Los niños y el trauma del sismo: un gobierno que los olvida

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Después del temblor del pasado 19 de septiembre de 2017, las clases se suspendieron de manera indefinida para evaluar los daños de todas las escuelas en las zonas afectadas en la República.

El sismo ya había pasado, pero el estrés postraumático en los menores acababa de comenzar. La escuela Miguel Negrete resultó muy dañada, y aunque al pueblo llegaron autoridades del Gobierno para evaluar los daños materiales de la escuela y comenzar las reparaciones, nadie ofreció ayuda psicológica a los menores para sobrellevar un trauma tan fuerte. Nadie, excepto Save The Children.

Save the Children es una organización civil internacional que lleva más de 90 años defendiendo los derechos de los niños, niñas, y adolescentes, en múltiples partes del mundo. En México, tienen presencia al menos en 18 estados, entre ellos Puebla, donde trabajan en las comunidades serranas del municipio de Calpan, entre las que se encuentra San Mateo Ozolco, donde los habitantes los llaman cariñosamente “los chilindrinos” ante la dificultad de pronunciar el nombre en inglés.

Israel Mozo, integrante de Save the Children, explica que el trabajo de la organización con los menores de esta comunidad, en la que ya llevan 10 años informando a los jóvenes y adolescentes de los riesgos de migrar sin documentos a Estados Unidos, se centró durante la contingencia del sismo “en amortiguar la interrupción de su vida cotidiana en la escuela”.

Para ello, ofrecieron una serie de talleres y de espacios amigables para aliviar el estrés de los pequeños. En estos talleres, detalla Mozo, utilizan la metodología llamada ‘Heart’, “que consiste en sanamiento y aprendizaje”.

Una de las herramientas para sanar es facilitar a los niños que expresen sus sentimientos, sus temores, a través de las artes. Puede ser dibujando, cantando, bailando, haciendo manualidades con plastilinas, o haciendo teatro.

Otra herramienta es, por un lado, la activación física para combatir la ansiedad, y por otro, enseñar a los niños a relajarse, no sólo para superar el trauma del temblor reciente, sino para enfrentar futuras situaciones de tensión en sus vidas.

Han pasado meses después del movimiento telúrico y los padres de familia coinciden que los talleres han dado buenos resultados. Las pesadillas y el estrés postraumático cesaron, y los niños vuelven poco a poco a la normalidad.

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