estoy conectada desde el momento en que despierto hasta que me duermo. De hecho, duermo con mi celular a un lado. Es parte de mí, y lo uso en todo momento”, es el testimonio de Jessica Moreno, de 26 años, pero bien podría ser el de cualquier persona dependiente de su celular.
Y es que la necesidad de los teléfonos móviles (especialmente a los smartphones), ha llevado a que 82.5% de las mujeres y el 69.8% de los hombres sufran algún tipo de síntoma de este hábito, de acuerdo a un estudio de la empresa Digital Lab.
Y aunque esta dependencia no es una adicción, estrictamente por definición, ya que si no hay un consumo de alguna sustancia no es tal, los síntomas que presentan las personas son casi los mismos: ansiedad, depresión y sensación de dependencia entre otros.
“Si no hay un estímulo neurológico provocado por una sustancia que afecte el sistema nervioso central y que desencadene una necesidad, no es una adicción. De lo que sí podríamos hablar es de un hábito compulsivo por usar el celular”, aseguró el doctor Jesús González, especialista en salud pública.
Sin embargo, para Jesús González, lo más preocupante es la degradación del contacto entre las personas. “Hoy en día vemos cómo muchas familias salen a comer y en una mesa de cuatro cada quien está atendiendo su equipo, afectando la convivencia familiar, al no tener una conversación. Hay una distorsión de las relaciones”, aseguró.
Jessica, quien tiene tres celulares con distintas compañías, pasa todo el día en Twitter y Messenger de Blackberry, reafirma lo anterior al segurar que su familia y amigos se molestan de que siempre esté on-line. “Me dicen que me lo van a esconder, que no es posible que ni para comer lo deje; es más entro al baño con él. Pero sí, en realidad les molesta mucho que lo haga”.
Ojalá Jessica pueda consultar
Ojalá Jessica pueda consultar y aprender algo del desarrollo espiritual, de lo contrario en pocos años se sentirá llena de vacío. A todos tengan cuidado, no desperdicien su vida.
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