
Expertos en seguridad vial y en prevención de accidentes de tránsito consideran que los microbuses que operan en la ciudad de México y en el país representan un peligro constante para los pasajeros, dado que sus carrocerías son “hechizas”, es decir, muy débiles y no están diseñadas para absorber la energía de un choque.
“Los microbuses están diseñados en su carrocería con algunas láminas y pequeñas soleras, mismas que se van uniendo y no es una estructura tan sólida como un chasis o puntas de larguero, elementos fuertes y creados para disipar la energía en un choque; elementos que sí están en los automóviles”, comenta Miguel Guzmán, subdirector del Centro de Seguridad Vial del Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI) México.
El especialista afirma que las carrocerías de todas las marcas de microbuses son muy similares. Explica que pese a que cuentan con un chasis o puntas de larguero, la parte alta de su carrocería sólo son láminas, soleras y vidrios.
Arturo Cervantes, director técnico del Consejo Nacional de Prevención de Accidentes (Conapra) afirma que el microbús del accidente en Tlalpan quedó deshecho porque era una unidad pesada que iba a alta velocidad y no tenía las condiciones mecánicas mínimas que deben tener los vehículos para el transporte de pasajeros.
“Deja lo frenos o los amortiguadores, es toda la estructura, son carros hechizos, soldados que van haciendo sobre remolques, existe un descontrol de la calidad del transporte público, de la ausencia de la revisión técnica sistemática y rigurosa en el país”, comenta.
Resalta que el transporte público de nuestro país no cuenta con cinturones de seguridad para pasajeros y menos bolsas de aire.
Miguel Guzmán advierte que a la baja calidad de los vehículos, se suma la antigüedad de la unidad que podría presentar el factor corrosión en sus estructuras, que se van aflojando y perdiendo resistencia. “Que (el chofer del accidente en Tlalpan) iba en exceso de velocidad, te lo aseguro, pues además se quedó sin frenos”, expresa, al explicar que regularmente todos los conductores manejan entre 20 y 30 kilómetros por arriba del límite establecido.
Menciona que habría que hacer una memoria de cálculo para ver cómo estaba diseñado ese microbús.
Añade: en una vialidad urbana, cualquier velocidad mayor a los 30 kilómetros por hora pone en riesgo al peatón, al pasajero y a los automovilistas.
Los expertos proponen capacitar a los conductores de microbús, hacerlos conscientes y brindarles técnicas para evitar los accidentes de tránsito.
“Pero que sean cursos que realmente se impartan y cumplan con los elementos de educación vial y de seguridad”, manifiesta Miguel Guzmán.
Plantea una real inspección de los vehículos que circulan en México, mínimo cada año, efectuada por las autoridades; además conductores y ciudadanos deben poner de su parte, conocer el Reglamento de Tránsito Metropolitano, ser más precavidos y, los choferes, dar mantenimiento a sus unidades.
“Debe haber un rigor muy extremo y un seguimiento de la siniestralidad de estas personas para que sólo manejen las que realmente sean capaces”, dice.
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