
Durante años, La Ciudadela fue un edificio castigado. Con cada intervención se volvió más caótico. "Se le iban poniendo láminas, techitos y tapancos según las necesidades", dice el arquitecto Bernardo Gómez-Pimienta. Los patios se cubrieron de archiveros, las crujías de oficinas, y la circulación se desquició.
"El plan maestro consiste en reordenar y aprovechar los espacios de la mejor manera posible", explica Alejandro Sánchez, autor con Gómez-Pimienta del proyecto que permitirá transformar el edificio cuadrangular, de 167 por 167 metros de extensión, en la Ciudad de los Libros.
Una vez concluidas las obras, con una inversión de 460 millones de pesos, las oficinas se concentrarán en un área del edificio, los sanitarios quedarán distribuidos por todo el espacio - antes sólo había en la parte norte--, y los grandes patios serán destinados a la lectura.
"Había mucho por rehacer", dice Gómez-Pimienta. El plan maestro respeta la construcción neoclásica del siglo 19 y la intervención hecha por Abraham Zabludovsky en 1988, integrándolas a su propuesta. "Primero había que entender el edificio, su concepto, y después ponerlo al día en el aspecto hidráulico, sanitario, eléctrico, wi-fi, con tecnología contemporánea".
Una vez retirado aquello que entorpecía el paso, ya es posible admirar en La Ciudadela la profundidad de los pasillos y la fuerza de un edificio que ha sobrevivido dos siglos, desde su inauguración en 1807 como Real Fábrica de Tabacos, con una estructura sólida, pocas grietas, y un leve hundimiento. Sólo se ha registrado la pérdida de algunos fragmentos del techo de tablaroca.
Su construcción, a cargo del arquitecto José Antonio González Velázquez y el ingeniero Manuel Constansó, inició en 1793. Ubicado en lo que eran entonces los márgenes de la ciudad, está documentado que el proyecto enfrentó sucesivas demoras debido a las grandes cantidades de tierra que se requerían. Los materiales utilizados son mamposterías de piedra, aglomeradas con mortero de arena, y cal.
"Era un terreno sumamente pantanoso. Construyeron un sistema de bóvedas, como si fuera un barco, bajo las crujías, donde estaba el peso del edificio", explica Gómez-Pimienta. Se trató de una solución vanguardista para la época, agrega Sánchez. "El edificio se ha hundido, pero de manera pareja", señala. "El rigor de su traza lo hace muy estable".
Los muros oscilan entre 1 y 1.5 metros de espesor, y hasta 2 metros en la cimentación, lo que explica que, a partir de 1816 fuera convertida en fortaleza militar, depósito de municiones y fábrica de armas. Durante la Decena Trágica, sirvió de bastión a los opositores al régimen de Madero, y el general Victoriano Huerta le creó fama de inexpugnable para justificar que sus cañones no lo tocaran.
"Aquí nos la vivimos", dice Gómez-Pimienta. "Siempre hay sorpresas". El arquitecto señala los grandes paraguas instalados por Zabludovsky para techar los patios. Es notoria la diferencia entre un patio ya libre de muebles, iluminado, y otro oscuro, con ficheros. La noche y el día.
"Dejar libres los patios ayudará al clima del edificio porque estarán iluminados, ventilados", afirma Sánchez. Esta solución permitirá también combatir la humedad en los muros, que ya ha sido atacada mediante el desazolve de los drenajes.
En estos días, el piso está siendo retirado para sustituirlo por una "topografía" de piedra volcánica que armonizará y unificará el edificio, convertido por las distintas intervenciones en un "muestrario de losas". Los escalones serán sustituidos por rampas y se recuperará la circulación perimetral al dar acceso a los patios.
A finales de enero, Gómez-Pimienta entregará la Biblioteca Antonio Castro Leal, la segunda del conjunto de cinco que se integrarán a La Ciudadela, que desde 1946 es la sede de la Biblioteca de México José Vasconcelos.
El acervo de 50 mil libros y documentos será distribuido en dos crujías. Las cinco bibliotecas son creadas por distintos arquitectos, que "reinterpretan" el espacio original. Cifras del Conaculta indican que la inversión en estos acervos suma cerca de 87.4 millones de pesos, que se traducirán en 216 mil 900 volúmenes.
Gómez-Pimienta decidió crear para la biblioteca del escritor y humanista un espacio de cristal, acero y nogal. "Tomé ideas de cómo la tenía en su casa. Eran libreros de piso a techo de una madera muy oscura. Tenía muros forrados de libros, eso lo estamos recuperando, y vamos a acomodar igual las colecciones".
Al diseño del arquitecto se agregará una obra de Alejandra Zermeño, que define como "tres puntos de color", tres esculturas colocadas en distintos niveles que contrastarán con su propuesta austera y neutra.
Uso eficiente del espacio
El plan maestro tiene como objetivo un uso eficiente de las instalaciones. Uno de los puntos a cumplir es que la relación costo beneficio convierta La Ciudadela en un proyecto sostenible.
--Cada biblioteca es reversible, puede en un futuro ser retirada de las crujías. Los libros y la madera son tratados contra incendios y el ataque de xilófagos.
--Con el paso de los años, las oficinas acabaron distribuidas por todo el edificio. Ahora quedarán concentradas para aumentar su eficiencia.
--Los paraguas instalados en los techos permitieron incrementar el área de trabajo. Dejar libres los patios ayudará al clima del edificio.
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