Son insolentes; quieren contagiarlo


Ellas son insolentes, atrevidas y desafiantes. Sin importar si visten con tacones, faldas o mallones, han decidido sacudirse los estigmas, enfrentar los pretextos y tomar las calles de la ciudad de México a bordo de sus bicicletas.

“Insolente es un proyecto de chicas para subir a más chicas a la bicicleta y la puedan usar como transporte; decidimos dar soluciones a ese tipo de pretextos que la gente tiene para no subirse a la bicicleta: que es inseguro, que no respetan, que voy a llegar sudando, que uso ropa de oficina”, explica Laura Endoqui, una de las principales promotoras de Insolente, el proyecto femenino para impulsar los viajes en bicicleta por toda la ciudad.

Es economista y ciclista. Vive en Azcapotzalco y su convicción por las bicicletas la ha llevado en ocasiones a viajar hasta Ciudad Universitaria.

“Cuando la tuve (la bicicleta), te das cuenta de todo el tiempo que pierdes en el transporte, en el Metro, las fricciones con la gente, el tráfico. Te cambia la visión de la ciudad”, relata Laura.

“Insolente significa que es una acción en desuso y ser chica en bicicleta y andar así (con falda y tacones) para irte a la oficina y trabajo, no es muy común; además queremos provocar, tener una reacción en la gente”, dice.

En @yoinsolente, como se llaman en Twitter, un proyecto que busca contagiar la pasión por la bicicleta entre las mujeres, hay más de 70 jovencitas que desean participar en la promoción del uso de ese transporte. Y cada día se suman más.

Muchas desean que las chicas insolentes las acompañen de su casa al trabajo. Esa es una de las actividades que más promueven y de las que se encarga, sobre todo, Laura Endoqui.

—¿Cómo te llevas con tu bici?

—Muy bien, es cómoda, es rápida. Te subes a otra y está padre probar, pero siempre quieres regresar a la tuy, responde @Laubew.

Naomi Araiza es de descendencia japonesa. Alta, de cabello lacio y largo, no comprende cuando le preguntan por qué usa bicicleta con traje sastre y tacones. “¿Cómo se supone que debo vestir si voy a mi trabajo?”, responde.

“Vaya o no en tacones, genero casi siempre las mismas impresiones. A los hombres, les gustas. Con las mujeres es otro tipo de reacción: ‘órale, ¿a poco se puede?’”

Para Naomi, sociolingüista, la bici otorga un poder distinto a las mujeres y cambia a la ciudad.

Para Mónica Perea, lo insolente lo trae desde pequeña. Lo de usar vestido y pedalear no es nuevo. Forma parte de su coquetería, de su forma de ser: “Desde chiquita, insolente”. “Me acuerdo que cuando tenía ocho años y era mi primera comunión, mi vestido era cortito porque yo quería andar en bici. Todo mundo recuerda que en la fiesta, después de salir, agarré mi bici y me fui”, platica @Moniquiquii.

Fuente: 
El Universal
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