Muere Carlos Fuentes, autor de “La región más transparente”

Publicado el 17 mayo, 2012

Sin duda la novela más celebrada sobre la Ciudad de México y la vida de sus habitantes es “La región más transparente”, publicada en 1958 cuando el escritor tenía 29 años. Presentamos un video en el que Fuentes habla de “La región…” su primera novela,  hoy un clásico de la literatura mexicana. 

Les dejamos también dos reseñas, la primera editada por la UNAM y la segunda publicada por el periódico El Universal

Morir en La región más transparente

Si la muerte fuera un asunto de elección, podríamos decir entonces que el escritor mexicano Carlos Fuentes, que viajaba por todo el mundo y vivía largas temporadas en París, eligió morir en La región más transparente. El Premio Cervantes de Literatura falleció hoy de un paro respiratorio en el Hospital Ángeles del Pedregal. La Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM lamenta la muerte de  uno de los narradores más entrañables de nuestro país, cercano siempre a esta casa de estudios

Conciencia crítica de los mexicanos, Fuentes es una de las grandes figuras egresadas de esta casa de estudios, donde cursó la carrera de Derecho. Alentó desde sus tiempos de juventud proyectos determinantes de la vida universitaria como escritor de la Revista de la Universidad de México o como integrante del grupo de creadores que participaron en Poesía en Voz Alta, movimiento renovador del teatro contemporáneo que fundó en Casa del Lago, otro gran escritor, Juan José Arreola.

Autor de novelas fundamentales de la literatura latinoamericana (Aura, La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz) Carlos Fuentes formó parte de diversos grupos y generaciones de intelectuales que, vinculados a la Universidad, fundaron algunos de los más importantes movimientos culturales que tuvieron lugar en México durante la segunda mitad del siglo XX.

En 1996 la UNAM le otorgó el Doctorado Honoris Causa y en ocasión del homenaje nacional por sus 80 años, en noviembre de 2008, esta casa de estudios participó con la organización del coloquio “La región más transparente, 50 años después”, organizado por el Instituto de Investigaciones Filológicas.

En aquella ocasión miles de universitarios celebraron en la Sala Nezahualcóyotl los 80 años del escritor, que estuvo acompañado por sus amigos, los grandes narradores Gabriel García Márquez, Nélida Piñón, Tomás Eloy Martínez, Juan Goytisolo, Nadine Gordimer y Ben Okri.

En 2007 Carlos Fuentes decidió donar a la Biblioteca Nacional, máximo repositorio de la memoria de México bajo resguardo de la UNAM, su acervo personal, el Fondo Carlos Fuentes, que contienen las primeras ediciones de sus libros, sus traducciones a más de 20 idiomas, así como su colección de revistas. 

En aquella ocasión, el poeta y ensayista Vicente Quirarte dijo que llamarlo “nuestro escritor” lo es por su maestría para hacer de la novela un arma de resistencia, perturbación y consolidación del alma. Su obra, agregó, es una aventura nacida en nuestra lengua que ha sido vertida a la de un planeta, que Carlos Fuentes ha explorado en acción y pensamiento, con infatigable condición viajera. 

Fuentes lo mismo escribía novela, ensayo, cuento y guión de cine que críticas de arte, artículos periodísticos, escritos memoriosos y obras de teatro. Fue uno de los escritores más reconocidos de finales del siglo XX, autor de una veintena de novelas y ensayos, entre los que destacan la entrañable Aura, que recién cumplió 50 años; La muerte de Artemio Cruz, que este año tendría una edición conmemorativa según planeaba la editorial Alfaguara; La región más transparente, y Terra Nostra. 

Reconocido con los premios más prestigiados, como el Rómulo Gallegos (1977), el Cervantes (1987), el premio Príncipe de Asturias (1994) y la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica (2009), Carlos Fuentes se fue sin haber obtenido el Premio Nobel de Literatura. 

De padres mexicanos, Carlos Fuentes nació en Panamá, el 11 de noviembre de 1928. Debido a que su padre era diplomático, vivió su infancia en diversas capitales de América: Montevideo, Río de Janeiro, Washington D.C, Santiago de Chile, Quito y Buenos Aires.

Llegó a México a los 16 años y cursó la preparatoria en el Centro Universitario México. Se graduó en leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México y en economía en el Instituto Altos Estudios Internacionales de Ginebra. En 1972 fue elegido miembro de El Colegio Nacional y fue presentado por el poeta Octavio Paz.

En 1975 aceptó el nombramiento de embajador de México en Francia como homenaje a la memoria de su padre. Durante su gestión, abrió las puertas de la embajada a los refugiados políticos latinoamericanos y a la resistencia española.

En 1977 renunció a su puesto de embajador en protesta contra el nombramiento del ex presidente Díaz Ordaz como primer embajador de México en España después de la muerte de Franco.

La UNAM guarda la memoria de su palabra en la legendaria colección Voz Viva de México, donde los lectores y escuchas del futuro podrán conocer la voz de Carlos Fuentes leyendo pasajes de su obra.

Cultura UNAM 

 

El Aura de México

Carlos Fuentes murió ayer consolidado como una referencia de las letras hispánicas. Deja en su vasta obra literaria un legado monumental.

‘‘Miedos literarios no tengo ninguno. Siempre he sabido muy bien lo que quiero hacer y me levanto y lo hago”  - Carlos Fuentes.

La vida de Carlos Fuentes fue agitada y productiva. No sólo era considerado uno de los escritores más importantes de habla hispana y eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, sino que fue autor de una escritura ambiciosa que abarcó el cuento, la novela, el ensayo y las colaboraciones periodísticas.

El escritor mexicano nacido en Panamá -por la movilidad de su padre, el diplomático  Rafael Fuentes Boettiger – el 11 de noviembre de 1928, murió ayer en su patria,  México, a la que dedicó no sólo tres de sus novelas -la última La voluntad y la fortuna- sino también su discurso de recepción del Premio Cervantes. Allí dijo: “Comparto el Premio Cervantes, en primer lugar, con mi patria, México, patria de mi sangre pero también de mi imaginación, a menudo conflictiva, a menudo contradictoria, pero siempre apasionada. México es mi herencia, pero no mi indiferencia”.

El narrador, guionista y diplomático murió a los 83 años por una hemorragia grave del tubo digestivo que le provocó la pérdida del estado de conciencia unas horas después de haber empezado e insuficiencia respiratoria, por lo que fue trasladado a un hospital de la ciudad para ser atendido. Allí murió a las 12:15 horas, una hora después de haber llegado.

Arturo Ballesteros, su médico desde hace 10 años, informó que “tuvo la hemorragia por demás asintomática, fue súbita y le causó un malestar que lo despertó a las 5 de la  mañana, pero todavía tomó líquidos, se bañó y después se desmayó, fue entonces que Silvia (Lemus) -su esposa- me llamó. Lo mas probable es que haya sido una hemorragia por úlcera”.

Carlos Fuentes murió consolidado como una figura indispensable de las letras del orbe,  gran escritor e intelectual, voz crítica indispensable para comprender los tiempos pasados, presentes y futuros. Hace apenas dos días dijo al diario español El País que no tenía ningún miedo literario y subrayó que escribía, desde el lunes pasado, un nuevo libro en México.

“Miedos literarios no tengo ninguno. Siempre he sabido muy bien lo que quiero hacer y me levanto y lo hago. Me levanto por la mañana y a las siete y ocho estoy escribiendo. Ya tengo mis notas y ya empiezo. Así que entre mis libros, mi mujer, mis amigos y mis amores, ya tengo bastantes razones para seguir viviendo”, dijo.

A Carlos Fuentes se le fue la vida dedicado a la literatura. Demostró que se podía ser  escritor de tiempo completo en un México en el que los que escribían hacían miles de suertes más. Hablaba más de la vida que de la muerte; su narrativa habla por él, en “Gringo viejo” dijo: “Nadie me verá decrépito. Siempre seré joven porque hoy me atrevo a volver a ser joven. Siempre seré recordado como fui”. 

… Y el novelista nació

Carlos Fuentes, el hombre gallardo y galante llamado por muchos dandy guerrillero y por otros un hombre que vivía entre el cosmopolitismo gringo y la mexicanidad, siempre se enorgulleció de estar rodeado de muchos protagonistas de la “República de las Letras”; entre sus amigos estaban Carlos Monsiváis, Octavio Paz y José Emilio Pacheco, pero también Sergio Ramírez, Gabriel García Márquez y Pablo Neruda. Sin embargo, no se quedó allí, el autor fue mentor de generaciones más jóvenes: Jorge Volpi, Juan Villoro, Cristina Rivera Garza y Juan Gabriel Vásquez. Su orgullo también estaba en el fondo, en cómo confirmó que debía ser escritor, la anécdota la contaba a

diestra y siniestra, así lo hizo en la UNAM durante un coloquio realizado en 2008 para analizar su obra y celebrar su vida: 

“Una noche de verano conocí a Thomas Mann en un café. Era un hombre alto, elegante y sabía manejar a la perfección los cubiertos con los que comía. En ese instante se me reveló un deseo, y dije: ‘Si no puedo ser él, ni escribir como él, al menos quiero hacer lo que él’, y al regresar a México con esa idea sentí claramente que esta ciudad me dijo al oído: ‘Carlos, aquí te tocó, qué le vas a hacer, en la región más transparente’. Y el novelista nació”, afirmó ante admiradores y estudiosos de su obra.

Allí mismo rememoró cómo aprendió literatura “en las rodillas de Alfonso Reyes” y  cómo lo hizo también a través de las enseñanzas de sus de sus maestros y amigos. Ese día, recordó que en Santiago de Chile, en la gaceta del Instituto Chileno, escribió su primera novela: Estampas mexicanas “muy patriotera, pero eso sí, llena de las mejores intenciones”.

El autor de obras emblemáticas como La muerte de Artemio Cruz, Cristóbal Nonato, Aura y Las buenas conciencias entró con paso firme al concierto de las letras, en 1958, con una novela emblemática “La región más transparente”, que se insertó en las obras del llamado “boom latinoamericano”, a partir de allí la vida le sonrió, tuvo voluntad y tuvo fortuna.

A pesar de la tragedia que circundó a su familia, sus dos hijos con Silvia Lemus: Carlos y Natasha, murieron jóvenes en situaciones dolorosas  de ellos habló en su libro más autobiográfico “En esto creo”, Carlos Fuentes y su esposa salieron avante, allí señala que compartieron “la alegría de tener hijos. La pena de perderlos”.

Nuestro Virgilio

Fuentes es sin duda figura clave de las letras en español, prolífico hacedor de tramas e historias que se han traducido a más de 20 idiomas como francés, inglés, polaco, chino, italiano y portugués; muchas de esas traducciones las donó a la Biblioteca Vasconcelos.Su colección de revistas las entregó a la Biblioteca Nacional y su archivo personal lo vendió a la Universidad de Princeton.

De ese enamorado de las mujeres, amante fiel de Silvia Lemus, a quien denomino “la galaxia misma”, padre de Cecilia, la hija que le sobrevive y procreó con la actriz Rita Macedo, escritores, editores y amigos celebraron su vitalidad. Jorge Volpi lo llamó “nuestro Virgilio” y en un artículo en El País dijo que es un “crítico tan agudo como feroz, tan profundo como descarnado. Un guía generoso”. Cristina Rivera-Garza asegura: “Fuentes nos enseñó a pensar críticamente la posición de México en la historia y en el  contexto de este mundo contemporáneo”. 

Distintas instituciones culturales y educativas expresaron su pesar por la pérdida del novelista mexicano. 

Del ganador del Premio Rómulo Gallegos y del Príncipe de Asturias queda su literatura y los libros póstumos que publicará Alfaguara. Marcela González, su editora, dijo que la próxima semana saldrá Personas donde perfila retratos de líderes latinoamericanos, y para noviembre esperan la salida de la novela Federico en su balcón; contó también que Fuentes hacía investigaciones para su libro El baile del Centenario.

Quedan pendientes los festejos por el 50 aniversario de Aura y La muerte de Artemio  Cruz que se realizarán en junio, y la entrega del tomo cuatro de Obras Reunidas que publica el FCE.

Adiós a Fuentes. La despedida del gran escritor por parte de autoridades, de la comunidad intelectual del país y de cientos de lectores

El Universal – 16 de mayo 2012


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