
Marcelo Bergman
Los celulares son una gran fuente de delitos. A los múltiples atributos y ventajas que ha traído la telefonía móvil también hay que agregarle un efecto no deseado: se va transformando en un vehículo para delinquir y en un objeto de robo muy rentable.
Durante el año anterior en 120 de cada mil hogares a algún miembro de la familia le robaron un celular. Si este dato es ya significativo luce más dramático al compararlo con años anteriores. De acuerdo con la encuesta de victimización del CIDE en el año 2005 sólo 25 de cada mil hogares tuvieron el mismo incidente. Es decir, tan solo en cuatro años el robo de celulares en el DF creció más de 400 por ciento.
Quienes roban celulares lo hacen para lograr tres objetivos muy distintos: 1) Hay quienes los roban para uso propio o de algún familiar, 2) están aquellos que los roban para cometer con ellos otros delitos, y 3) por último quienes roban celulares para que luego sean vendidos en la calle o en tiendas de artículos robados. La mayoría de los robos son para esta última categoría (la del creciente mercado de celulares robados) pero los del segundo grupo son los más peligrosos ya que con estos aparatos se realizan secuestros virtuales o extorsiones.
Este tipo de delito además puede generar violencia. Un "blanco" fácil de ataque son los jóvenes y las mujeres que por lo general son intimidados físicamente. En el proceso de arrebato hay amenazas de uso de la fuerza o golpes. Esto además produce un trauma en las víctimas que luego dejan de acudir o temen salir a los lugares que acostumbraban.
El robo de celulares es un gran negocio. Si un celular nuevo cuesta mil 500 pesos, robado cuesta la mitad, o sea unos 750 pesos. Quien lo roba se lo vende a un mayorista y este a su vez lo distribuye hasta que llega nuevamente al mercado. Por el robo un ladrón cobra aproximadamente el 20 por ciento del precio de venta final, o sea unos 150 pesos. Con cuatro robos diarios un ladrón obtiene un ingreso de unos 600 pesos.
Pero para que exista este negocio del robo hay un elemento crucial que es el sistema de servicio prepago (tarjetas amigo) y las tarjetas SIM (el chip) con números telefónicos nuevos. Es decir, quien roba un celular puede cambiarle el número (se compra un chip por menos de 20 pesos), y lo opera con las tarjetas amigo. Este esquema de tarjetas prepagadas ha sido muy exitoso especialmente entre los sectores de bajos ingresos. Con él el dueño de Telmex ha ganado fortunas en todo el continente. Sin embargo, es aprovechado al máximo por los delincuentes.
La semana anterior REFORMA daba cuenta y describía parte de este problema. Quienes extorsionan telefónicamente lo hacen con celulares robados o adulterados y con tarjetas prepagadas. El Consejo Ciudadano de Justicia del DF impulsó una iniciativa para acabar con el problema, y el procurador Mancera también insistió en que la compañía telefónica (o sea Telcel) desactive este mecanismo. Este es un problema grave pero que tiene solución.
Para acabar con este negocio se necesita que un teléfono robado no pueda ser activado con tarjetas prepagadas o con un nuevo número. Es decir, la compañía de telefonía móvil debe adjudicar un sólo y único numero a cada teléfono. Si a alguien le roban el celular, esta persona lo reporta a la empresa y ésta lo desactiva. Si luego alguna persona desea cargarle una tarjeta no lo podrá hacer. Y si alguien desea cambiarle el número con otro chip tampoco podría hacerlo porque cada aparato debe tener su único número inviolable. Es decir, ya se dispone de la tecnología para que nadie pueda cambiar de números a los celulares, y que nadie pueda cargarle tarjetas prepagadas a un teléfono robado.
Parece sencillo pero hay un gran problema. Para que esto se pueda hacer Telcel perdería una buena parte del negocio de las tarjetas prepagadas. Debería mutar hacia un sistema de planes contratados para personas de bajos recursos que gastarían menos en tiempo aire. O sea, Carlos Slim ganaría menos dinero.
La iniciativa del Procurador y la del Consejo Ciudadano son más que bienvenidas. Hay soluciones intermedias que pueden instrumentarse. Pero todas requieren la cooperación de Telcel. Convencer a Slim que gane menos dinero no será tarea fácil. Los ciudadanos y las autoridades debemos apoyar una solución que sea para el bienestar general. Acabar con este negocio del robo requiere la cooperación de todos.
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