
Se plantearon la meta de construir 10 mil rampas en tres años para que las personas con discapacidad motora pudieran usar las banquetas de calles secundarias sin dificultad, pero las complicaciones de una ciudad —que no fue diseñada accesible— les impedirá completarla.
Las organizaciones, autoridades e iniciativa privada que participan en este proyecto, que se suscribió un acuerdo en 2009, tuvieron que cambiar el esquema de pendientes prefabricadas a esquinas accesibles y pasar de 10 mil a tres mil 500 adecuaciones.
Las complicaciones son diversas, explica Gema Santana, directora ejecutiva de la asociación civil Nuestra Realidades, y van desde postes, casetas telefónicas y registros de teléfono y luz hasta puestos informales en las esquinas donde se ha intentado trabajar.
A partir de la identificación de estas dificultades y de haber probado que las rampas prefabricadas no funcionan en una ciudad cuyas banquetas tienen distintas dimensiones, se decidió modificar el esquema de trabajo y hacer esquinas accesibles, cada una con tres pendientes, explica.
Pero del nuevo esquema trazado y reducido, se ha completado hasta este año 10%, es decir, de las tres mil 500 esquinas accesibles que fueron reprogramadas y que tendrán que estar listas en 2012.
Por ser una iniciativa novedosa en la ciudad, a esta asociación civil, al Consejo Promotor para las Personas con Discapacidad, al sistema para el Desarrollo Integral de la Familia en el Distrito Federal (DIF-DF), a la organización Libre Acceso y a la iniciativa privada les llevó casi año y medio probar que adaptar la capital para el tránsito de personas con discapacidad es un reto mayúsculo.
“La ciudad está muy difícil de reconstruir porque muchas esquinas tienen pozos de Pemex y ahorita no pueden moverlos, Telmex está moviendo casetas telefónicas pero también hay empresas de teléfonos de moneda que los quitan, pero cuando volvemos accesible la esquina los vuelven a poner y hay muchos actores que nos impiden avanzar”, menciona Santana.
A esas complicaciones se suman, dice, las banquetas “reventadas” a la mitad, en las que de plano deciden no trabajar o el comercio informal que se niega a ser removido e incluso los propios vecinos, que “han llegado a golpearnos porque no entienden que lo que se está haciendo es para su beneficio”.
Las 336 esquinas accesibles se componen de tres rampas con un grado de inclinación cero, lo que permite que no sólo sirvan a personas con discapacidad motora sino a mujeres con carreolas o personas de la tercera edad.
Su colocación es financiada por empresas privadas, que como compensación obtienen la exhibición de su logotipo o nombre en la base de las rampas y además de las que ya se hicieron, se encuentran en curso 12 más en Miguel Hidalgo y 24 adicionales en Coyoacán, algunas de las cuales fueron inauguradas en el Jardín Hidalgo el 4 de noviembre pasado, aunque la idea es tener en todas las delegaciones.
José Luis Ramos Alcántara, del DIF-DF, explica que cada quien tiene una función distinta en el proyecto, ya que mientras Nuestras Realidades se encarga de buscar a los benefactores de las esquinas accesibles, el organismo del que forma parte tiene la tarea de gestionar los permisos en las delegaciones y con otras autoridades.
Menciona que en la ciudad de México hay 486 mil personas con discapacidad, de las cuales 38% enfrenta problemas motores, por lo que se mueven con ayuda de sillas de ruedas, bastones o muletas. La mayoría se concentra en las delegaciones más pobladas de la ciudad como Iztapalapa y Gustavo A. Madero.
Explica que de acuerdo a informes recibidos por el Consejo Promotor, de febrero de 2007 al mismo mes de 2010 se instalaron en la ciudad más de tres mil 500 rampas, dos mil 62 por las delegaciones y el resto por dependencias del gobierno central y asociaciones civiles.
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